1. La paradoja de la conectividad incompleta
México firmó más de una decena de tratados comerciales. Nuestras fábricas integran cadenas de valor con Detroit, Stuttgart y Shanghái. Somos el principal socio comercial de Estados Unidos. Esta narrativa de éxito, sin embargo, choca contra una realidad física obstinada.
La infraestructura de transporte vive en el siglo XX, mientras la economía exige el XXI. Imagina una red neuronal de primer mundo conectada a un sistema circulatorio del tercero. Los síntomas:
Corredores saturados: El corredor México-Querétaro-Irapuato-Guadalajara, arteria industrial del país, opera regularmente al 130% de su capacidad diseñada. Un accidente menor genera parálisis económica en cascada.
La trampa del "Last Mile" nacional: Podemos mover un contenedor de Altamira a Rotterdam en 15 días, pero sacar ese mismo contenedor del puerto interno de Valle de México puede tomar ocho días más. La ineficiencia no está en el océano, está en nuestros patios de maniobra y accesos urbanos.
Fractura modal: Menos del 10% de la carga se mueve por ferrocarril, un sistema con capacidad ociosa, pero desconectado de manera ágil de los puertos y centros de consumo. Dependemos del camión, un modo flexible, pero vulnerable, costoso y saturado. Aunque la AMTI (Asociación Mexicana de Transporte Intermodal) está haciendo grandes esfuerzos.
El líder visionario de 2026 no pide más carreteras a ciegas. Pide conectividad inteligente: interconexiones ferroviarias estratégicas, hubs logísticos multimodales y el uso de datos para optimizar flujos, no solo para pavimentar más.
2. La amenaza silenciosa: la fragilidad sistémica
La cadena de suministro es tan fuerte como su eslabón más débil. En México, identificamos tres puntos de fractura crónicos que una emergencia climática o geopolítica podría convertir en catástrofes:
El cuello de botella fronterizo: Más de 3 millones de camiones cruzan al norte anualmente. La digitalización de trámites (como la Ventanilla Única) avanza, pero a dos velocidades. La incertidumbre en los tiempos de cruce es una variable imposible de planificar con precisión, un "impuesto logístico" invisible que pagan todas las exportaciones.