México ha nadado a contracorriente el último año. Aún cuando la mayoría de las economías en desarrollo redujeron 2% su crecimiento en 2025, según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la Secretaría de Economía confirmó que México cerró el año con la mayor captación de Inversión Extranjera Directa (IED) en su historia: 40,871 millones de dólares, un incremento de 10.8% respecto al año anterior y el quinto aumento consecutivo.
México atrae inversión récord; el siguiente reto es retenerla
Los números de nuevas inversiones que llegan por primera vez al país son alentadores: crecieron 132.9% en un solo año, de 3,168 a 7,378 millones de dólares. Implicando que inversionistas que nunca habían apostado por México decidieron hacerlo en medio de la incertidumbre arancelaria y la problemática en el comercio internacional.
Me parece que los inversionistas están viendo lo que el T-MEC hace visible. México es el único país del mundo con acceso preferencial al mercado más grande del planeta, con cadenas productivas activas y una frontera de más de 3,000 kilómetros integrada industrialmente. Tres ventajas competitivas que hacen único a México, especialmente en un mundo que sigue reorganizándose arancelariamente. Sin embargo, el tema crítico es la brecha entre atracción y retención.
Las compañías que ya operan en México distribuyeron más dividendos y reinvirtieron menos utilidades el año pasado: un ligero decremento de 3.7%, de 28,710 a 27,650 millones de dólares. Señal de que las empresas ya instaladas confían apenas lo suficiente como para quedarse y crecer.
Considero que esto no es algo catastrófico, pero sí una advertencia a considerar seriamente: atraer capital está siendo más fácil que convencer al que ya está de apostar más.
De las ocho “acciones para facilitar y dar certidumbre a la inversión” que presentó la semana pasada el Gobierno de México, tres me parecen especialmente relevantes porque mitigan directamente la certidumbre operativa, uno de los cuellos de botella que he señalado en algunas columnas anteriores . Reducir la autorización inmediata de inversiones en menos de 30 días en sectores estratégicos no es un gesto simbólico, es una respuesta concreta a algo que los inversionistas llevan años señalando como obstáculo. Asimismo, tanto la ventanilla única de trámites de comercio exterior como la simplificación de trámites regulatorios resuelven la fricción burocrática, reduciendo costos y tiempos para miles de exportadores que hoy navegan un laberinto de trámites federales.
Sé que estas derivaciones del Plan México no resuelven los problemas estructurales de fondo (la certidumbre jurídica de largo plazo o la capacidad del sistema energético para sostener la demanda industrial que el nearshoring implica, tampoco la disponibilidad de financiamiento para las pymes de esas cadenas productivas), pero hay que reconocer que es un avance en la dirección correcta.
Una empresa que sabe que su inversión será autorizada en un mes, que sus trámites de comercio exterior tienen una ventanilla centralizada y que las reglas del juego están escritas con claridad, tiene menos razones para vacilar y seguir invirtiendo. Ahora México debe lograr que cada decreto firmado se convierta en un trámite que alguien, en algún parque industrial del Bajío o de Nuevo León, efectivamente resuelve en esos 30 días.
Las acciones del 4 de mayo son un gran primer paso, ahora el reto es la ejecución para demostrar que México puede seguir atrayendo capital, incluso en años difíciles.
La pregunta para el resto del 2026 es si el país puede convertir esa atracción en inversión productiva real, distribuida en el territorio, arraigada en cadenas de valor nacionales y sostenida en el tiempo.
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Nota del editor: Martín Pustilnick es Co-Founder y CEO de MUNDI , la compañía de servicios de financiamiento especializados en comercio internacional para todo tipo de exportadores mexicanos. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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