El Mundial de futbol 2026 representa un momento histórico para México. No solo por la oportunidad de ser anfitriones de un evento que capta la atención global, sino porque se proyecta como un catalizador de actividad económica y generación de empleo en sectores clave: turismo, servicios, construcción, tecnología y entretenimiento. Pero, más allá del entusiasmo legítimo, el Mundial también nos confronta con una pregunta incómoda y urgente: ¿será este auge laboral un simple espejismo o un verdadero legado para el país?
Mundial 2026. ¿Impulso temporal o legado sostenible para el empleo formal en México?
Según datos recientes del Inegi, la informalidad laboral afecta a cerca del 55% de la población ocupada en México, es decir, a más de 32 millones de personas. Esta cifra revela una realidad estructural que, por años, hemos decidido relegar a un segundo plano. La informalidad no solo limita el desarrollo económico y la competitividad nacional, sino que perpetúa la exclusión de millones de trabajadores del acceso a servicios esenciales como salud, vivienda y prestaciones sociales dignas. En otras palabras, la informalidad es sinónimo de vulnerabilidad, y el Mundial corre el riesgo de agravar, no resolver, este desafío si no actuamos con visión y responsabilidad.
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En la antesala de este evento global, es previsible un aumento en la generación de empleos, muchos de ellos temporales y vinculados directamente a la efervescencia del torneo. Sin embargo, preocupa que una parte significativa de este crecimiento se dé precisamente en la informalidad, reproduciendo condiciones laborales precarias y de corto plazo. El reto no está únicamente en crear puestos de trabajo para cubrir la demanda inmediata, sino en garantizar que las oportunidades laborales que surjan durante el Mundial sean formales, sostenibles y promuevan el bienestar integral.
Aquí es donde los líderes empresariales tienen una posición clave para marcar la diferencia. No basta con celebrar la derrama económica; es momento de ir más allá y preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para que el empleo que se genere contribuya a fortalecer el tejido social y productivo del país? La formalización laboral no es solo un tema de cumplimiento regulatorio, sino una oportunidad estratégica para atraer y retener talento, mejorar la productividad e impulsar una cultura organizacional basada en la confianza y el sentido de pertenencia.
La evidencia es clara: los trabajadores formales tienen acceso a mejores condiciones de vida, estabilidad financiera y posibilidades reales de desarrollo personal y profesional. Un empleo formal, además de ofrecer prestaciones, brinda certidumbre ante eventualidades y es la puerta de entrada a una vida más digna para millones de familias mexicanas. ¿Qué legado queremos dejar como empresas? ¿El de la inmediatez o el de la transformación profunda?
El Mundial es una coyuntura que puede servir como punto de inflexión para repensar nuestros modelos de empleo. Para ello, es indispensable articular esfuerzos entre iniciativa privada, sector público y sociedad civil, apostando por esquemas laborales que prioricen la formalidad, el bienestar y un equilibrio saludable entre la vida personal y profesional. El bienestar de los colaboradores no es un lujo, es una condición necesaria para la prosperidad empresarial y social.
Además, fortalecer la oferta de beneficios e incentivos adecuados es clave para consolidar entornos laborales donde las personas se sientan valoradas, protegidas y motivadas a crecer.
Las empresas no solo tienen el potencial, sino la responsabilidad de erigirse como verdaderos agentes de cambio en la sociedad. Impulsar jornadas laborales dignas, entornos seguros y reales oportunidades de crecimiento profesional no es un lujo, sino la manera más auténtica de honrar el espíritu de un evento que exalta el talento, la pasión y la colaboración humana.
El llamado está hecho. Más allá de la cancha, el Mundial 2026 puede ser el inicio de una nueva era para el empleo formal en México, pero solo si asumimos el compromiso de construirla juntos. Como líderes, tenemos en nuestras manos la posibilidad de transformar un evento deportivo en una oportunidad histórica para millones de personas. No la desperdiciemos.
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Nota del editor: Rodolfo Caraccioli Elvir es Director de Marketing Pluxee México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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