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El nearshoring como factor detonante para una matriz energética sustentable

México requiere de un planteamiento de proyectos de inversión que permita a los sectores públicos y privados garantizar el abasto de energía suficiente, asequible y limpia.
mié 19 junio 2024 06:03 AM
México es la nueva China
El establecimiento de políticas públicas que permitan impulsar la inversión del sector privado que contribuya a los esfuerzos que realiza la CFE para la generación de energías renovables serán fundamentales para alcanzar nuestras metas como país, apunta Javier Mundo.

Sin duda, la energía es una pieza indispensable para el desarrollo económico en el mundo, incluyendo las fuentes energéticas primarias que abarcan desde los hidrocarburos hasta las energías limpias o “verdes” como la nuclear y las renovables, respectivamente.

De acuerdo con el reporte Statistical Review of World Energy, en 2023, 82% de la energía primaria que se consumió en el planeta provino de los combustibles fósiles; diversas instituciones y expertos en la materia consideran que la matriz energética global seguirá consumiendo hidrocarburos por varios años y décadas más.

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En este sentido, la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) estima que todos los combustibles fósiles alcanzarán su punto máximo (peak demand) antes de 2030, para posteriormente comenzar a reducir gradualmente su participación en la canasta energética mundial para llegar a alrededor de 73% dentro de seis años, de acuerdo con uno de los tres escenarios planteados por la IEA.

A pesar de la alta demanda de hidrocarburos en los últimos años, son palpables en el mercado a nivel mundial algunos cambios que permiten alinear acciones para alcanzar los compromisos de descarbonización a nivel global, lo que impulsará cada vez más una mayor participación en la matriz de energías limpias y renovables.

De manera local, dichas tendencias hacia la incorporación de energías renovables también deben ser aplicables, ya que el sector energético es esencial para alcanzar los objetivos económicos, sociales, de crecimiento y desarrollo para el país.

A saber, México cuenta con una matriz energética principalmente apalancada por el consumo de hidrocarburos; por ejemplo, aproximadamente 66.1% de la electricidad que produce el país se genera mediante combustibles fósiles.

En este contexto y ante la ventana de oportunidad que representa el nearshoring, nuestro país requiere de un planteamiento de proyectos de inversión que permita a los sectores públicos y privados garantizar el abasto de energía suficiente, asequible y limpia.

Hace algunos años, México se comprometió a generar 35% de la energía eléctrica a partir de fuentes renovables para 2024; sin embargo, y de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), en 2022, el país se encontraba en 28.7%, por lo que este compromiso no podrá cumplirse en el periodo de tiempo establecido; no obstante, nuestro territorio dispone de grandes ventajas para incrementar el uso de energías limpias debido a su extensa biodiversidad.

En este sentido, las inversiones derivadas del nearshoring, que probablemente se irán materializando durante los próximos cinco años, generarán un crecimiento en la demanda de energía, adicional al ya por si retador nivel de crecimiento del 2.5% anual que estima el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (Prodesen).

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Ante esta situación, se recalca la necesidad de elevar el potencial de crecimiento de energía eléctrica fotovoltaica y eólica en el mediano y largo plazo, las cuales representaron 8.4% y 7.9% de la capacidad instalada de centrales eléctricas en México durante 2023. El establecimiento de políticas públicas que permitan impulsar la inversión del sector privado que contribuya a los esfuerzos que realiza la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para la generación de energías renovables serán fundamentales para alcanzar nuestras metas como país.

Así pues, las oportunidades que derivan del nearshoring pueden ser tangibles para el país, pero queda claro que se requerirá de la energía como pieza clave para el desarrollo de la actividad económica, así como de la generación de condiciones para una industria eléctrica nacional sólida que garantice el suministro de energía confiable, a precios razonables y con una mayor participación de energías verdes dentro de la matriz.

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Nota del editor: Javier Mundo es Socio Líder de Energía y Recursos Naturales de KPMG México. Síguelo en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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