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Mitos y verdades de la innovación en las empresas

La forma más poderosa de potenciar la innovación es crear un clima organizacional donde las personas se atrevan: donde existan espacios de escucha real, círculos de confianza y tolerancia al error.
mar 05 mayo 2026 06:02 AM
Mitos y verdades de la innovación en las empresas
El llamado real es para los líderes: ¿cómo están creando el ambiente que permite que su gente use su mindset creativo e innovador? Porque si tienes talento brillante pero lo mantienes en un caparazón, no esperes resultados distintos, considera Irene Marqués. (Foto: iStock)

Confundimos creatividad con innovación, pensamos que innovar es tener muchas ideas, y creemos que no somos creativos. Estos malentendidos le están costando caro a las organizaciones.

Cada 21 de abril, la ONU conmemora el Día Internacional de la Creatividad y la Innovación. Una fecha que, para la mayoría de las empresas, pasa completamente desapercibida. Y eso, en sí mismo, ya dice mucho.

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Cuando pregunto en una universidad quién se considera creativo, levantan la mano cuatro o cinco personas de toda una sala. Lo mismo ocurre en las empresas: la mayoría de los colaboradores asumen que la innovación es territorio exclusivo de un departamento especializado, de los de tecnología o, en el mejor de los casos, de quienes nacieron "con ese don". Esta creencia, arraigada y extendida, es uno de los frenos más costosos que enfrentan las organizaciones hoy.

Como consultora especializada en cambio organizacional, he acompañado a empresas de industrias tan diversas como retail, salud, manufactura y servicios profesionales. Y en todas ellas encuentro los mismos patrones: mitos que se repiten, que se dan por verdaderos y que, silenciosamente, sabotean cualquier intento real de transformación.

Mito 1: Creatividad e innovación son lo mismo

Esta confusión es la más frecuente y, quizás, la más dañina. La creatividad es el acto de generar ideas nuevas: es imaginación, es divergencia, es exploración. La innovación, en cambio, es cuando esa idea se implementa de manera exitosa y genera valor medible en el mercado o en la organización.

Leonardo Da Vinci es uno de los ejemplos más elocuentes: fue un genio creativo sin discusión, pero gran parte de sus inventos quedaron en bocetos y muy pocos se hicieron realidad. La creatividad sin metodología, sin inversión y sin implementación no se convierte en innovación. La innovación requiere estrategia, KPIs claros, claridad sobre el retorno de inversión y la gestión del riesgo.

Mito 2: Yo no soy creativo

Todos somos creativos. La creatividad no es un rasgo fijo que se tiene o no se tiene: se educa, se ejercita y se desarrolla. El sistema educativo, uno de los sectores que menos ha evolucionado en los últimos 50 años, nos enseñó que o dibujabas bien o no eras creativo. Esa ecuación falsa nos persigue en la vida adulta y en la vida profesional.

La realidad es que aplicamos creatividad todo el tiempo, incluso en las decisiones más cotidianas. Cuanto más se trabaja el músculo creativo, más ideas se generan. La diferencia entre personas más o menos creativas no es de naturaleza, es de práctica.

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Mito 3: La creatividad es cosa de diseñadores y publicistas

La creatividad no tiene industria ni función. Se puede, y se debe, aplicar a cualquier decisión: desde cómo estructurar un proceso de manufactura hasta cómo diseñar una reunión de equipo más efectiva. El error está en asociar creatividad únicamente con lo visual o lo artístico, cuando en realidad es una forma de pensar.

Las organizaciones que contratan talento creativo y luego lo encasillan en procesos rígidos, sin margen de exploración ni tolerancia al error, están anulando precisamente lo que buscaban. La creatividad necesita espacio para respirar.

Mito 4: Con una lluvia de ideas, ya innovamos

Cuántas veces hemos escuchado: "Ahora sí vamos a innovar, ¡hagamos una lluvia de ideas!" El equipo se reúne, alguien pega post-its en la pared, y una semana después ninguna idea fue evaluada, ninguna fue implementada, y el proyecto quedó olvidado.

El proceso creativo tiene una metodología precisa. El post-it no es un accidente: al escribir una idea, el movimiento físico hacia abajo activa el enfoque y reduce el ruido mental. El marcador grueso obliga a expresar una sola idea por nota, porque la clave está en mover, combinar y priorizar. Sin un facilitador que conduzca ese proceso, desde la divergencia hasta la convergencia y la evaluación, el resultado es frustración colectiva y un árbol talado en vano.

Mito 5: Las estructuras y los presupuestos protegen la innovación

La realidad es la opuesta: las estructuras rígidas, la política interna y los presupuestos definidos de antemano matan la innovación. Cuando el presupuesto determina la idea, y no al revés, el pensamiento creativo queda atrapado antes de nacer. La forma más poderosa de potenciar la innovación es crear un clima organizacional donde las personas se atrevan: donde existan espacios de escucha real, círculos de confianza y tolerancia al error. Un colaborador que intenta hacer algo diferente y recibe como respuesta "hazlo como siempre" no volverá a intentarlo.

El verdadero rol del liderazgo en la innovación

Conocer estos mitos no es suficiente. El llamado real es para los líderes: ¿cómo están creando el ambiente que permite que su gente use su mindset creativo e innovador? Porque si tienes talento brillante pero lo mantienes en un caparazón, no esperes resultados distintos.

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La adaptabilidad y la flexibilidad, el coeficiente que determina quién sobrevive en un entorno que cambia constantemente, se construyen desde arriba. Un líder que cree en su equipo, que abre espacios para probar y que acepta que el primer intento puede no ser perfecto, está construyendo cultura innovadora. Uno que exige la respuesta correcta desde el primer momento, la está destruyendo.

Si las empresas que siguen haciendo las cosas como siempre tienen pocas posibilidades de mantenerse relevantes en un mundo que cambia constantemente. Todas las empresas tienen que innovar. Pero lo complejo de enfrentar es si los líderes están dispuestos a crear las condiciones para que eso ocurra.

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Nota del editor: Irene Marqués es socia de Olivia, consultora especializada en transformación organizacional y gestión del cambio. Trabaja con empresas líderes en México y América Latina acompañando procesos de innovación, liderazgo y cultura. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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