México exportó 298,157 millones de dólares a Estados Unidos en la primera mitad del año, un aumento de 12.95% anual y el valor más alto registrado para un primer semestre. Al mismo tiempo, las importaciones mexicanas desde Estados Unidos alcanzaron los 195,577 millones de dólares. Esto generó un déficit comercial para Estados Unidos con México de 102,581 millones de dólares en lo que va del año, 6.6% más que el mismo periodo de 2025.
Más allá del déficit, la participación es lo que me llama la atención: México se mantuvo como el primer socio comercial de Estados Unidos, concentrando el 16.5% de su comercio total.
Como proveedor, las importaciones mexicanas representaron el 17.1% del total de compras estadounidenses (la mayor participación entre todos sus socios), seguido por Canadá (11.5%), Taiwán (7.8%), China (7.4%) y Vietnam (7.1%).
La distancia estructural es evidente y no está basada en decretos ni preferencias políticas, sino que se ha construido con décadas de integración productiva real: fábricas que comparten insumos en ambos lados de la frontera, cadenas de valor donde un componente puede cruzar la frontera hasta 17 veces antes de convertirse en producto terminado y una geografía que ningún otro país del mundo puede replicar.
Cuando se habla de revisar el T-MEC, se habla de renegociar las reglas de esa integración, no de deshacerla. Desarmarla no está en las manos de ningún negociador. Dicho esto, las revisiones anuales no son irrelevantes: la incertidumbre tiene costos reales. Inversiones que se posponen, contratos que se replantean, cadenas de suministro que buscan opciones alternativas mientras no hay claridad sobre el horizonte del tratado.
Cada ronda de negociación que termina sin acuerdo es otro trimestre de señales mixtas para el exportador mediano que necesita planear a dos o tres años.
El propio representante comercial de la Casa Blanca ha reconocido que el déficit con México genera menor preocupación que el de China, lo cual es consistente con lo que los datos muestran: la relación comercial con México funciona de manera distinta y más integrada que la relación con cualquier otro socio.