A pesar de que sabe que el sector duro del morenismo no comparte su visión, y que entienden que apoyarle sería el primer paso para regresar al corporativismo tricolor, bien, de la mano de Elba Esther Gordillo o de cualquiera de los liderazgos que le dieron la oportunidad de hacerse de una plataforma electoral en la ciudad capital, Ebrard intentó suceder al tabasqueño, sin advertir que los dados siempre estuvieron cargados.
El puesto en el gabinete que hoy ocupa fue cuidadosamente elegido. Aunque no falta quien se equivoque pensando que el cargo fue una distinción, es claro que se trata de todo lo contario. Sí, se la dieron de cuetero. Eludieron el compromiso de darle el control de alguna de las Cámaras del Congreso General, alejándolo del aparato territorial, ese, que acerca a las estructuras comiciales en los estados, particularmente, distanciándolo de los gobernadores. Sabían de sus cercanías con el gobierno chino, y decidieron otorgarle el penoso deber de cerrarle las puertas al gigante asiático, por lo que bastó que Washington propusiera un férreo control arancelario, para que la 4T levantara el guante, encargándole la difícil misión.
Fue patente que, en la simulada contienda interna, los precandidatos sabían de la existencia de un arreglo, tal y como lo han reconocido con palabras más, o menos. Noroña ha llegado a admitirlo explícitamente. El único que se la creyó fue Ebrard, por eso su molestia y la indignación de quienes ingenuamente le acompañaron. Difícilmente la residente de palacio olvidará sus exabruptos y acusaciones, los que fueron enterrados cuando el entonces aspirante cayó en cuenta de que empezó derrotado. Reculó al saberse perdido.
Los poderosos intereses chinos vieron que la estrategia de impulsar precozmente la candidatura de Ebrard no sólo resultó imprudente, sino que le colocó frente al gobierno estadunidense, en la posición que el sector duro oficial buscaba para él. El partido republicano no sólo tiene por cobrar todo lo que dijo de Trump, en la primera contienda por la presidencia, sino que, advertido de tal cercanía, ha tomado acciones para anularlo rápidamente. Lo tienen sentado en salones de espera, donde trata de negociar lo que ya está más que decidido.
El plan E consiste en crear una oposición dentro de Morena, apabullantemente fondeada por intereses empresariales. Curiosamente, Ebrard se ha acercado a viejos liderazgos tricolores, en ánimo de rescatar lo que fuera la red territorial del otrora partido político reinante, así como la de empresarios que le fondeaban. Sabe que las elecciones se ganan a billetazos. Ha emprendido la labor de rentabilizar la orfandad en la que quedo el sector empresarial de la vieja divisa, la cual, nada más no se entiende con el autonombrado Alito.
Es así como, empresarios que no encontraron eco en los partidarios del macuspano, han buscado, y encontrado, una voz morena en el desechado excanciller, quien se deja procurar, invitar, y hasta elogiar, como posible candidato de quinta columna. Fue así como llegó a su equipo Nieto Castillo, quien, además de conservar valiosa información de Morena y sus militantes, López incluido, armó, capitalizó, o al menos negoció, buen entendimiento con algunos empresarios, desde luego, a cambio de silencios y vistas distraídas. Fue nombrado a pesar de no tener la más remota idea de lo que es la propiedad intelectual o industrial, su papel es otro.
Sectores como el exportador, particularmente, el de cárnicos; el de alto valor agrícola, y hasta el grupúsculo que desde el salinismo regentea el autotransporte, se han decidido a luchar la contienda con un candidato distinto al oficialismo, creando la imagen territorial que claramente no tiene. Al expresar que buena parte de temas en el T-MEC tienen ya solución, se refiere a los que intensamente ha platicado con el gobierno vecino, por ser la agenda de su pesado y acaudalado soporte en ciernes. Lo anterior fue posible, dado que son otros los que importan a la Casa Blanca, como Estado de Derecho y Justicia, donde el destituido, tras la tercera caída en Tláhuac, nada tiene que hacer.
La apuesta es alta, la posibilidad de fallar a sus nuevos porristas es grande, ya que no tiene tal negociador la última palabra, pero es evidente que es muy difícil que le nieguen todo, por lo que se quedará con los apoyos residuales que pueda granjear tras la negociación. Algo podrá entregar a quienes le respaldan. Su cantera no está entre políticos, sino entre grupos empresariales que le ofrecen el añejo apoyo corporativo al más puro estilo ochentero, ese, que aprendió a operar en tiempos de Salinas de Gortari, quien, por cierto, no lo ve con malos ojos.
En la contienda interna le pintaron las bardas; le bloquearon imprentas y redes, es más, hasta le cerraron las puertas de los tan apreciados camiones acarreadores. Simple y sencillamente vio cómo le amarraron las manos y no lo dejaron operar, como lo hiciera en aquella elección en la que el magisterio, y destacadamente, el sector del autotransporte, hicieron brillar su nombre en el partido callista.
Desde que abandonó las filas del PRI le aceptan la “asesoría” en materia de manejo de “apoyos al movimiento”, y, más allá del Bravo, lo saben, por lo que quién sabe qué tanto pueda serle útil Nieto Castillo. Le ofrecen posiciones cercanas al verdadero poder, pero es evidente que no le tratan como de casa. Por fin lo entendió. Ahora, su agenda tendrá un perfil completamente distinto, uno personalísimo, y sí, se equivocan aquellos que dicen que ante una revocación de mandato sería el bateador emergente designado por el de Tepetitán. Cuando respingó, hizo saber al vapuleado presidente saliente que su lealtad está con el poder, y no con quienes se sienten dueños de él. Desde la auscultación interna muchos se colocaron antes que el galo en la fila.