México creció más que en 2025, las exportaciones rompen récords, la inflación se controla, el tipo de cambio es flexible y estable. Todo eso es cierto. Pero me parece que leer los reportes del FMI y del Banco Mundial para una validación o como crítica política es perder lo más valioso que ofrecen: una mirada desde afuera.
Lo interesante es que sus perspectivas dicen algo específico.
El FMI reconoce los avances en consolidación fiscal al reducir el déficit en 2025 , pero advierte que el Paquete Económico 2027 propone una consolidación más gradual, con una trayectoria de deuda que seguirá subiendo en los próximos años si no se toman medidas adicionales. Su recomendación no es de austeridad ciega, es de credibilidad fiscal de largo plazo; que es exactamente lo que los inversionistas necesitan para comprometerse con horizontes de tres, cinco o diez años.
El Banco Mundial señala que la inversión privada sigue limitada por la incertidumbre sobre políticas internas, así como al entorno regulatorio e institucional doméstico, sumado a los aranceles de Trump y las revisiones en curso del T-MEC.
Ninguna de las dos instituciones financieras dice que México va mal.
Lo que dicen es más preciso. México va bien en lo que exporta, pero no en lo que produce internamente. Las exportaciones totales de bienes crecieron 30.4% en los primeros ocho meses del año, pero el PIB creció apenas 1.2% en el primer semestre. Esa brecha no es casualidad ni es transitoria, es estructural y la explican los tres factores que he señalado en mensajes anteriores: energía, infraestructura y financiamiento a las cadenas productivas medianas.
Lo que me parece más relevante del momento actual es la fecha en la que llegan estos reportes.
Estamos a menos de tres meses del cierre 2026, el cual empezó con enorme incertidumbre arancelaria y que, contra todos los pronósticos más pesimistas, terminará con exportaciones récord, una IED récord y el T-MEC en proceso activo de revisión sin señales de ruptura. Eso es más de lo que muchos esperaban a inicio de 2026.