La incertidumbre no es un problema a resolver, sino una variable a administrar; esto porque desde siempre han existido diversos factores que mueven los mercados: la inflación que se modera, tasas de interés altas, conflictos geopolíticos que impactan cadenas de suministro y mercados energéticos… la lista es larga y compleja. La realidad es que la incertidumbre no desaparecerá, de hecho, no hay un año en que los mercados ofrezcan certezas absolutas. Lo que sí podemos hacer como inversionistas es administrarla de manera activa y estratégica.
Invertir en tiempos inciertos
Pretender “esperar a que todo se aclare” es, en la práctica, renunciar a oportunidades
Lo primero y más importante es reconocer que la incertidumbre no es el enemigo, sino una condición permanente de los mercados. Cada ciclo económico ha estado marcado por eventos inesperados: crisis financieras, cambios de política monetaria, tensiones geopolíticas. Los periodos de mayor rentabilidad históricamente han comenzado en momentos de incertidumbre elevada, cuando la mayoría dudaba de los mercados.
Entonces, ¿cómo actuar? Lo primero es diseñar un portafolio que funcione en distintos escenarios. Eso significa diversificación real; no solo entre tipos de activos, sino entre regiones, sectores y estilos de inversión. Así, un conflicto geopolítico o un cambio brusco en las tasas de interés no destruirá tu estrategia, porque cada componente del portafolio reaccionará de manera distinta. La diversificación no elimina la volatilidad, pero reduce el riesgo de pérdidas permanentes y te permite aprovechar oportunidades que otros descartan.
Segundo, es clave mantener el horizonte de largo plazo como brújula. La incertidumbre puede generar movimientos de corto plazo significativos, pero tratar de reaccionar a cada evento suele ser más costoso que mantener la disciplina. La evidencia histórica muestra consistentemente que salir del mercado durante momentos de tensión y volver cuando la calma regresa suele implicar comprar caro y vender barato. Los inversionistas que construyen valor no buscan evitar la volatilidad, sino aprender a convivir con ella mientras mantienen sus objetivos claros.
Tercero, hay que convertir la incertidumbre en información útil. Cada dato económico, cada movimiento geopolítico o cada ajuste de política monetaria es relevante para evaluar la exposición de tu portafolio. Esto no significa cambiar de estrategia cada vez que hay noticias, sino revisar riesgos, rebalancear posiciones y ajustar la asignación de activos de manera disciplinada. Esa es la diferencia entre reaccionar y administrar.
Cuarto, es vital no subestimar el factor psicológico. La incertidumbre genera miedo y ansiedad, y estas emociones pueden llevar a decisiones impulsivas. Mantener claridad sobre los objetivos financieros, la tolerancia al riesgo y los plazos de inversión te permite tomar decisiones desde el análisis y no desde la reacción. En otras palabras, la disciplina emocional es tan importante como la disciplina financiera.
Finalmente, el inicio de año es un buen momento para aprovechar la incertidumbre como oportunidad. Los mercados valoran la información rápidamente, y los movimientos de corto plazo a menudo crean ventanas para invertir en activos infravalorados o para ajustar posiciones estratégicas con visión de largo plazo. El inversionista informado y disciplinado puede usar la volatilidad a su favor, mientras que quien espera la claridad absoluta corre el riesgo de quedarse fuera.
En conclusión, la incertidumbre económica no desaparece con el cambio de calendario, ni lo hará mientras existan mercados globales, políticas monetarias cambiantes y conflictos geopolíticos. La clave está en administrarla activamente: diversificación inteligente, horizonte de largo plazo, disciplina en los rebalanceos, gestión emocional y visión estratégica para aprovechar oportunidades. El inversionista que entiende esto no se paraliza frente a la tensión, sino que la enfrenta y la convierte en ventaja. En inversión, no gana quien intenta eliminar la incertidumbre, sino quien sabe convivir con ella y tomar decisiones inteligentes dentro de ese contexto. Y eso es lo que distingue a quienes construyen valor de quienes solo reaccionan al mercado.
En los mercados, el verdadero riesgo no es la incertidumbre, sino no saber qué hacer con ella.
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Nota del editor: Jaime Álvarez es CFA y Vicepresidente de Inversiones en Skandia. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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