Este escenario plantea los desafíos de ampliar la protección de los automovilistas y hacer más eficiente la atención de quienes ya están asegurados. La inteligencia artificial puede contribuir de manera decisiva mediante diagnósticos más precisos y una gestión más ágil de los siniestros.
Su valor no consiste únicamente en automatizar actividades. También permite analizar grandes volúmenes de información, identificar daños, estimar costos, detectar inconsistencias y facilitar decisiones en minutos. Además, puede generar resultados más precisos, rastreables y auditables, con base en miles de millones de datos históricos y operativos que enriquecen la evaluación de cada caso.
Para el asegurado, esto puede traducirse en inspecciones más ágiles, menor incertidumbre, información continua sobre el avance de su caso y tiempos más cortos para autorizar una reparación. También puede reducir diferencias entre evaluaciones y ayudar a que las decisiones sean más consistentes, transparentes y comprensibles.
Para las aseguradoras, la oportunidad es igualmente relevante. La siniestralidad representa su principal componente de costo ya que de acuerdo con la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas, este, al segundo trimestre de 2025 equivalía a 61.5% de las primas del ramo de automóviles. Mejorar la precisión de las estimaciones, reducir retrabajos y detectar anomalías permite controlar costos sin deteriorar la calidad del servicio.
Sin embargo, un siniestro no se resuelve dentro de una sola organización. Participan ajustadores, valuadores, armadoras, distribuidores, proveedores de autopartes y talleres. La inteligencia artificial puede ayudar a conectar esa cadena, compartir información estructurada y evitar capturas duplicadas, llamadas innecesarias o autorizaciones basadas en documentos incompletos.
Los talleres también se benefician cuando reciben evaluaciones claras, expedientes completos y autorizaciones oportunas. Esto les permite planear cargas de trabajo, solicitar piezas con anticipación y reducir el tiempo que los vehículos permanecen detenidos. La eficiencia digital, por tanto, no sólo disminuye costos administrativos, también mejora la capacidad de reparación.