Cada 2 de agosto se conmemora “ El día de la sobrecapacidad de la Tierra ”, lo cual nos debería provocar una profunda reflexión porque se origina en el hecho de que prácticamente hemos terminado con todos los recursos necesarios para seguir existiendo.
Increíblemente hemos desarrollado tecnología para crear nanobots capaces de hacer sofisticadas cirugías, tenemos el telescopio más avanzado de todos los tiempos que traspasa las teorías del Bing Bang, pero hemos sido incapaces de garantizar alimentación para las generaciones actuales y futuras.
Nos enfrentamos a un contrasentido: una de cada tres personas no tiene acceso a comida, mientras que en el planeta se desperdicia el 30% de los alimentos. Abrir un espacio en la mesa para todos debería ser meta compartida para el Día Mundial de la Alimentación.
La Organización de las Naciones Unidas considera que “El mundo no está bien encaminado para alcanzar el objetivo de hambre cero para 2030 ”. Esto nos lleva a la necesidad de reforzar las acciones hacia la seguridad alimentaria para “que todas las personas podamos acceder en todo momento a alimentos suficientes, inocuos y culturalmente aceptables para una vida sana y activa ”.
Para las empresas, buscar una solución ante este escenario áspero es posible si consideramos estrategias integrales como las ESG (Enviromental, Social, Governance por sus siglas en inglés) y que bien podríamos traducirlas a nuestros tiempos como lo que nuestros abuelos entendían del lema “la unión hace la fuerza”.
El reto de garantizar la sustentabilidad, ya sea industrial, tecnológica, energética o alimentaria, no puede recaer en un solo sector. Es necesario integrar a otros, que de momento nos podrían parecer ajenos al tema, pero que en realidad terminan por complementarse con resultados que incluso responden a más de uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por la ONU.
Las empresas, desde ESG, no solo se abocan a políticas alimentarias y de siembra que fortalecen las acciones de alimentación; se inclinan a estrategias exclusivas para proteger al ambiente, y evitar el consumo excesivo de sus recursos, pero también involucran a la sociedad, no significa que le deje toda la responsabilidad, pero le atribuye la tarea de ser prudentes entre el consumo y el desperdicio. Al integrarse estos pilares de una manera sincrónica y armoniosa, entonces no es solo uno, sino tres frentes desde los que se encara el problema.
Implementar una estrategia a partir de ESG ayudaría a revertir el problema de inseguridad alimentaria que enfrenta cerca del 40.6% de la población en América Latina ; pero además se traduce en beneficios al generar fuentes de trabajo, con lo que se combate la pobreza; y se convierte en una oportunidad de desarrollo constante e incluyente que crea mejores días para todos los beneficiarios de estos programas. Así se pueden cubrir diferentes aristas importantes hoy en día en nuestra sociedad como lo son el hambre, la sostenibilidad, el bienestar y la equidad, igualdad e inclusión.