"Cualquier cosa que veamos que sea imperfecta nos genera rechazo porque ya todos tenemos una idea de lo que la IA debería ser. Quizás por eso hemos perdido la emoción", señaló Santana.
Según el experto, los usuarios pasaron del escepticismo total a una expectativa de perfección que ignora el hito técnico que supone, por ejemplo, que un modelo de IA "razone" o se comporte como un agente autónomo.
Esteban Rey, director del Yucatech Festival, coincidió con Santana en que la "emoción" ha sido, irónicamente, un enemigo de la implementación real, particularmente para las empresas.
“La inteligencia artificial no puede implementarse desde la emoción, sino desde el entendimiento de qué procesos realmente se benefician”, explicó durante el evento.
El directivo identificó que una de las principales barreras para que esta tecnología entregue beneficios económicos reales es la falta de pragmatismo. Desde su perspectiva, muchas empresas intentan reemplazar procesos humanos donde la empatía es clave, mientras ignoran áreas de "back office" donde la IA podría generar ahorros millonarios.
“Para clasificar tus leads, la IA es imbatible. Para tener una conversación de confianza con un cliente que tiene un problema, el ser humano es insustituible. Identificar ese límite es la palabra clave”, subrayó Rey.
Esta percepción coincide con el pulso global, por ejemplo, un informe de MIT reveló que 95% de los proyectos de IA generativa en empresas no han producido beneficios claros, mientras que el Índice de IA 2026 de la Universidad de Stanford señala que la mayoría de las iniciativas corporativas de IA no han generado valor tangible pese a inversiones millonarias.
Ambos expertos apuntaron que el peligro de la normalización es la subestimación. Cuando la tecnología deja de ser "increíble, corremos el riesgo de ignorar su poder transformador”.