Sin embargo, la iniciativa forma parte de un conjunto más amplio de propuestas e instituciones impulsadas por China, para ampliar su influencia en la configuración del orden internacional emergente. Los BRICS, la Organización para la Cooperación de Shanghái, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS (NBD), las cuatro Iniciativas Globales, la Organización Internacional para la Mediación y la propia WAICO, prometen esquemas de gobernanza compatibles con un sistema multipolar, mayor inclusión de las economías emergentes y una interpretación más estricta de la soberanía estatal, todo lo cual, bajo la nueva narrativa desde el gobierno chino, las coloca como modelo alternativo a las organizaciones internacionales (OIs) diseñadas por las potencias occidentales tras 1945.
Las organizaciones de posguerra impulsadas por occidente contribuyeron a consolidar principios como los derechos humanos universales, el Estado de derecho, la cooperación multilateral y ciertas formas de gobernanza liberal. Evidentemente no han sido neutrales, ni plenamente representativas; pues reflejan relaciones de poder asimétricas y aplican sus principios de manera desigual, pero también contribuyeron a consolidar normas y mecanismos internacionales orientados a la promoción de los derechos humanos, la cooperación multilateral y la protección de individuos y comunidades frente a los abusos del poder estatal.
Así, aunque la nueva generación de las organizaciones impulsadas por China no necesariamente rechaza toda forma de universalismo, sí cuestiona la idea de que exista un único modelo político legítimo o un conjunto universal de valores definidos desde la tradición liberal occidental. En su lugar, promueve la coexistencia de distintas civilizaciones, sistemas políticos y trayectorias de desarrollo. Asimismo, favorece el financiamiento para el desarrollo sin las condicionalidades políticas que históricamente han acompañado a algunas instituciones financieras internacionales, aunque ello pueda generar nuevas formas de dependencia tecnológica y financiera. Estas iniciativas responden a una orientación más pragmática que ideológica; aunque también reflejan una visión marcadamente Estado-céntrica y soberanista. Al privilegiar la soberanía estatal por encima de otros principios, estas propuestas reducen el espacio para mecanismos internacionales de supervisión o presión política orientados a la protección de los derechos humanos cuando son vulnerados por los propios Estados.
Desde una perspectiva internacional, WAICO coincide con la creciente competencia entre China y Estados Unidos en sectores estratégicos como los semiconductores, las redes 5G, la ciberseguridad y las cadenas globales de suministro. Esta competencia plantea la posibilidad de que el mundo avance hacia arquitecturas paralelas de gobernanza tecnológica. Si esta tendencia se profundiza, podrían surgir estándares distintos en temas como la protección de datos, la transparencia algorítmica, la seguridad de los sistemas de inteligencia artificial o la responsabilidad frente a posibles daños tecnológicos.
La aparición de iniciativas como Pax Silica, promovida por Estados Unidos y sus socios, ilustra con claridad esta dinámica. Mientras Washington busca fortalecer redes tecnológicas sustentadas en alianzas estratégicas y mecanismos de cooperación entre socios confiables ( friend-shoring), Pekín impulsa plataformas de cooperación dirigidas principalmente al Sur Global. Ambas iniciativas reflejan visiones diferentes sobre cómo debería organizarse el futuro tecnológico internacional y plantean una pregunta relevante y legítima: ¿cómo construir reglas verdaderamente inclusivas para una tecnología que afectará a toda la humanidad? La inclusión de más actores y perspectivas en la gobernanza de la IA puede resultar positiva; sin embargo, la proliferación de marcos institucionales paralelos también podría dificultar la construcción de estándares compartidos para una tecnología cuyos efectos trascienden fronteras.
En suma, WAICO es relevante porque pone de manifiesto un cambio fundamental en la competencia internacional. La cuestión de fondo ya no es únicamente quién desarrollará los sistemas de inteligencia artificial más avanzados, sino en quién definirá los estándares, las instituciones y los principios que gobernarán esas tecnologías. WAICO es una avanzada a favor de una gobernanza de la IA impulsada desde China y plantea interrogantes sobre el futuro de los principios universales y los mecanismos de gobernanza global que han orientado la cooperación internacional durante las últimas décadas.