Lo que veo desde las trincheras del comercio internacional confirma esa lectura.
Aún cuando las importaciones superaron 664,066 millones de dólares y las exportaciones excedieron los 664,837 millones de dólares, sosteniendo el crecimiento económico en 2025, la formación bruta de capital fijo cayó 6.7% respecto al año pasado, con la inversión privada retrocediendo 4.4% y la pública desplomándose 18.9%. Alrededor de 16 meses consecutivos de caídas en la inversión no es un ciclo, es una señal.
El nearshoring sigue siendo real, las fábricas se están instalando y la producción en México sigue, pero hay tres cuellos de botella concretos que frenan la conversión de esa oportunidad en crecimiento sostenido, y los tres tienen solución si hay voluntad de ejecutar.
El primero es la energía, puesto que ninguna empresa traslada su producción a un país donde la electricidad no está garantizada. A pesar de que desde el año pasado el gobierno de México dio señales de apertura de inversión para garantizar la generación, parques industriales del Bajío, Nuevo León y la franja fronteriza ya operan con restricciones de capacidad eléctrica. México podría enfrentar un déficit de generación de electricidad superior a los 48,000 GWh hacia 2030 si las inversiones necesarias no arrancan pronto, advirtió el IMCO a inicios del año pasado. La señal está dada, falta la certidumbre jurídica y regulatoria que permita a los privados actuar con confianza.
El segundo cuello de botella es la logística que debe crecer al ritmo que exige el nearshoring. México tiene puertos, tiene frontera y conectividad con el mercado más grande del mundo, pero su infraestructura está quedando sobrepasada. El tiempo y el costo de mover mercancía desde el interior del país hacia los puertos o hacia la frontera sigue siendo una variable que encarece la cadena y que, en sectores de margen estrecho, puede ser la diferencia entre ganar o perder un contrato internacional.
El tercero es el financiamiento. El Plan México busca incrementar el financiamiento a pymes a través de la banca de desarrollo y comercial, pero muchas empresas exportadoras mexicanas, especialmente las pequeñas y medianas, siguen operando con plazos de pago largos, capital de trabajo escaso y acceso limitado al crédito formal. Una cadena productiva que no tiene liquidez no puede crecer, aunque tenga pedidos, aunque tenga capacidad instalada. El financiamiento inteligente al comercio exterior no es un lujo; es la infraestructura invisible que mueve las exportaciones.