El andamiaje legal está construido sobre una base que permite mantener el espejismo de viabilidad de lo que es la petrolera más endeudada del mundo, y quizá, la más ineficientemente manejada. Aquel prevé un inusitado capelo legal que impide que esa entidad pública sea embargada, circunstancia complementada con el hecho de que se ha vuelto letra muerta la previsión de que el erario federal no garantizará su endeudamiento. Es ya cotidiano rescatarle con cargo a recursos presupuestarios. Claro, mediante transferencias a fondo perdido que sólo demoran la aceptación de lo que es ya irreversible.
El salvamento de la emproblemada empresa es ya tan gravoso, como aquel que se hiciera del sistema bancario en los años 90. Sí, ese que tanto agravia al residente de palacio, sin que éste haya caído en cuenta que ha incurrido en un financiamiento tan, o más costoso, que el suele criticar, con la diferencia de que aquel alcanzó su objetivo, al mantener operando a un saneado sistema bancario, en tanto que su lance seguramente concluirá con el gradual desmoronamiento del dinosaurio energético.
El legislador estableció la protección de embargo y demás medidas cautelares en favor de la empresa petrolera, como un mecanismo para evitar que el pago de deudas o el esclarecimiento de la existencia de pasivos pudieran poner en riesgo las operaciones que otrora financiaran el presupuesto federal, pero jamás tuvo en mira el establecer una impune vía de escape que permitiera evadir la honra compromisos.
Hoy, lamentablemente la disposición ha provocado que la cadena de producción y servicios de la industria esté quebrada, dado que se abusó a tal grado de ella que, en Pemex, se piensa que operar embozado a sato de malta es lo de hoy. No han advertido que, gradualmente, se han ido convirtiendo en una ínsula que perecerá por falta de suministros y servicios de calidad a precios razonables.
A paso y medida que cierran empresas surtidoras, y que, las que aún tratan con ese ente burocrático, imponen altos precios que pretenden compensar los absurdos tiempos del pago de facturas, la empresa va construyendo el camino de la inviabilidad.
La Ley de Deuda Pública no puede ser más clara, los adeudos con proveedores y contratistas de Petróleos Mexicanos son deuda pública, a pesar de que, en una poco conocida negociación, la segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con un proyecto propuesto por el Ministro Pérez Dayán, se haya impuesto la interpretación contra legem que generó el descontrol y desorden generalizado en el sistema de pago de la industria petrolera que hoy en día prevalece. Tal exceso, prohijado en aras de mantener bajo el tapete el problema, terminará por anular o hacer impagable la procura de insumos en la entidad pública.
A esa conclusión se llegará, tarde o temprano, en alguna corte del exterior, donde las ambiciones políticas no prevalezcan y la seriedad técnica esté por encima de las aspiraciones de quienes, por tener la última palabra, tienen a su alcance la posibilidad de cerrar los ojos ante evidentes realidades, o peor aún, negociarlas.
Por otro lado, es claro que el sistema tributario federal no sólo cesó su proceso de modernización y actualización, sino que, además, se ha profundizado la obsolescencia de los aparatos de recaudación estatales. La recaudación se sostiene por la inercia del dinamismo del comercio exterior, y por, enormes cobros, de una sola vez, que han caracterizado a este gobierno. Sin embargo, esta bolsa ya se agotó o está por hacerlo.
Gracias en una intensa labor de persecución criminal, grandes corporativos han preferido evitar o terminar contiendas con el SAT pagando enormes sumas, las deban o no. Es claro que la libertad y capacidad de preservar el negocio en marcha, así como el mantener a sus administradores y directivos alejados de procesos persecutorios, provocó un flujo excepcional, pero, como es bien sabido, esa fuente de recaudación es todo, menos ordinaria, se trata de flujos extraordinarios sobre los que no debe, ni puede presupuestarse.
En síntesis, debemos decir que las fuentes de ingreso público no tienen un perfil exitoso, ni mucho menos halagüeño. Se caracteriza por su excepcionalidad y discontinuidad, con clara tendencia al declive.