Es cierto que la generación de empleos será insuficiente cuando los sueldos sean tan bajos que no permitan acceder a derechos básicos como alimentación, vivienda, transporte, educación y salud. Esta es una realidad en el presente para millones de personas.
Mientras en los países desarrollados el ingreso de un trabajador promedio siga superando hasta 10 veces el ingreso de un trabajador promedio en los países en desarrollo, no podremos aspirar a la prosperidad y bienestar generalizado.
Los recursos públicos del erario deben destinarse a estrategias y políticas públicas que deriven en bien común. El gobierno ha invertido miles de millones en el pasado para rescatar a la banca privada ante los riesgos de una crisis financiera. También se han dirigido, en épocas más recientes, fondos del presupuesto gubernamental a megaproyectos cuya efectividad está por comprobarse.
En muchos países se cuenta con un seguro de desempleo que entrega dinero a quienes pierden su puesto de trabajo durante un período determinado. Podríamos incluso, en un salto de audacia, pensar en la creación de un fondo de la administración pública para subsidiar parcialmente los salarios de los trabajadores.
La medida buscaría que los ingresos de los empleados fuesen menos desiguales que aquellos de sus pares en países desarrollados. Y claro, esta política pública no solo mejoraría la calidad de vida de los trabajadores y sus familias, sino que tendría un efecto expansivo.
El poder adquisitivo aumentaría y con ello el consumo, beneficiando a las empresas privadas con el incremento de ingresos. La activación económica crearía nuevas empresas y empleos mejor pagados. Por su parte, el gobierno también recaudaría más como resultado y así dispondría de mayores recursos para realizar sus funciones
Desde luego, dicha política pública tendría un carácter temporal y estaría respaldada por un plan con reglas de operación bien definidas. Parte del programa consistiría en subsidiar las cuotas de seguridad social, ya que en la actualidad representan un gasto oneroso, que perjudica principalmente a las micro y pequeñas empresas.
Varias naciones han tenido ascensos económicos acelerados tras tomar decisiones políticas acertadas. Ningún país está condenado a la pobreza y la desigualdad. Como el futuro no es lo que va a pasar sino lo que vamos a hacer, siempre es posible elegir un nuevo rumbo para comenzar a construir un mejor panorama.