En resumen, la disponibilidad de gas en Texas se ha agotado, lo que genera presión sobre la seguridad energética de México debido al incremento de la demanda eléctrica.
Para México, este panorama es crítico. El gas natural no es un combustible más: es la sangre que mantiene viva a la industria y la electricidad. Siete de cada 10 moléculas que se queman en el país vienen de Estados Unidos, y el 95% de estas importaciones se realizan a través de ductos conectados a Texas. México carece de almacenamiento estratégico y depende del suministro diario. Cualquier alteración en Texas impacta considerablemente. El crecimiento acelerado del consumo eléctrico texano presenta nuevos desafíos para la seguridad energética regional.
La situación evidencia una limitación: México carece de margen de maniobra por falta de almacenamiento, insuficiencia en la producción, falta de infraestructura alternativa y escasa diversificación. El país depende de un único proveedor, localizado en un solo estado y mercado, cuya prioridad es atender su propio crecimiento eléctrico y las necesidades del mercado europeo.
¿Qué acciones debe implementar México?
a) México necesita almacenamiento. No es opcional. Es supervivencia
México depende de un inventario equivalente a 2–3 días, un riesgo significativo ante interrupciones por clima, mantenimientos o prioridades internas en Texas. Con 60% de la electricidad generada con gas, el almacenamiento estratégico es imprescindible. Se requieren cavernas salinas en el Golfo, almacenamiento subterráneo en campos agotados, terminales de GNL con tanques de gran capacidad e inventarios mínimos obligatorios para CFE y privados. La ausencia de almacenamiento posiciona a México como el país más vulnerable de la OCDE ante una interrupción.
b) México necesita producción propia. No para sustituir a Texas, sino para tener un “piso”
México no puede aspirar a autosuficiencia en el corto plazo, pero sí a un nivel mínimo de producción que reduzca el riesgo sistémico. La producción nacional es insuficiente. Se requiere rehabilitar campos terrestres, incentivar gas no asociado, acelerar proyectos en Burgos, Veracruz y Tabasco, e implementar esquemas que atraigan capital y tecnología. No se trata de reemplazar a Texas, sino de asegurar que sus fluctuaciones no afecten negativamente a México.
c) México necesita contratos y reglas que reflejen la nueva realidad
Durante años, México operó bajo la premisa de que el gas texano era abundante, económico, estable y confiable. Esa situación cambió. Texas enfrenta una dinámica donde su demanda interna crece más rápido que su producción, mientras Europa paga más por el GNL. México requiere contratos de largo plazo con flexibilidad, acceso a moléculas no indexadas solo a Waha, mecanismos de prioridad en eventos extremos y estrategias de cobertura ante volatilidad. La seguridad energética es resultado de planificación cuidadosa.
“Si México no actúa hoy, mañana dependerá del azar energético.”
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Nota del editor: Ramses Pech es analista de la industria de energía y economía. Es socio de Caraiva y Asociados-León & Pech Architects. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.
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