Datos difundidos por Associated Press señalaron que el Pentágono reconoció que la operación implicó movimiento de activos militares antes y durante la acción, incluyendo aeronaves y capacidades de apoyo que permitieron asegurar rutas, tiempos y extracción, sin detallar plataformas concretas.
Este tipo de lenguaje, como “assets were positioned”, “air and maritime elements supported the mission”, es consistente con operaciones previas de alto valor, donde Estados Unidos ha admitido posteriormente el uso de drones de vigilancia, aeronaves tripuladas y no tripuladas, y monitoreo continuo del objetivo, aun cuando los detalles técnicos permanecen clasificados.
Unidades como la Delta Force, bajo el paraguas del Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos (USSOCOM, por sus siglas en inglés), operan con sistemas que integran vigilancia aérea, sensores terrestres, análisis de inteligencia y comunicaciones cifradas en tiempo casi real. Este modelo, que han confirmado usar, permite que equipos pequeños actúen con una ventaja de información.
Ese ecosistema se construyó con apoyo de contratistas tradicionales como Lockheed Martin, Raytheon y L3Harris, responsables de plataformas de Intelligence, Surveillance and Reconnaissance (ISR) diseñados para recopilar, procesar y distribuir inteligencia que permita a fuerzas militares o de seguridad entender qué está ocurriendo en un entorno antes, durante y después de una operación.
Estas tecnologías han sido utilizadas en operaciones nocturnas, capturas de objetivos de alto valor y misiones de reconocimiento profundo, donde el dominio del espectro electromagnético y la baja detectabilidad son tan importantes como el entrenamiento del operador.
En estos escenarios, los drones no armados, los visores térmicos y los centros de comando móviles son herramientas recurrentes, documentadas en reportes oficiales posteriores a misiones pasadas, como el ocurrido en mayo de 2025, donde el Departamento de Defensa de EU señaló el uso de Palantir para su sistema Maven .
El valor que tienen este tipo de tecnologías está en la reducción del tiempo entre detección y acción y en que este tipo de tecnología, ya empleada en conflictos y operaciones anteriores, es la que permite que una incursión no dependa de una sola fuente de información ni de una decisión aislada.
En la última década, el Pentágono ha incorporado startups como Anduril Industries, que representan un cambio de paradigma. Sistemas de vigilancia autónoma, visión computacional y drones impulsados por inteligencia artificial han sido desplegados para monitoreo persistente y alerta temprana, reduciendo la necesidad de operadores humanos permanentes.