El fenómeno que se observa actualmente apunta a un nuevo caso de mercantilización; un reflejo de cómo la influencia de la estética global, impulsada por las representaciones que han existido en cine internacional y productos de consumo, moldea la identidad visual mexicana.
¿Pero, qué pasa cuando los símbolos que definen una tradición se adaptan para encajar en un feed de redes sociales o en un comercial de televisión? ¿Estamos presenciando una evolución legítima de la tradición a través del lenguaje visual o una descontextualización de su significado?
La realidad, es que la democratización no es en sí problemática. La cultura mexicana es digna de honrarse dentro y fuera de nuestras propias fronteras. Las representaciones culturales siempre han estado en transformación. Lo que hoy cambia es la velocidad, el contexto y los códigos que dictan cómo se ve y se comparte una tradición. En esta nueva diversidad, ya no vemos únicamente altares llenos de colores que celebran el maximalismo que identifica la estética de nuestras calles y tradiciones, hoy también vemos altares que se ordenan por paletas de color, y Catrinas que dejan de ser sátira social para operar como ícono visual reproducido en masa.
Es comprensible el interés que ponen las marcas por unirse a la fecha, pues tan solo en 2024, la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Ciudad de México, estimó la derrama económica generada durante la celebración del Día de Muertos en 10,981 millones de pesos, lo que significó un incremento de 26.7% respecto al año anterior. Mientras que la Secretaría de Turismo la estimó a nivel nacional en 25,605 mdp, y tan solo 2,048 mdp en el sector hotelero.
Desde el análisis visual, estos cambios no son menores. Getty Images identificó que pese a un deseo generalizado por ver “autenticidad” por parte de las marcas, los consumidores aún luchan por definir qué significa realmente la “representación auténtica”. Mientras que 41% busca representaciones equilibradas, que muestren tanto aspectos percibidos como positivos o negativos de una comunidad, casi 6 de cada 10 se divide entre quienes prefieren imágenes o videos que visualicen escenas idealizadas y los que quieren ver momentos más reales y honestos. Aún con esta diversidad de perspectivas, el 78% coincide en algo: la autenticidad importa.
Además, las personas tienen un deseo creciente por mostrar su individualidad, 76% (2021) vs 81% (2025). Estos hallazgos apuntan a un contexto en el que las personas usan la estética, la tradición y la cultura como formas de autoexpresión. Para las marcas, esto significa que la conexión auténtica ya no depende solo de qué muestran, sino de cómo interpretan y representan las emociones, valores y símbolos que son significativos para sus audiencias.