Cuando pregunto en una universidad quién se considera creativo, levantan la mano cuatro o cinco personas de toda una sala. Lo mismo ocurre en las empresas: la mayoría de los colaboradores asumen que la innovación es territorio exclusivo de un departamento especializado, de los de tecnología o, en el mejor de los casos, de quienes nacieron "con ese don". Esta creencia, arraigada y extendida, es uno de los frenos más costosos que enfrentan las organizaciones hoy.
Como consultora especializada en cambio organizacional, he acompañado a empresas de industrias tan diversas como retail, salud, manufactura y servicios profesionales. Y en todas ellas encuentro los mismos patrones: mitos que se repiten, que se dan por verdaderos y que, silenciosamente, sabotean cualquier intento real de transformación.
Mito 1: Creatividad e innovación son lo mismo
Esta confusión es la más frecuente y, quizás, la más dañina. La creatividad es el acto de generar ideas nuevas: es imaginación, es divergencia, es exploración. La innovación, en cambio, es cuando esa idea se implementa de manera exitosa y genera valor medible en el mercado o en la organización.
Leonardo Da Vinci es uno de los ejemplos más elocuentes: fue un genio creativo sin discusión, pero gran parte de sus inventos quedaron en bocetos y muy pocos se hicieron realidad. La creatividad sin metodología, sin inversión y sin implementación no se convierte en innovación. La innovación requiere estrategia, KPIs claros, claridad sobre el retorno de inversión y la gestión del riesgo.
Mito 2: Yo no soy creativo
Todos somos creativos. La creatividad no es un rasgo fijo que se tiene o no se tiene: se educa, se ejercita y se desarrolla. El sistema educativo, uno de los sectores que menos ha evolucionado en los últimos 50 años, nos enseñó que o dibujabas bien o no eras creativo. Esa ecuación falsa nos persigue en la vida adulta y en la vida profesional.
La realidad es que aplicamos creatividad todo el tiempo, incluso en las decisiones más cotidianas. Cuanto más se trabaja el músculo creativo, más ideas se generan. La diferencia entre personas más o menos creativas no es de naturaleza, es de práctica.