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IA y fraude: así pueden engañar a empleados para autorizar transferencias millonarias

Un caso en Reino Unido terminó con 25.6 millones de dólares transferidos tras una videollamada falsa. En México, los ataques con deepfakes aumentaron 484%.
Pantalla de monitor de computadora que muestra el rostro de una persona con vectores de IA para generar una deepfake.
México registró un repunte de 484% en el uso de deepfakes y ataques que son cada vez más sofisticados. (Foto: Tero Vesalainen/Getty Images)

Los ciberdelincuentes ya no necesitan vulnerar los sistemas de una empresa para intentar robarle millones, en algunos casos, basta con convencer al personal que tiene autorización para mover el dinero. La inteligencia artificial está haciendo que ese engaño sea más creíble al permitir clonar voces, rostros y formas de hablar para suplantar a personas de confianza.

Esta modalidad no es completamente nueva, sin embargo, sí se ha sofisticado gracias al potencial que la IA ofrece a los llamados deepfakes, los cuales ya se usan para manipular empleados y usuarios con el fin de cometer estafas.

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“Hoy en día, el atacante se esfuerza más en ser convincente al usuario final. Tú tienes un poder de autorización sobre tu cuenta bancaria, entonces el atacante se dedica a crear estos niveles de confianza”, mencionó en entrevista con Expansión Sandra Agudo, responsable de desarrollo de Kuvasz Solutions, empresa chilena especializada en tecnología para medios de pago.

Uno de los casos más conocidos ocurrió en 2024, cuando un empleado del área financiera de Arup, una empresa multinacional británica, fue engañado durante una videoconferencia en la que aparecieron falsificaciones digitales del director financiero y otros compañeros de trabajo.

El empleado creyó que hablaba con sus colegas y terminó autorizando 15 transferencias bancarias por un total de 25.6 millones de dólares. Los delincuentes habían utilizado imágenes y voces generadas con IA para hacer que los participantes de la videollamada parecieran reales.

El caso muestra hacia dónde está evolucionando la ingeniería social: el atacante ya no necesariamente busca entrar por la fuerza a la infraestructura tecnológica de una compañía, sino convencer a una persona que ya tiene acceso y permisos para realizar una operación.

Aunque en México no se ha divulgado públicamente un fraude corporativo mediante videoconferencia en vivo, la suplantación de identidad a través del uso de deepfakes sí vive un repunte de casos en el país. De acuerdo con El Reporte de Identidad de Fraude 2025-2026 de la agencia de Sumsub, México registró un repunte de 484% en el uso de deepfakes y ataques que son cada vez más sofisticados.

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La ingeniería social como el pilar que usan los ciberdelincuentes para manipular

El engaño para conseguir datos privados, contraseñas o dinero, o para lograr que una persona instale un programa malicioso, no nació con la inteligencia artificial. La ingeniería social consiste en manipular a una persona en lugar de vulnerar directamente un sistema informático, aprovechando emociones como el miedo, la confianza, la curiosidad o la urgencia para conseguir que realice una acción que favorezca al atacante.

La IA está llevando estas técnicas a otro nivel al permitir que los delincuentes hagan sus engaños más creíbles y personalizados. Pueden reproducir una voz o un rostro y adaptar una interacción al idioma, acento, modismos y contexto de una víctima.

De acuerdo con el Global Threat Report 2026 de CrowdStrike, los ataques de adversarios habilitados por IA aumentaron 89% interanual durante 2025. La firma también encontró que 82% de sus detecciones durante ese año no involucraron malware, sino que recurrieron a técnicas de ingeniería social.

Además, la disponibilidad de modelos avanzados está reduciendo algunas barreras técnicas para los atacantes. Brenda Cuevas, CEO de la empresa de ciberseguridad Protect Hub, señala que ciertas capacidades pueden ejecutarse o adaptarse sin necesidad de la infraestructura que anteriormente estaba reservada para grandes organizaciones.

“Ciertas capacidades pueden ejecutarse o adaptarse sin necesitar la infraestructura que anteriormente estaba reservada para grandes organizaciones”, mencionó a Expansión.

Esto representa un reto para los sistemas de seguridad que durante años se concentraron en comprobar la identidad del usuario mediante contraseñas, PIN, tokens, huellas digitales, reconocimiento facial y otras herramientas.

El problema es que una persona puede utilizar su propio dispositivo, ingresar correctamente sus credenciales y superar los mecanismos de autenticación, pero aun así realizar una operación fraudulenta porque fue convencida de hacerlo.

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“Ya no solamente se trata de tener el rostro en una autorización biométrica”, explicó Sandra Agudo. Para la especialista, las instituciones necesitan combinar diferentes variables para determinar si una operación coincide con el comportamiento habitual del usuario.

El dispositivo desde el que se realiza una transferencia, la ubicación, el horario, el monto y el destinatario pueden convertirse en señales de alerta. Si una persona comienza a operar desde un equipo diferente, envía una cantidad inusual o transfiere recursos a una cuenta desconocida, la operación puede requerir verificaciones adicionales, incluso después de superar los controles de identidad.

Agudo mencionó que para hacer más creíble una operación los atacantes incorporan palabras, acentos, modismos, gestos, y otros elementos del contexto de la víctima, “probablemente lo que voy a hacer es que la voz tenga un acento mucho más chileno que mexicano y lo mismo hago para la voz dentro de México”.

En este sentido, las pérdidas ocasionadas por estafas basadas en este tipo de interacciones ya alcanzan cifras multimillonarias aunque no todos incluyen inteligencia artificial. De acuerdo con La Comisión Federal de Estados Unidos (FTC) reportó que en 2025 casi el 30% de las personas que informaron haber perdido dinero en una estafa mencionaron que esta comenzó en redes sociales con pérdidas de hasta 2,100 millones de dólares.

Para las empresas el reto es evitar que esa capacidad de persuasión llegue hasta quienes tienen permisos para autorizar pagos o acceder a información sensible. Agudo recomendó combinar la capacitación de los empleados con controles adicionales para operaciones atípicas como una segunda autorización o una llamada por un canal previamente establecido.

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