Las reformas del sector energético, que recién ingresaron al Congreso de la Unión para su discusión y aprobación, son “LiberChairas” al menos en algunas dimensiones. Una de ellas es que segmentan los sectores de electricidad e hidrocarburos entre aspiraciones de bienestar social y un ámbito de negocio. Pretenden satisfacer exigencias sociales, mientras que también reconocen que el estado perece sin el mercado. Así, las reformas que ya discuten han hecho diversos compartimentos: para los que quieren mercado, para las empresas del estado y también para la unión de los antes mencionados.
Eso no lo dice la exposición de motivos de los anteproyectos de las muchas leyes energéticas que están por discutirse. En ella, el repudio al modelo “neoliberal” que dejó Peña es manifiesto. Esta exposición de motivos pudo haber sido redactada por Andrés Manuel López Obrador, pero los textos legales son de Claudia Sheinbaum. En un momento, se pensó que Pemex y CFE se transmutaran en bureaus soviéticos al cambiar su denominación de “empresas productivas del estado,” con tufillo de lucro, a “empresas públicas del estado”, con marcha popular.
Sin embargo, Pemex y CFE, en lugar de entrar en rigor mortis, por ministerio de ley, se ven más dúctiles incluso en comparación con el modelo de Peña pues, mientras que las “empresas públicas del estado” son únicamente el tronco de las mismas, de ellas podrán brotar filiales cuyas actividades se regirán por el derecho privado. De estas ramas podrán brotar muchos frutos, ya sean dulces o podridos. Todo esto dependerá del rigor y la transparencia de su gobernanza. Sea como fuere, estas filiales, regidas por el derecho comercial, están pensadas así para poder enlazar a empresas con Pemex y CFE. El punto aquí es que estas filiales atraigan abejas y no zánganos.
Justamente esto nos lleva a la reflexión sobre qué clase de empresas podrían buscar una alianza con Pemex y CFE, las cuales sufren de males milenarios de gestión, captura política y sindical, corrupción, por mencionar los que más duelen. En nuestro nuevo modelo “LiberChairo” sería al menos contraproducente que las alianzas dominantes fueran las de Carlos Marx con Carlos Slim. Los mexicanos precisamos y merecemos mucha más variedad y competencia en las industrias que la dupla de “Carlos’n Charlies”.