Pues bien, la abundancia y la carencia son dos estados que irrefutablemente, todas y todos sin excepción, hemos experimentado. Ojo, esto no sólo se trata de dinero; la carencia y la abundancia son multidireccionales y se manifiestan en la salud, el amor, las experiencias, las relaciones humanas, la relación con nosotros mismos, y un amplio etcétera.
Entendamos la carencia como una etapa sombría, sin acceso a recursos ni beneficios. La abundancia, en contraparte, un estado de plenitud y gratitud, en el que se recibe y se dispone de más de lo suficiente. ¿En dónde nos encontramos? ¿En dónde queremos estar?
Me anticipo a tu respuesta. Por lo tanto, desarrollar sentimientos de abundancia en medio de la carencia es un proceso que implica un cambio de mentalidad y la adopción de prácticas conscientes, o sea, un plan de acción (sí o sí, no es opcional). Pero, antes de poner manos a la obra, debemos entender y partir del razonamiento que, la abundancia y la carencia no son casualidad, sino el reflejo de nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestras acciones. Si comprendemos esto, ahora sí, estamos listos.
Te comparto algunos puntos básicos que, desde mi perspectiva y propia experiencia, nos ayudan en el día a día, a migrar de la carencia a la abundancia, y robustecer nuestra relación con la segunda. Con paciencia, constancia y disciplina, claro que funciona.
1. Gratitud diaria: Comienza cada día enumerando tres cosas por las cuales estás agradecido en tu vida, en tu trabajo, en tu empresa, en tu familia. Esto puede cambiar tu perspectiva para abrir los ojos a las bendiciones cotidianas.
2. Visualización positiva: Dedica tiempo a visualizar tu vida llena de las cosas que deseas. Imaginar un futuro próspero te motivará a tomar acciones positivas en el presente, que harán eco a corto, mediano y largo plazo.
3. Generosidad: Practica el ser generoso, incluso si sientes que tienes poco que ofrecer. Comparte tiempo, conocimiento, ideas y recursos; el dar, fomentará un sentido de riqueza.