La ingeniería social como el pilar que usan los ciberdelincuentes para manipular
El engaño para conseguir datos privados, contraseñas o dinero, o para lograr que una persona instale un programa malicioso, no nació con la inteligencia artificial. La ingeniería social consiste en manipular a una persona en lugar de vulnerar directamente un sistema informático, aprovechando emociones como el miedo, la confianza, la curiosidad o la urgencia para conseguir que realice una acción que favorezca al atacante.
La IA está llevando estas técnicas a otro nivel al permitir que los delincuentes hagan sus engaños más creíbles y personalizados. Pueden reproducir una voz o un rostro y adaptar una interacción al idioma, acento, modismos y contexto de una víctima.
De acuerdo con el Global Threat Report 2026 de CrowdStrike, los ataques de adversarios habilitados por IA aumentaron 89% interanual durante 2025. La firma también encontró que 82% de sus detecciones durante ese año no involucraron malware, sino que recurrieron a técnicas de ingeniería social.
Además, la disponibilidad de modelos avanzados está reduciendo algunas barreras técnicas para los atacantes. Brenda Cuevas, CEO de la empresa de ciberseguridad Protect Hub, señala que ciertas capacidades pueden ejecutarse o adaptarse sin necesidad de la infraestructura que anteriormente estaba reservada para grandes organizaciones.
“Ciertas capacidades pueden ejecutarse o adaptarse sin necesitar la infraestructura que anteriormente estaba reservada para grandes organizaciones”, mencionó a Expansión.
Esto representa un reto para los sistemas de seguridad que durante años se concentraron en comprobar la identidad del usuario mediante contraseñas, PIN, tokens, huellas digitales, reconocimiento facial y otras herramientas.
El problema es que una persona puede utilizar su propio dispositivo, ingresar correctamente sus credenciales y superar los mecanismos de autenticación, pero aun así realizar una operación fraudulenta porque fue convencida de hacerlo.