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Pemex-Petrobras, una alianza que podría ir más allá del ‘upstream’

A Petrobras no le desagrada la idea de desarrollar proyectos en el Golfo de México, mientras que Pemex ve con buenos ojos tener como socio a un líder mundial en aguas profundas.
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El acuerdo que esta semana firman ambas petroleras no debe limitarse a ser un instrumento para extraer hidrocarburos – debe convertirse en una plataforma que favorezca añadir valor a esos recursos, considera Adrián Duhalt. (Henry Romero/REUTERS)

La alianza entre Pemex y Petrobras tiene meses cocinándose, y según lo reportó la presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia matutina del pasado 19 de junio, se formaliza esta semana cuando una delegación de Pemex y la Secretaría de Energía esté de visita en Brasil.

Dicha alianza ha generado mucha expectativa no solo porque profundizaría la relación económica entre los países más grandes de América Latina, sino porque abre la puerta para que ambas petroleras – también las más grandes de la región – construyan una agenda de colaboración que vaya más allá de la exploración y producción de hidrocarburos.

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A Petrobras no le desagrada la idea de desarrollar proyectos en el Golfo de México, mientras que Pemex ve con buenos ojos tener como socio a un líder mundial en aguas profundas.

¿Como llegan ambas empresas a la firma de este acuerdo?

Es de todos conocido que Pemex enfrenta varios retos, incluyendo su aún pesada carga financiera, una producción petrolera que ha mostrado dificultades para recuperar el dinamismo que tuvo durante las últimas dos décadas y una creciente necesidad de recursos para sostener operaciones e invertir en nuevos proyectos.

Ante esto, el gobierno mexicano ha reafirmado su compromiso con la empresa y la ha convertido en el pilar de una política energética enfocada a fortalecer la producción doméstica de hidrocarburos y derivados, recuperar capacidades industriales, y reducir dependencias externas. Estos planes, sin embargo, requiere socios con los cuales Pemex complemente capacidades y comparta el riesgo. Es ahí donde entra Petrobras

Tras una reestructuración, la petrolera brasileña ha emergido como una de las compañías más rentables del sector. Su liderazgo tecnológico en aguas profundas le ha permitido incrementar la producción de crudo, convirtiéndola en una referencia en cuanto a la explotación de recursos en alta mar. Al mismo tiempo, bajo la administración del presidente Lula, la empresa ha comenzado a asumir un papel más activo en objetivos de desarrollo industrial y seguridad energética nacional.

Dicho esto, la alianza entre ambas compañías parece responder a una lógica de complementariedad. Pemex necesita capacidades tecnológicas, experiencia operativa y eventualmente socios que le permitan acelerar el desarrollo de recursos con altos niveles de complejidad técnica. Petrobras, por su parte, busca oportunidades de expansión internacional donde pueda aprovechar las capacidades offshore que ha construido durante décadas.

El Golfo de México parece representar una oportunidad para materializar esta convergencia de intereses.

Lo que sabemos sobre la alianza

Se ha reportado ampliamente que la colaboración entre Pemex y Petrobras se concentrará en las actividades de exploración y produccion, y la propia petrolera brasileña lo ha confirmado en un breve comunicado de prensa con fecha del 22 de Junio. El documento añade que la alianza contempla que ambas empresas exploren oportunidades en procesos industriales, sobre lo que aún hay pocos detalles, pero que resulta igualmente atractivo dado que implicaría transformar los hidrocarburos en commodities de mayor valor.

La incógnita es qué proceso de transformación favorecería el avance de una agenda de colaboración más profunda entre Pemex y Petrobras. La refinación pudiese ser la opción más obvia, sin embargo, la respuesta quizá esté en un frente menos evidente: la producción de fertilizantes nitrogenados, actividad en la cual ambos países presentan condiciones estructurales comparables.

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Energía y seguridad alimentaria

Esta discusión resulta pertinente en México y Brasil, donde la producción de urea – el nutriente más consumido – es limitada, lo que significa que la productividad del campo está a merced del suministro externo. México importó alrededor del 88% de su consumo aparente de urea en 2025, mientras que Brasil depende casi en su totalidad del mercado internacional para abastecerse.

Una desventaja estructural que complica los planes de Brasil de producir su propia urea es el alto precio local del gas natural, lo que hace que las importaciones sean la opción más atractiva. En el caso de Mexico, las circunstancias son diferentes. El precio del gas natural (importado) al que el país tiene acceso es sumamente competitivo, pero el problema ha residido – en gran parte – en la incapacidad de usar dicha ventaja de precio para aumentar la capacidad de producción de fertilizantes.

Al momento, por supuesto que es prematuro hablar de proyectos concretos en materia de fertilizantes o petroquímica. Sin embargo, desde una lógica de política industrial, resulta difícil ignorar el potencial de inversiones conjuntas en estas actividades. México busca revitalizar la industria de los fertilizantes (urea), la cual durante décadas ha perdido competitividad y capacidad productiva, mientras que Petrobras posee capacidades y una posición financiera que podría complementar los esfuerzos de Pemex.

El acuerdo que esta semana firman ambas petroleras no debe limitarse a ser un instrumento para extraer hidrocarburos – debe convertirse en una plataforma que favorezca añadir valor a esos recursos.

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Nota del editor: Adrián Duhalt es analista del sector energético. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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