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México, al filo del apagón energético

La disponibilidad de gas en Texas se ha agotado, lo que genera presión sobre la seguridad energética de México debido al incremento de la demanda eléctrica.
mar 28 abril 2026 06:03 AM
Gas natural licuado
Cuando Texas tenga que elegir entre su sistema eléctrico y las exportaciones, elegirá lo que siempre elige cualquier sistema: a sí mismo. México tiene que prepararse para ese día. Y el momento de hacerlo no es cuando falte el gas. Es ahora, apunta Ramses Pech. (iStock)

México está parado en una cornisa energética. Texas ya no tiene gas libre. Europa absorbe cada vez más GNL. La demanda eléctrica texana crecerá entre 6,000 y 8,000 MMpcd (millones de pies cúbicos). Y México sigue sin almacenamiento, sin producción suficiente, sin diversificación y sin infraestructura alternativa. La solución no es una sola: es un conjunto de decisiones técnicas, operativas y de infraestructura que deben tomarse antes de que la realidad las imponga. Porque la energía no espera. Y cuando Texas tenga que elegir entre su sistema eléctrico y las exportaciones, elegirá lo que siempre elige cualquier sistema: a sí mismo. México tiene que prepararse para ese día. Y el momento de hacerlo no es cuando falte el gas. Es ahora. Porque si México no hace nada, no será una sorpresa lo que ocurra: será una consecuencia. Y esa consecuencia será un país más vulnerable, más caro de operar y con un sistema eléctrico expuesto a riesgos que ya no podrá controlar.

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El gas que ya no alcanza: cómo Texas y Europa reescriben el mapa energético y dejan a México en la cuerda floja

En Texas, algo se está moviendo a una velocidad que ni los propios texanos habían imaginado. En los pasillos de ERCOT —el operador eléctrico del estado— ya no se discute si la demanda crecerá, sino cuánto más se disparará. Los ingenieros, acostumbrados a veranos abrasadores y tormentas invernales, ahora enfrentan un fenómeno distinto: un apetito eléctrico que parece no tener límite.

El sistema eléctrico de Texas se encuentra en un proceso de transformación sin precedentes. El crecimiento de centros de datos, criptominería, industrias de hidrógeno y nuevas cargas industriales está alterando la curva de demanda. Según el informe que ERCOT presentó ante la Public Utility Commission of Texas (PUCT) en abril de 2026, la demanda eléctrica podría aumentar de 85,508 MW a 278,003 MW en 2029 y 367,790 MW en 2032. Estas cifras, observadas desde México, ameritan especial atención.

Cada megawatt adicional implica el uso de una molécula de gas natural. Texas, que genera más del 40% de su electricidad con gas, requerirá cantidades significativamente mayores. Con base en la demanda incremental proyectada y la relación histórica entre generación térmica y consumo de gas, Texas necesitará entre 6,000 y 8,000 MMpcd adicionales hacia 2032.

Texas produce aproximadamente 30,000 MMpcd, pero su producción está cerca del límite. Entre consumo interno, plantas de licuefacción para exportación de GNL y exportaciones a México —que promedian 6.7 mil MMpcd—, prácticamente toda la producción ya está destinada. El incremento proyectado por ERCOT resulta incompatible con la capacidad actual: no hay margen operativo, reservas adicionales ni excedentes disponibles.

Si Texas decidiera cubrir esa demanda sin modificar exportaciones de GNL ni reducir el gas enviado a México, tendría que aumentar su producción a 36,000–38,000 MMpcd, un incremento del 20% al 27%. Es técnicamente factible por los recursos del Permian y otras cuencas, pero no inmediato: requiere perforación, infraestructura de recolección, plantas de procesamiento y nuevos ductos. Todo implica tiempo, inversión y condiciones favorables.

Mientras la producción incremental no llegue, Texas solo tiene tres alternativas: reducir exportaciones, ajustar demanda o permitir que los precios aumenten hasta que otros consumidores limiten su uso. En este contexto, México —cuya dependencia del gas texano es casi total— queda vulnerable. Si Texas prioriza su sistema eléctrico y mantiene exportaciones de GNL, el gas destinado a México será el remanente.

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En resumen, la disponibilidad de gas en Texas se ha agotado, lo que genera presión sobre la seguridad energética de México debido al incremento de la demanda eléctrica.

Para México, este panorama es crítico. El gas natural no es un combustible más: es la sangre que mantiene viva a la industria y la electricidad. Siete de cada 10 moléculas que se queman en el país vienen de Estados Unidos, y el 95% de estas importaciones se realizan a través de ductos conectados a Texas. México carece de almacenamiento estratégico y depende del suministro diario. Cualquier alteración en Texas impacta considerablemente. El crecimiento acelerado del consumo eléctrico texano presenta nuevos desafíos para la seguridad energética regional.

La situación evidencia una limitación: México carece de margen de maniobra por falta de almacenamiento, insuficiencia en la producción, falta de infraestructura alternativa y escasa diversificación. El país depende de un único proveedor, localizado en un solo estado y mercado, cuya prioridad es atender su propio crecimiento eléctrico y las necesidades del mercado europeo.

¿Qué acciones debe implementar México?

a) México necesita almacenamiento. No es opcional. Es supervivencia

México depende de un inventario equivalente a 2–3 días, un riesgo significativo ante interrupciones por clima, mantenimientos o prioridades internas en Texas. Con 60% de la electricidad generada con gas, el almacenamiento estratégico es imprescindible. Se requieren cavernas salinas en el Golfo, almacenamiento subterráneo en campos agotados, terminales de GNL con tanques de gran capacidad e inventarios mínimos obligatorios para CFE y privados. La ausencia de almacenamiento posiciona a México como el país más vulnerable de la OCDE ante una interrupción.

b) México necesita producción propia. No para sustituir a Texas, sino para tener un “piso”

México no puede aspirar a autosuficiencia en el corto plazo, pero sí a un nivel mínimo de producción que reduzca el riesgo sistémico. La producción nacional es insuficiente. Se requiere rehabilitar campos terrestres, incentivar gas no asociado, acelerar proyectos en Burgos, Veracruz y Tabasco, e implementar esquemas que atraigan capital y tecnología. No se trata de reemplazar a Texas, sino de asegurar que sus fluctuaciones no afecten negativamente a México.

c) México necesita contratos y reglas que reflejen la nueva realidad

Durante años, México operó bajo la premisa de que el gas texano era abundante, económico, estable y confiable. Esa situación cambió. Texas enfrenta una dinámica donde su demanda interna crece más rápido que su producción, mientras Europa paga más por el GNL. México requiere contratos de largo plazo con flexibilidad, acceso a moléculas no indexadas solo a Waha, mecanismos de prioridad en eventos extremos y estrategias de cobertura ante volatilidad. La seguridad energética es resultado de planificación cuidadosa.

“Si México no actúa hoy, mañana dependerá del azar energético.”

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Nota del editor: Ramses Pech es analista de la industria de energía y economía. Es socio de Caraiva y Asociados-León & Pech Architects. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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