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Es hora de dejar de limitarse a observar cómo se desarrolla la IA

La transformación más estructural que provocará la IA será en cualquier lugar donde exista un proceso físico que pueda ser percibido, interpretado y optimizado por sistemas autónomos en tiempo real.
jue 02 abril 2026 06:02 AM
Es hora de dejar de limitarse a observar cómo se desarrolla la IA
Robots inteligentes en líneas de fabricación identifican defectos con una precisión superior a la inspección visual humana y ajustan los parámetros de producción de forma autónoma, apunta Marcio Aguiar. (Foto: iStock)

Existe una diferencia cada vez mayor entre lo que se debate en el mercado sobre la Inteligencia Artificial (IA) y lo que realmente está transformando la economía real. La mayor parte del debate sigue girando en torno a las interfaces, como los chatbots más sofisticados, los asistentes que escriben y resumen, o las herramientas que automatizan tareas de oficina, como si el epicentro de la disrupción estuviera en la pantalla de una computadora. Esta narrativa no es falsa, pero es incompleta, y para quienes dirigen operaciones con activos físicos, infraestructura y cadenas de producción, puede resultar estratégicamente costosa.

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La transformación más estructural que provocará la IA en los próximos años no tendrá lugar en el entorno digital. Ocurrirá en fábricas, almacenes, vías urbanas, redes de energía, hospitales y campos agrícolas; es decir, en cualquier lugar donde exista un proceso físico que pueda ser percibido, interpretado y optimizado por sistemas autónomos en tiempo real.

Es lo que el mercado ha dado en llamar IA física, y su trayectoria de crecimiento revela una inversión de capital que va mucho más allá del entusiasmo tecnológico: según proyecciones publicadas por Globe Newswire , el sector debería alcanzar los 61,000 millones de dólares para 2034, creciendo a una tasa compuesta del 31% anual.

Lo que distingue a este nivel de IA no es solo la sofisticación de los algoritmos, sino la naturaleza de lo que hacen con la información que procesan. Un sistema convencional de IA recibe datos, los analiza y devuelve una respuesta para que alguien tome una decisión. Un sistema de IA física percibe el entorno a través de sensores, cámaras y dispositivos conectados, razona sobre lo que está sucediendo y actúa directamente sobre el mundo físico, sin depender de una interfaz intermediaria. Es la diferencia entre un panel de monitoreo que alerta sobre una falla y un sistema que corrige la falla antes de que ocurra.

Las aplicaciones que ya están en funcionamiento ilustran bien esta distinción. Robots inteligentes en líneas de fabricación que identifican defectos con una precisión superior a la inspección visual humana y ajustan los parámetros de producción de forma autónoma. Drones con visión artificial que monitorean extensiones agrícolas y detectan anomalías antes de que se conviertan en pérdidas. Vehículos sin conductor que operan en entornos logísticos y mineros con una consistencia y un control que las flotas convencionales no pueden igualar. Sistemas urbanos que procesan datos de cámaras y sensores en tiempo real para optimizar el flujo del tráfico, prevenir incidentes y distribuir los recursos de seguridad pública con mayor precisión.

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Para los líderes responsables de las operaciones, esta tendencia plantea cuestiones que no pueden abordarse como una agenda a mediano plazo. La primera es de carácter competitivo: las empresas que comiencen a incorporar la IA física en sus procesos en los próximos tres a cinco años operarán con una estructura de costos y una capacidad de respuesta que harán que la comparación con los modelos convencionales sea cada vez más asimétrica. La segunda es organizacional: la reorganización del trabajo que provoca esta tecnología no sigue la lógica simple de la sustitución de puestos, sino la lógica más compleja del rediseño de funciones, y las organizaciones que no inviertan en la transición de los equipos acumularán un déficit de competencia difícil de recuperar una vez que el mercado ya se haya movido.

Los obstáculos son reales —alto costo inicial, integración con sistemas heredados, escasez de profesionales especializados—, pero la naturaleza de estos obstáculos está cambiando a medida que las plataformas de desarrollo se vuelven más accesibles y el ciclo de implementación se acorta. Lo que hace cinco años era territorio exclusivo de las grandes corporaciones industriales, hoy se está volviendo viable para las empresas medianas, y esta curva de democratización tiende a acelerarse.

La cuestión central, por lo tanto, no es si la IA física redefinirá las operaciones industriales y la infraestructura urbana, ya que esto ya está en marcha. La clave está en el momento en que cada organización decida que es hora de dejar de observar esta transformación desde afuera y comenzar a posicionarse dentro de ella.

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Nota del editor: Marcio Aguiar es director de la división Enterprise de NVIDIA para Latinoamérica. Su enfoque está en expandir el uso de las plataformas de software y hardware de NVIDIA en las áreas de Inteligencia Artificial, HPC, Centros de Datos, Virtualización y Visualización Profesional. Es Licenciado en Administración por la Loyola Marymount University, en Los Ángeles, California, y en 2023 y 2024 fue elegido como una de las 500 personalidades más influyentes de América Latina por Bloomberg Línea. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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