Nintendo Switch 2 sirve como un cimiento esencial para que este juego brille. Las mejoras técnicas permiten que las batallas se desarrollen con una cantidad considerable de enemigos simultáneos. La tasa de refresco estable da como resultado una experiencia fluida y sin interrupciones, lo que convierte la acción prolongada en un espectáculo constante y es una prueba de que la consola puede sostener mundos enormes con una carga visual demandante.
Y es que no solo se trata de más enemigos. Los escenarios exhiben mayor profundidad ambiental. Las superficies lucen más detalladas y las texturas sostienen una coherencia artística que se alinea con la estética de Tears of the Kingdom. Esto transmite la sensación de un universo cohesionado en expansión, además de que abre la puerta a una interpretación más compleja de la mitología de Hyrule .
Las animaciones de combate resultan sumamente atractivas. La forma en la que los personajes encadenan movimientos ofensivos ofrece un espectáculo digno de la franquicia Zelda. Hay combos que se sienten diseñados para que el jugador los repita solo por placer visual y esa mezcla entre táctica y sobreestimulación convierte cada enfrentamiento en una fiesta interactiva.
La progresión es clara y adictiva. El jugador no solo avanza por la historia, que de por sí es un argumento de peso. También construye una relación con los héroes al modificar habilidades y equipo. El sistema, basado en ganar experiencia después de cada combate, empuja a experimentar con distintos estilos de pelea, lo que impulsa a continuar hasta el próximo reto. Y cuando ese reto llega, siempre es mayor que el anterior.
El juego reafirma el espíritu de la franquicia Hyrule Warriors como una obra que fusiona acción con una historia que busca expandir la narrativa de la saga. No reemplaza la esencia de Tears of the Kingdom, más bien la complementa con perspectivas paralelas que enriquecen el imaginario de sus seguidores. Es una expansión emocional para quienes, como yo, se niegan a abandonar ese universo.
Kirby Air Riders. Una vez más, Nintendo renueva la nostalgia
Kirby Air Riders apunta hacia una dirección completamente distinta. El título podría confundirse con un juego de carreras. Pero la realidad es que no es una experiencia centrada en la competencia lineal. A pesar de que mantiene elementos del título lanzado en Game Cube, aquí Kirby deja de ser un piloto en un circuito y se convierte en la chispa detonante del caos. Este cambio conceptual lo aleja de las etiquetas tradicionales del género.
La evolución respecto a la edición de hace más de 20 años es evidente al primer contacto. El juego exalta la velocidad, pero también introduce mecánicas que rompen con cualquier expectativa previa. Los niveles son arenas abiertas donde el jugador debe improvisar constantemente. En lugar de seguir un camino definido, se enfrenta a un flujo impredecible de obstáculos, rivales y oportunidades.
La experiencia busca que ningún momento se sienta igual. Kirby y los demás personajes pueden absorber habilidades modificadas para este tipo de movilidad y adoptar roles que alteran por completo el modo de juego. A veces es un muro imparable. En otras es una máquina de destrucción aérea. Todo depende de lo que se encuentre en el mapa. No existe un orden estricto. Solo existe la estrategia momentánea.
Este caos consigue darle identidad a la franquicia. Kirby deja atrás la dulzura tradicional para mostrar una faceta más agresiva y reactiva, ya que el juego se alimenta del exceso y exige reflejos rápidos para no perder el control. Esa sensación de incertidumbre lo distingue frente a cualquier otro lanzamiento reciente de Nintendo.
La consola Switch 2 entrega suficiente potencia para que la velocidad del juego se perciba fluida. Las partículas, efectos visuales y transformaciones lucen particularmente brillantes. Cada escena se siente saturada de estímulos. Es como si el juego buscara probar hasta dónde puede llegar la consola en términos de color, movimiento y elementos simultáneos en pantalla.
Sin embargo, esa exuberancia también puede volverse un problema. Hay momentos donde el caos visual roza la saturación. Esto dificulta identificar rutas óptimas o responder con precisión a los ataques enemigos. Algunos jugadores podrían sentir que la experiencia pierde claridad en los momentos más intensos. Lo que para algunos resulta emocionante, para otros puede convertirse en un obstáculo frustrante.
La falta de un modo de progresión más marcado también genera dudas. Aunque la libertad es parte clave del diseño, existe la sensación de que el juego pudo haber explorado más ideas, ya que en ciertos momentos se siente como si el equipo creativo hubiera priorizado el impacto instantáneo por encima de la profundidad a largo plazo.
A pesar de ello, Kirby Air Riders destaca como una propuesta fresca. Tiene identidad y la defiende con fuerza. Puede provocar discusiones divididas, pero nadie podrá decir que es un título genérico, pues incluso puede reinventar una franquicia sin renunciar a sus valores fundamentales.
En materia de controles, la respuesta es inmediata. No se perciben retrasos ni titubeos. El jugador sabe lo que está pasando en cada gesto. Esta precisión técnica salva muchos momentos donde la pantalla parece estallar de estímulos. Incluso cuando el diseño se torna caótico, la consola sostiene el rendimiento sin comprometer la jugabilidad.
¿Recomiendo comprar
Hyrule Warriors. Age of Imprisonment
y
Kirby Air Riders
?
Nintendo está creciendo su catálogo de cara a las fiestas con experiencias que se distinguen entre sí. Por un lado, Hyrule Warriors. Age of Imprisonment expande un universo que ya es parte esencial de la cultura pop y, por el otro, Kirby Air Riders toma una franquicia adorada y la arroja hacia un territorio caótico.
Recomendar estas obras depende del tipo de usuario. Hyrule Warriors es un título imprescindible para quienes siguen la historia de The Legend of Zelda. También es ideal para quienes buscan combates épicos con un claro sentido de progresión.
Kirby Air Riders es para quienes buscan una experiencia distinta. No pretende ser profundo y tampoco busca explicar demasiado. Es un título que vive del momento. Los jugadores que deseen una aventura estructurada podrían sentirse confundidos. Pero quien entienda la lógica interna de su propuesta lo disfrutará sin freno.