El principal reto económico, el cual requiere atención urgente, es la desactivación de la vulnerabilidad fiscal heredada del gobierno anterior. Este desafío es de crucial importancia porque representa una amenaza para el desempeño de la economía durante el sexenio. En este sentido el tema fiscal requiere de mucha atención durante el presente gobierno, no solo para desactivar la vulnerabilidad fiscal de manera inmediata sino también para abrir espacio y compromiso con una utilización efectiva del instrumento fiscal para promover el crecimiento y desarrollo económico con estabilidad de precios.
Así, el reto en materia fiscal debe incluir las siguientes acciones. Primero, desactivar la vulnerabilidad fiscal en 2025, a través de un ajuste que permita reducir el desequilibrio hacia el estándar de un 3% del PIB, el cual se considera un déficit financiable y que no pone en riesgo la sostenibilidad fiscal de largo plazo. La ampliación del desequilibrio fiscal hacia un 6% del PIB en 2024 y el consecuente aumento del coeficiente de deuda hacia un 50% del PIB, ha aumentado la vulnerabilidad fiscal del país. Dada la debilidad económica en marcha y el nulo espacio fiscal, la opción a la mano es implementar un ajuste fiscal por el lado del gasto que permita regresar las cuentas fiscales a una situación más acorde con la capacidad de recaudación del gobierno.
Segundo, el nuevo gobierno enfrenta el reto de utilizar la política fiscal como un verdadero instrumento para promover el crecimiento económico sostenible, lo cual se da a través del fortalecimiento de la fuente fundamental del crecimiento: la inversión en capital físico y humano, lo cual a su vez estimula la productividad de los factores de producción. Esto implica evitar el error tradicional de muchos gobiernos de pretender estimular el crecimiento en el corto plazo a través de estímulos fiscales al consumo, los cuales no producen ampliación de la capacidad productiva de la economía en la misma medida como lo hace la acumulación de capital. Así, el aumento de la capacidad productiva permite lograr no solo un mayor crecimiento económico sino incluso una recaudación tributaria más sana y sostenible a través de una fuente permanente.
Tercero, el gobierno debe manejar la política fiscal con responsabilidad y en concordancia con la monetaria para no ir a contracorriente y no atentar contra la estabilidad de precios. Y cuarto, el gran pendiente de los últimos gobiernos ha sido una reforma fiscal que garantice la sostenibilidad de las cuentas públicas en el largo plazo, no solo por el lado de los ingresos sino también por el de los egresos. Es decir, se necesita un cambio estructural que permita recaudar más y que introduzca una disciplina en el ejercicio del gasto público.