El gobierno manda, pero los extranjeros ponen más dinero
Petrobras no tiene un dueño único. Su propiedad está distribuida entre el Estado brasileño, fondos de desarrollo públicos e inversionistas privados de distintas partes del mundo. Lo que define quién controla la empresa no es quién pone más capital, sino quién tiene más votos.
Según el análisis de estructura accionaria de Petrobras actualizado a marzo de 2026 , el Gobierno Federal de Brasil posee el 50.26% de las acciones ordinarias, es decir, las que tienen derecho a voto para tomar decisiones estratégicas. Eso le garantiza el control corporativo. Si se mira el capital total de la empresa —sumando acciones con y sin derecho a voto—, el peso del Estado se reduce: el Gobierno Federal concentra el 29.02% del capital total, y sumando a sus brazos financieros, el BNDESPar con 6.98% y el BNDES con 1.05%, el grupo de control alcanza el 37.06%.
El resto del capital pertenece al sector privado. Y el grupo más grande no es brasileño: los inversionistas extranjeros concentran el 47.56% del capital total de la empresa, operando principalmente a través de la Bolsa de Valores de Nueva York y la bolsa brasileña B3. Los inversionistas privados locales suman el 15.39% restante, divididos entre fondos institucionales y pequeños accionistas minoristas.
Traducido: el Estado brasileño gobierna Petrobras porque controla los votos, pero más de la mitad del dinero invertido en la empresa proviene de afuera de Brasil. Es una empresa estatal en el sentido político, no en el sentido patrimonial.
El gigante que nació en el fondo del océano
Para entender por qué Petrobras es una pieza relevante para México, hay que mirar dónde está su verdadero músculo. En 2006, Brasil descubrió el Presal: una de las mayores reservas de petróleo y gas del mundo, ubicada bajo una gruesa capa de sal en el fondo marino del Atlántico Sur. Ese hallazgo transformó a Petrobras en una especialista mundial en extracción de crudo en aguas ultraprofundas.