Si algo dejó claro 2025 es que la economía mexicana no creció por inercia. En un año que rozó la recesión, marcado por amenazas arancelarias y episodios de volatilidad financiera, México no tuvo la expansión acelerada que se esperaba, pero fue resiliente y logró un crecimiento del PIB oportuno de 0.7% respecto a 2024. Dentro de esa resistencia de la economía mexicana, las exportaciones jugaron un papel protagónico.
Las exportaciones sostuvieron a México en el retador 2025
Las ventas internacionales de mercancías permitieron compensar la debilidad de otros motores del crecimiento en México y sostuvieron buena parte de la actividad económica del país, mientras que el consumo interno experimentó enfriamientos y la inversión privada avanzó con cautela.
Entre el entorno global adverso y las presiones inéditas que experimentamos durante el año, este superávit comercial habla de una economía que está encontrando un ancla de estabilidad en su inserción internacional.
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Detrás de ese 0.7% hay una realidad más compleja. Las exportaciones mexicanas no crecieron por un solo factor, sino por una combinación de integración regional, capacidad productiva instalada y la decisión de empresarias y empresarios de mantener sus cadenas de suministro activas, incluso bajo condiciones menos favorables. Les reconozco su valentía.
Sectores como el automotriz y la manufactura, así como algunos segmentos de la agroindustria, siguieron empujando el comercio, aun cuando enfrentaban mayores costos logísticos, plazos de pago más largos y escrutinio regulatorio más riguroso. Este desempeño también confirma algo que he observado en años recientes: la economía mexicana es cada vez más sensible a lo que ocurre fuera de sus fronteras.
Aún así, cuando las exportaciones encuentran tracción, su efecto amortigua choques internos. Ese “efecto” amortiguador fue clave en 2025 para evitar una contracción más profunda.
Que las exportaciones hayan sostenido el crecimiento no significa que el modelo esté blindado. Al contrario, expone una dependencia elevada de un solo motor y, en gran medida, de un solo mercado.
Me parece que una gran lección de 2025 no es que exportar sea suficiente, sino que exportar mejor es indispensable. Esto implica diversificar destinos para complementar el peso de la relación con Estados Unidos con una presencia más activa en Sudamérica, Europa y ciertos mercados de Asia, además de fortalecer el contenido nacional en las cadenas productivas y asegurar que más empresas (en especial las pequeñas y medianas) puedan integrarse al comercio internacional sin asfixiar su liquidez.
Las exportaciones demostraron ser un ancla en tiempos difíciles, pero no pueden seguir siendo el único salvavidas.
Me parece que México necesita convertir este desempeño de las exportaciones en una estrategia de largo plazo, donde el comercio exterior no sólo compense la desaceleración interna, sino que impulse la productividad, la inversión y el desarrollo regional.
Considero que la capacidad de la economía mexicana para sostener su crecimiento desde el frente exportador será tan importante como su habilidad para construir bases internas más sólidas, de modo que pueda enfrentar un mundo que se vuelve más fragmentado e impredecible.
El reto para 2026 es convertir la incertidumbre global, que posiblemente seguirá, en una ventaja para el desarrollo económico de México.
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Nota del editor: Martín Pustilnick es Co-Founder y CEO de MUNDI , la compañía de servicios de financiamiento especializados en comercio internacional para todo tipo de exportadores mexicanos. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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