Según datos recientes del Inegi, la informalidad laboral afecta a cerca del 55% de la población ocupada en México, es decir, a más de 32 millones de personas. Esta cifra revela una realidad estructural que, por años, hemos decidido relegar a un segundo plano. La informalidad no solo limita el desarrollo económico y la competitividad nacional, sino que perpetúa la exclusión de millones de trabajadores del acceso a servicios esenciales como salud, vivienda y prestaciones sociales dignas. En otras palabras, la informalidad es sinónimo de vulnerabilidad, y el Mundial corre el riesgo de agravar, no resolver, este desafío si no actuamos con visión y responsabilidad.
En la antesala de este evento global, es previsible un aumento en la generación de empleos, muchos de ellos temporales y vinculados directamente a la efervescencia del torneo. Sin embargo, preocupa que una parte significativa de este crecimiento se dé precisamente en la informalidad, reproduciendo condiciones laborales precarias y de corto plazo. El reto no está únicamente en crear puestos de trabajo para cubrir la demanda inmediata, sino en garantizar que las oportunidades laborales que surjan durante el Mundial sean formales, sostenibles y promuevan el bienestar integral.
Aquí es donde los líderes empresariales tienen una posición clave para marcar la diferencia. No basta con celebrar la derrama económica; es momento de ir más allá y preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para que el empleo que se genere contribuya a fortalecer el tejido social y productivo del país? La formalización laboral no es solo un tema de cumplimiento regulatorio, sino una oportunidad estratégica para atraer y retener talento, mejorar la productividad e impulsar una cultura organizacional basada en la confianza y el sentido de pertenencia.
La evidencia es clara: los trabajadores formales tienen acceso a mejores condiciones de vida, estabilidad financiera y posibilidades reales de desarrollo personal y profesional. Un empleo formal, además de ofrecer prestaciones, brinda certidumbre ante eventualidades y es la puerta de entrada a una vida más digna para millones de familias mexicanas. ¿Qué legado queremos dejar como empresas? ¿El de la inmediatez o el de la transformación profunda?