Desde pequeños aprendimos la teoría: que la comunicación es el proceso de compartir información, ideas y sentimientos; pero ya en la práctica, es un verdadero reto. A menudo (todas y todos) cometemos errores de comunicación, como hablar demasiado, ser ambiguos o no escuchar, y esto desencadena un cóctel de confusión y frustración. Aquí mi primera sugerencia: ser claros, concisos y aportar únicamente información necesaria, y si agregamos una pizca de empatía y asertividad, ya tenemos los ingredientes para que nuestro mensaje llegue de manera efectiva.
Es de vital importancia tomar en cuenta que la comunicación efectiva no es un monólogo, sino un proceso de intercambio, un juego de tenis. Tan importante es el emisor como el receptor. Escuchar (insisto), prestar atención plena a nuestro interlocutor, sin interrumpir ni apresurarnos a dar nuestra opinión. Por ejemplo, si hablamos con un colaborador de poca experiencia, ¿por qué abrumarlo con terminología y tecnicismos? Se trata de orientar, no de confundir. En su lugar, ¿no sería mejor escucharlo, explicarle de manera simple, hablar ‘su idioma’ y mantener su atención para ayudarlo a crecer en la empresa?
Considero que otro aspecto fundamental de la comunicación efectiva es la retroalimentación. Ser receptivos al feedback y saber darlo de manera amable y constructiva. Y en este punto creo que la empatía juega un rol crucial; ponerse en los zapatos del otro para entender sus emociones y perspectivas. Y ojo, la retroalimentación ¡no es algo personal!, sino una oportunidad de aprendizaje.
A nivel corporativo, de poco (o nada) sirve tener un plan de trabajo impecable, una enorme infraestructura y un presupuesto ilimitado, si la comunicación es deficiente. Es un hecho que los grandes líderes comunican de manera clara y empática, y logran motivar e inspirar a sus equipos, y principalmente, saben escuchar. Seguro conoces a más de uno.
Neurociencia y lenguaje no verbal. La comunicación, más que palabras
Veamos qué dice la ciencia. La comunicación no es solo lo que decimos, sino también cómo lo expresamos y cómo recibimos el mensaje. Según la regla de Mehrabian, las palabras representan sólo el 7% de la comunicación, ¡7%!, mientras que el 55% depende de nuestro lenguaje corporal, y el 38 por ciento al tono de la voz. Entonces, cuando hay incongruencia entre lo que decimos y cómo lo decimos, ganamos credibilidad (life hack: la gente confía más en las señales no verbales).
El contacto visual es otra herramienta poderosa de la comunicación efectiva. Activar las neuronas espejo a través de la mirada fortalece la conexión emocional y sin duda, genera empatía. Un estudio realizado por la Universidad de Chicago demostró que los gestos no solo apoyan lo que se dice, sino que también ayudan a procesar ideas complejas. Es decir, la gesticulación refuerza el mensaje.