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Productividad y bienestar. Gestionar el cambio hacia la reducción de la jornada laboral

La reforma no solo reduce la jornada ordinaria; también redefine el cómo, quién y cuándo autoriza el tiempo extraordinario.
mié 06 mayo 2026 06:05 AM
Las empresas dependen de las horas extra para operar y la reducción de la jornada laboral les pone un nuevo 'miedo'
La reducción de la jornada laboral supone un reto importante para las empresas, que deberán encontrar formas de mantener o incluso mejorar su productividad con menos horas laboradas, apunta Manuel Solano. (iStock)

La gestión de la productividad es un concepto que deberá ocupar la agenda de los CEO y los consejos de administración en el corto y mediano plazo en nuestro país, debido a la publicación, el 3 de marzo de 2026, de la reforma constitucional que establece la reducción gradual de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. Este cambio representa una de las transformaciones más relevantes en la forma de trabajar en México, en beneficio de los colaboradores, las empresas y el país.

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El propio decreto establece un régimen transitorio que permitirá una implementación gradual de la reforma, reduciendo la jornada de manera progresiva hasta alcanzar las 40 horas semanales en 2030. En concreto, la transición se dará de la siguiente manera: 48 horas en 2026, 46 horas en 2027, 44 horas en 2028, 42 horas en 2029 y 40 horas en 2030. Este diseño abre una ventana estratégica para que las organizaciones rediseñen sus modelos operativos, esquemas de turnos y estructuras de talento, evitando impactos abruptos en costos y productividad.

Un elemento relevante es que la reducción de la jornada no podrá implicar, en ningún caso, una disminución en los sueldos, salarios o prestaciones de las personas trabajadoras. Esto supone un reto importante para las empresas, que deberán encontrar formas de mantener o incluso mejorar su productividad con menos horas laboradas. La reforma no solo reduce la jornada ordinaria; también redefine el cómo, quién y cuándo autoriza el tiempo extraordinario. El límite de este pasó de nueve a doce horas semanales, distribuidas hasta en cuatro horas diarias y en un máximo de cuatro días por semana. Para las organizaciones, esto genera mayor capacidad de respuesta operativa, pero también exige revisar con anticipación sus impactos en costos laborales, integración salarial y cargas de seguridad social.

El decreto constitucional establece que la reducción gradual de la jornada ordinaria no contempla expresamente un régimen de transición para las horas extraordinarias, las cuales continúan regulándose bajo el marco vigente en cuanto a límites y pago adicional. No obstante, la reforma secundaria a la Ley Federal del Trabajo, publicada el 1 de mayo de 2026, introduce elementos de implementación progresiva en la gestión del tiempo extraordinario, particularmente en materia de control, registro y alineación con la reducción de la jornada, reconociendo el impacto operativo que esta conlleva. Asimismo, se refuerzan las restricciones para el trabajo de menores de 18 años, prohibiendo que realicen horas extraordinarias, lo que incrementa las obligaciones de control para las empresas.

Más allá de lo que se ha dicho y las narrativas que pudiera tener esta reforma, quiero hacer énfasis en un tema fundamental que deberíamos conversar en todos los consejos de administración y en los equipos de liderazgo en las organizaciones: ¿cómo vamos a llevar a nuestras empresas a una adopción eficiente de esta nueva regulación?

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Más que una pregunta, se trata de un llamado a la acción. Hasta ahora, estamos percibiendo poca actividad por parte de la gran mayoría de las empresas para empezar dicho proceso. En un estudio reciente de EY encontramos que una de las principales barreras es el costo asociado a la reducción de la jornada; sin embargo, resultará más costoso no anticiparse, ni empezar a diseñar escenarios que prioricen la operación del negocio, la productividad y al talento.

Anticiparse y trabajar con oportunidad permitirá gestionar mejor los procesos, salvaguardar el rendimiento financiero e incluso pulir la oferta de valor para el talento.

En este sentido, el estudio de EY señala que un 27% de las empresas encuestadas ya iniciaron su preparación y reportan indicadores más favorables en retención, productividad y satisfacción laboral, lo que muestra una contribución a una sociedad sana y en equilibrio, ya que los colaboradores tendrán más tiempo para ellos mismos, para pasar más tiempo con sus familias, hacer ejercicio y retomar cosas que los hagan sentir bien.

¿Qué queda por hacer?

Centrar todos los esfuerzos en impulsar una adopción de la reforma eficiente y ágil, así como entender y asumir que no hacerlo desde ahora resultará más costoso para la organización.

A continuación, se presentan 5 ejes rectores para una oportuna implementación:
1. Identificar qué debe modificar la organización frente a la reducción gradual de la jornada.
2. Definir qué posiciones se deben contratar bajo los futuros esquemas de trabajo.
3. Normar criterios respecto a cómo pagar el tiempo extraordinario.
4. Definir y normar la productividad.
5. Apalancarse del uso de la Inteligencia Artificial para mantener el mismo ritmo de trabajo, incluso mejorarlo gracias a esta tecnología.

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La reforma es ya una realidad constitucional con reglas de transición definidas. El reto no es cuándo ocurrirá el cambio, sino qué tan preparadas están las organizaciones para gestionarlo. En este contexto, la diferencia no estará en quién cumple, sino en quién logra transformar este cambio en una ventaja competitiva.

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Nota del editor: Manuel Solano es Socio Director Regional de EY Latinoamérica y Director General de EY México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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