A lo largo de mi trayectoria profesional he visto cómo muchas organizaciones confunden escala con distancia. Crecer, internacionalizarse o consolidarse suele venir acompañado de una peligrosa desconexión con los entornos donde realmente ocurre el negocio. Ninguna estrategia es sólida si no incorpora la cercanía y el entendimiento local como un eje central de decisión.
El valor de la cercanía como estrategia de negocio
Las empresas no operan en el vacío. Operan en ecosistemas complejos, habitados por personas, comunidades, autoridades, colaboradores, proveedores y aliados que influyen directamente en la viabilidad del negocio. A estos stakeholders no se les puede gestionar desde la abstracción ni desde supuestos. Se les entiende desde la escucha, la presencia y el conocimiento profundo del contexto en el que la empresa actúa.
Desde una perspectiva de liderazgo y de gobierno corporativo, la gestión de stakeholders dejó de ser un tema táctico o solo reputacional para convertirse en un asunto estratégico. Impacta en la licencia social para operar, en la continuidad del negocio, en la mitigación de riesgos y en la capacidad de crecimiento sostenible. Ignorar esta realidad no solo es irresponsable; es una mala decisión de negocio.
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He comprobado que las estrategias corporativas más efectivas son aquellas capaces de sostener una visión global clara, pero con una ejecución profundamente local. No se trata de fragmentar la estrategia, sino de interpretarla con inteligencia en función de las dinámicas sociales, culturales y económicas de cada entorno. Lo local no diluye la estrategia; la hace relevante.
La cercanía alimenta la forma en que se toman decisiones. Permite pasar de la suposición a la comprensión, de la reacción a la anticipación. Cuando una empresa entiende qué es prioritario para una comunidad, dónde están los puntos de tensión y dónde existen oportunidades de colaboración, puede diseñar soluciones que generen valor compartido y reduzcan riesgos de manera estructural.
Este enfoque exige una evolución en el ejercicio del liderazgo. Hoy, liderar implica salir del paradigma del control para adoptar uno de corresponsabilidad. Implica aceptar que las mejores respuestas no siempre están dentro de la organización y que el diálogo con el entorno es una fuente crítica de inteligencia estratégica.
Apostar por la cercanía no es un gesto aspiracional; es una decisión informada. Es reconocer que la reputación, la confianza y la legitimidad se construyen con consistencia entre el discurso y la acción, y que esa coherencia se valida, siempre, en lo local.
Contribuir al desarrollo de las comunidades donde operamos no significa sustituir funciones ni asumir roles que no nos corresponden. Significa identificar, con claridad estratégica, dónde una empresa puede aportar desde sus capacidades reales y hacerlo en coordinación con otros actores. Esa es la diferencia entre iniciativas bien intencionadas y estrategias con impacto duradero.
Desde mi experiencia, las empresas que entienden su entorno, que escuchan activamente y que integran la cercanía en su toma de decisiones son las que construyen resiliencia y valor de largo plazo. En un entorno cada vez más exigente, lo local no es un complemento de la estrategia. Es uno de sus principales activos.
Porque al final, ninguna empresa crece de verdad si no entiende —y respeta— el territorio que le da licencia para operar.
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Nota del editor: Nina Mayagoitia es Vicepresidenta de Comunicación y Responsabilidad Social en Constellation Brands. Síguelo en LinkedIn Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.
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