Tres polos concentran la infraestructura regional
En América Latina, la fotografía de la infraestructura instalada está lejos de ser pareja debido a que México, Brasil y Chile concentran los tres polos regionales de centros de datos, y entre los dos primeros se reparten cerca del 60% de la capacidad instalada.
Ese crecimiento del cómputo, sin embargo, no viene acompañado siempre de la conectividad necesaria para sostenerlo. Zúñiga apunta que los grandes operadores, en su mayoría empresas estadounidenses acostumbradas a una infraestructura ya desplegada en su territorio, instalan sus centros de datos en las periferias de las ciudades, donde hay terreno disponible, pero no siempre existe ahí la red de fibra que esas operaciones requieren.
Además, si en el caso de la memoria RAM el cuello de botella está en la manufactura de las obleas, en la fibra óptica el punto de quiebre, según Zúñiga, es la escasez de técnicos capaces de fusionar cables de nueva generación.
Se trata de un oficio que perdió relevancia cuando la fibra óptica se convirtió en un commodity durante el despliegue masivo de las redes de fibra hasta el hogar (FTTH). "Antes, fusionar un cable requería un especialista casi al nivel de un doctor; con el tiempo ese perfil se abarató junto con el resto de la tecnología", explica.
Ahora la industria vuelve a necesitar ese conocimiento, los centros de datos para IA están dejando atrás las troncales de 288 fibras para instalar cables ribbon de hasta 2,880 hilos e incluso enlaces de 6,912 fibras, ya presentes en algunos proyectos de Estados Unidos y América Latina. En otras palabras, cada cable concentra hasta diez o veinte veces más fibras ópticas que hace unos años, por lo que conectarlas dejó de ser una tarea rutinaria. Unir miles de hilos con precisión milimétrica exige personal altamente especializado, un perfil que la industria dejó de formar cuando la fibra dejó de considerarse un recurso estratégico.
La consecuencia de esa falta de talento se refleja en la latencia, es decir, el tiempo que tardan los datos en viajar de un punto a otro. "Hoy ya tenemos la tecnología para que un especialista en México pueda realizar una cirugía asistida por un robot ubicado en Chile o Argentina. El problema es que la infraestructura todavía no ofrece la velocidad de respuesta que esa aplicación necesita", ejemplifica Zúñiga. En otras palabras, el desarrollo de la conectividad empieza a convertirse en un límite para tecnologías que ya existen.
Zúñiga anticipa que la disponibilidad de redes de fibra de última generación se convertirá en un factor cada vez más determinante para decidir dónde se instalan los próximos grandes proyectos de cómputo. El desafío, advierte, es especialmente relevante para América Latina, una región donde históricamente la infraestructura digital ha avanzado al ritmo de la demanda y no de la planeación de largo plazo. Primero ocurrió con la banda ancha, después con las redes móviles y ahora podría repetirse con la infraestructura que exige la inteligencia artificial.