El reciente fallo de la Suprema Corte de Estados Unidos, que invalidó los aranceles impuestos bajo la ley de poderes de emergencia económica (IEEPA), reconfiguró de nueva cuenta el escenario comercial global en cuestión de días.
Trump respondió con un arancel global de 10% aplicado a prácticamente todos sus socios, con la posibilidad de elevarlo a 15. El mundo entero quedó expuesto a esa tarifa. México, no del todo.
Alrededor del 85% de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos están cubiertas por el T-MEC y mantienen arancel cero. El arancel efectivo promedio que pagaba México rondaba 4.1% y con este “nuevo esquema”, ese número baja a cerca de 2%. Mientras China, Vietnam o la Unión Europea compiten ahora bajo una tarifa uniforme de 15%, México y Canadá son los únicos países que conservan la posibilidad de exportar sin aranceles.
Eso no es un detalle menor, es una ventaja estructural que considero conviene reconocer.
Sin embargo, el panorama para México tiene estridencias. El sector automotriz y algunos segmentos industriales (como el acero) sujetos a la Sección 232, siguen expuestos a aranceles sectoriales que ese fallo no modificó; el 17% de exportaciones que no están cubiertas por el tratado enfrenta hoy un diferencial arancelario más estrecho frente a sus competidores asiáticos.
Además, el nuevo instrumento que usó Trump, la Sección 122 del Trade Act, mantiene la incertidumbre de fondo, aún cuando su vigencia es de apenas 150 días.