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El miedo silencioso en las empresas: lo que está en juego no es el empleo, es la confianza

El miedo a perder el empleo ya está impactando cómo trabajan las personas. No es visible en los indicadores, pero sí en la falta de iniciativa y en la caída de la innovación.
estres exceso de trabajo
El miedo no siempre se expresa de forma evidente. No aparece en los reportes ni en los indicadores de desempeño. Sin embargo, está presente en decisiones pequeñas, en la cautela excesiva, en la falta de iniciativa, en la resistencia al cambio, señala Rodolfo Caraccioli Elvir.

En el mundo del trabajo hablamos mucho de crecimiento, productividad y resultados. Pero hay una conversación que sigue quedándose fuera de la mesa: el miedo.

Hoy ese miedo tiene nombre y es más común de lo que pensamos.

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De acuerdo con el estudio “Las nuevas reglas del compromiso laboral” de Pluxee e Ipsos, uno de cada cinco colaboradores teme perder su empleo. A esto se suman otras preocupaciones que forman parte del día a día: la inseguridad, que afecta al 58% de las personas, el cambio climático, la posibilidad de enfermar gravemente o una crisis económica.

Más allá de los datos, lo que estas cifras reflejan es algo más profundo. Estamos frente a personas que no solo trabajan, sino que también gestionan incertidumbre todos los días. Y eso cambia la forma en la que se relacionan con su trabajo.

El miedo no siempre se expresa de forma evidente. No aparece en los reportes ni en los indicadores de desempeño. Sin embargo, está presente en decisiones pequeñas, en la cautela excesiva, en la falta de iniciativa, en la resistencia al cambio.

Un colaborador que teme perder su empleo no arriesga. No propone. No cuestiona. Se enfoca en protegerse.

Cuando esta lógica se replica en una organización, el impacto es claro. Menos innovación, menos agilidad y, en consecuencia, menor competitividad. Por eso es importante entender que la confianza no es un concepto aspiracional o blando. Es un activo estratégico.

Durante años, las organizaciones han centrado sus esfuerzos en atraer y retener talento. Hoy ese enfoque resulta insuficiente. El verdadero reto es construir entornos donde las personas puedan desarrollarse incluso en contextos inciertos.

Esto implica cambiar la conversación. Pasar del empleo a la empleabilidad.

Las personas ya no buscan únicamente estabilidad en un puesto, sino la posibilidad de seguir siendo relevantes, de aprender constantemente y de adaptarse a un entorno que evoluciona rápido.

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Las empresas que invierten en el desarrollo de habilidades, en la capacitación continua y en experiencias que acompañan al colaborador en su día a día no solo reducen la ansiedad laboral. También fortalecen su propia capacidad de adaptación.

En este nuevo contexto, el compromiso laboral no se construye a partir de grandes iniciativas aisladas, sino de experiencias consistentes.

Un entorno de trabajo claro, una comunicación honesta, un beneficio que realmente se usa o un momento de reconocimiento oportuno.

Son estos pequeños elementos, repetidos todos los días, los que generan confianza. Y cuando la confianza crece, también lo hace el compromiso.

Hoy sabemos que las personas no buscan únicamente compensaciones económicas. Buscan equilibrio, bienestar y una experiencia laboral que se adapte a su realidad.

Entender esto no es solo una cuestión de cultura organizacional. Es una decisión de negocio. Ignorar el miedo es un error. Atenderlo es una oportunidad.

En contextos complejos, el liderazgo no se trata de tener todas las respuestas, sino de generar claridad y cercanía, incluso cuando el panorama no es del todo predecible.

Comunicar con transparencia, acompañar a los equipos y reconocer el contexto en el que viven las personas son acciones que fortalecen la confianza. Y la confianza, hoy más que nunca, es el punto de partida para construir organizaciones resilientes.

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El miedo no va a desaparecer. Forma parte del momento que vivimos. Pero sí puede gestionarse.

Las empresas que lo entienden están mejor posicionadas para evolucionar. Porque cuando las personas se sienten acompañadas, valoradas y con posibilidades de crecimiento, cambia su forma de participar. Se involucran más, proponen más y construyen más.

Al final, no se trata solo de reducir la incertidumbre, sino de crear condiciones donde las personas puedan avanzar a pesar de ella. Porque en el fondo, lo que está en juego no es únicamente el empleo. Es la confianza. Y de ella depende, en gran medida, el futuro de las organizaciones.

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Nota del editor: Rodolfo Caraccioli Elvir es Director de Marketing Pluxee México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión.

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