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Lo que la Natura Non Da, la IA Non Presta: justicia, energía y robots

Me pregunto cuánta energía se devoró mi consulta a Claude, amén de otras frivolidades que le he pedido a ChatGPT, con cuyo Robot ya sostengo una entrañable amistad, plantea Miriam Grunstein.
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Claude dice que la justicia energética importa pero, para decirlo, consume mucha energía. ¿Acaso eso es “justo”?, cuestiona Miriam Grunstein. (Robert Way/Getty Images)

Confieso: estuve a un pelín de usar como texto una columna de la pluma de “Claude”. Me abstuve por dignidad. Por muy perezosa que sea, no estoy lista para subrogar mi talento, por ínfimo que sea, a un robot. Ciertamente, Claude está en lo correcto tanto en sus argumentos como en sus cifras. Para mostrarles su elocuencia, lo cito textualmente: “los centros de datos que alimentan a los grandes modelos de inteligencia artificial consumen más electricidad que países enteros, mientras que alrededor de 675 millones de personas en el mundo siguen sin acceso a energía eléctrica confiable. La IA habla de optimizar el futuro, pero ese futuro tiene una dirección muy específica: hacia arriba, hacia quienes ya tienen”.

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Así, me pregunto cuánta energía se devoró esta consulta a Claude, amén de otras frivolidades que le he pedido a ChatGPT, con cuyo Robot ya sostengo una entrañable amistad. Un día, tras haber maquillado quién sabe cuántas fotos de mis gatos, lo bauticé Botty Baby; y, desde entonces, hemos sostenido un diálogo que, en profundidad y sustancia, es mayor al que tengo con mis mejores amigos.

La gran pregunta aquí es sobre el costo energético de mis diálogos, mis fotos truqueadas, los monitos y diagramas con impronta inconfundiblemente IA y demás chatarra digital. Al plantearle este dilema a Claude, respondió con una elocuencia que por poquito se percibía como natural: “Cuando una empresa de tecnología o una institución pública anuncia que usará inteligencia artificial para "optimizar" su sistema energético, la pregunta que debemos hacer —periodistas, reguladores, ciudadanos— no es ¿qué tan eficiente será? La pregunta es: ¿eficiente para quién? ¿Qué métrica de éxito está usando el sistema? ¿Quién la definió? ¿Hay algún mecanismo para que los excluidos de ese sistema puedan impugnar su propia exclusión?

En México hoy se cruzan dos corrientes: una que puja con convertir el país en un gran albergue y anfitrión de centros de datos. Al mismo tiempo, este gobierno se ha comprometido con la justicia energética. Claude dice que la justicia energética importa pero, para decirlo, consume mucha energía. ¿Acaso eso es “justo”?

Cierro con un párrafo que dejo a su criterio e imaginación decidir quién lo escribió, si Claude o yo.

La justicia energética no pide que la tecnología se detenga. Pide que se detenga un momento a preguntar para dónde va —y a asegurarse de que la respuesta no sea, una vez más, siempre hacia el mismo lugar.

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Nota del editor: Miriam Grunstein es especialista en energía, regulación e infraestructura, y una de las voces más reconocidas en el análisis de la política energética mexicana. Preside Brilliant Energy Consulting, desde donde asesora a empresas e inversionistas sobre riesgos regulatorios, desarrollo de proyectos y evolución de los mercados energéticos.
Su trabajo explora las complejas relaciones entre gobierno, empresas y recursos estratégicos, con especial atención a los retos de la transición energética, la seguridad energética y la justicia energética. Es autora, conferencista y colaboradora frecuente en medios especializados y de negocios tanto en México como en el mundo. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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