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Los niños con sobrepeso son más propensos a tener "ene-amigos"

Los “ene-amigos” y el 'bullying' relacionado con el peso pueden tener un impacto negativo no solo en la salud emocional de los niños con sobrepeso, sino en la salud física.
mar 18 julio 2017 04:00 PM
'Bullying'
'Bullying' Al igual que el 'bullying' ha cambiado a lo largo de los años, Hollywood ha cambiado la forma en que se retratan a los acosadores en el cine y la televisión. (Foto: Paramount Pictures)

Lindsey Averill tiene una definición de tormento: la clase de educación física del séptimo grado.

Entre rebotes de balones y el ruido de los tenis sobre la duela del gimnasio, Averill solía escuchar a las niñas que ella creía que eran sus amigas cantar una cancioncita. La letra iba con dedicatoria para ella. “Wonder blob”, cantaban en voz alta las adolescentes. Algo así como “bola maravilla”.

Averill se ponía roja y le sudaban las palmas de las manos. En ese gimnasio, en una escuela privada en el condado de Westchester, Nueva York, es donde Averill se sintió más excluida. El profesor de educación física no hacía nada, recuerda.

"Me acosaban personas que me importaban y definitivamente había gente que pensaba que eran mis amigos y no lo eran", dice Averill, hoy con 39 años, mientras reflexiona sobre sus amistades en la escuela secundaria. Su peso, cuenta, era a menudo el blanco de las burlas.

Averill y la chica que le puso el apodo de wonder blob son hoy amigas cercanas. Sin embargo, hace muchos años, aquella niña se ajustaba a la definición de "ene-amiga" (frenemy, amigo y enemigo a la vez).

"Los niños pueden ser crueles. Tenemos que aceptar que eso es parte de ser niños, pero creo que los niños gordos son blancos específicos", dijo Averill. "Los niños con sobrepeso son particularmente susceptibles a tener ‘ene-amigos’ porque ya están en una posición donde sienten que tienen que luchar para pertenecer, por lo que son más propensos a aceptar el trato de un amigo que los menosprecia".

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Dos estudios publicados en junio apoyan la idea de Averill de que los niños con sobrepeso u obesidad tienen más probabilidades de tener "ene-amigos" que los niños que no tienen sobrepeso.

"Lo que vemos constantemente es esta falta de reciprocidad en la amistad, de modo que los niños con sobrepeso no tienen la reciprocidad de la amistad, sobre todo de niños que no sufren sobrepeso. Es algo que hemos visto en una serie de estudios a lo largo del tiempo y en diferentes países", advirtió Kayla de la Haye, experta en conducta y profesora en la Universidad de California del Sur, autora principal de uno de los estudios, publicado en la revista científica Plos One.

"Hubiéramos esperado que, a medida que las tasas de obesidad suben y se vuelve más normal o común, veríamos a las personas aceptarla como una característica más", dijo. "Lo que es sorprendente es cómo vemos consistentemente este rechazo y cómo afecta tanto a los niños con sobrepeso ser mal vistos por sus compañeritos en función de esa característica".

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El porcentaje de niños con obesidad en Estados Unidos se ha triplicado con creces desde la década de 1970, hoy uno de cada cinco niños en edad escolar es obeso, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades del país. Del mismo modo, en el Reino Unido, alrededor de uno de cada cinco niños de 10 a 11 años tiene obesidad, de acuerdo con el Servicio Nacional de Salud británico.

Los “ene-amigos” y el bullying relacionado con el peso pueden tener un impacto negativo no solo en la salud emocional de los niños con sobrepeso, sino en la salud física, y podría derivar en un mayor aumento de peso para un niño, señaló De la Haye.

La obesidad durante la niñez se asocia con un mayor riesgo de hipertensión arterial, colesterol alto, diabetes tipo 2, problemas respiratorios, y bullying y estimgatización, de acuerdo con los mencionados Centros para el Control de Enfermedades.

¿Por qué los niños con sobrepeso tienen más probabilidades de tener ‘ene-amigos’?

Para el nuevo estudio de Plos One, De la Haye y sus colegas analizaron datos sobre 504 niños de 28 aulas distintas de educación primaria en los Países Bajos. Los datos, recopilados entre 2001 y 2002, provienen de un proyecto nacional de investigación denominado Tracking Adolescents' Individual Lives Survey.

Los datos incluyeron respuestas a un cuestionario donde los niños indicaron quiénes eran sus mejores amigos en el salón, así como quiénes eran los compañeros que les desagradaban o caían mal. También se incluyó la altura y el peso de cada niño y se usó para calcular el índice de masa corporal de cada niño.

Los investigadores encontraron que los niños con sobrepeso tenían una menor probabilidad de ser nombrados como amigos por sus compañeros sin sobrepeso, pero además era 1.65 veces más probable que los incluyeran en la lista de los que caían mal.

"Vemos ejemplos en donde un niño con sobrepeso dice 'Sí, esta persona es mi amiga', y esa persona realmente ha dicho: 'No, no me cae bien (el niño con sobrepeso)'", dijo De la Haye.

"Es importante atender este ambiente social negativo porque puede tener un impacto negativo en la salud mental de los niños con sobrepeso y porque es una barrera para que los niños con sobrepeso adopten hábitos saludables", dijo, añadiendo que estigmatizar la obesidad no motiva a los niños a perder peso. "Los niños con sobrepeso que experimentan el rechazo de los compañeros y el aislamiento social suelen hacer menos ejercicio, suelen comer más y tener menos modelos positivos a seguir en lo tocante a hábitos saludables y un peso saludable".

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El nuevo estudio tenía limitaciones, pues solo tomó como base una muestra de niños holandeses y examinó las amistades dentro de un aula y no fuera del entorno escolar.

"Éste es realmente el primer estudio que analizó las relaciones de desagrado. Tenemos que hacer más de trabajo para saber si esto pudiera generalizarse a los niños en Estados Unidos, pero prevemos que sí... El estigma basado en el peso parece ser algo muy común entre los países", señaló la autora.

La Dra. Eliana Perrin, autora principal de otro estudio sobre el tema publicado el mes pasado en la revista Pediatrics, indicó que los niños podrían tener un sesgo implícito contra sus compañeros con sobrepeso, lo que podría conducir al bullying y a amistades no correspondidas.

"El sesgo implícito probablemente explica parte de por qué los niños con obesidad son más propensos a sufrir acoso", afirmó Perrin, jefa de la división de atención primaria en el departamento de pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke.

"Pero es importante aceptar que algunos niños también tienen sesgos explícitos y son conscientes del hecho de que prefieren un amigo delgado o de que excluirían activamente a un niño con obesidad de un equipo deportivo", dijo.

"Es algo que se aprende muy pronto"

El nuevo estudio de Pediatrics comprendió a 114 niños, de 9 a 11 años, en el área de Durham, Carolina del Norte. Los niños miraron imágenes de otros niños, de peso variado, durante 350 milisegundos. Luego se les mostró una imagen fractal sin sentido durante 200 milisegundos y se les pidió que calificaran la imagen fractal abstracta como "buena" o "mala".

Los investigadores diseñaron el estudio utilizando como instrumento el Procedimiento de Falsas Atribuciones Afectivas, un método para medir las actitudes implícitas.

Los investigadores encontraron que, en promedio, el 64% de las imágenes fractales que siguieron a la imagen de un niño con peso saludable fueron calificadas como "buenas", en comparación con el 59% de las imágenes fractales que siguieron a la imagen de un niño con sobrepeso. El hallazgo sugiere un sesgo de peso de 5.4%, según los investigadores.

"Nos sorprendió que el sesgo de peso fuera tan significativo, incluso en este grupo tan joven", dijo Perrin.

La mayoría de los niños en el estudio, el 69%, eran blancos, y se necesita más investigación para determinar si hay diferencias en el sesgo entre una población nacional y racialmente diversa, apuntó Perrin.

Como otro ejemplo de sesgo de peso, De la Haye, que no participó en el estudio de Pediatrics, citó un estudio previo sobre la estigmatización de los niños obesos. Ese estudio también tenía una mayoría de participantes blancos (el 71%).

Dicho estudio, publicado en la revista Obesity en 2003, involucró a 458 estudiantes de quinto y sexto grado a quienes se les pidió clasificar seis siluetas de niños en función de cuánto les agradaba cada niño en el dibujo.

Los dibujos en blanco y negro venían en una variedad de tamaños, desde delgados a obesos, explicó De la Haye. “Solo con base en eso, los niños decían: 'Prefiero ser amigo de la silueta más delgada'”, dijo De la Haye. "Es algo que se aprende muy pronto como un importante marcador de una característica que no nos gusta en las personas y que se traduce en comportamientos sociales como el rechazo y el bullying".

Averill, que fue acosada en la infancia por su peso, espera que este sesgo de peso desaparezca entre los niños.

Cómo detener el estigma del peso

Averill y Viridiana Lieberman produjeron un documental titulado Fattitude, que muestra cómo la cultura popular puede fomentar los sesgos de peso.

Su trabajo se estrenó en mayo en el festival de documentales DOXA en Vancouver, y en noviembre se proyectará en Nueva York en beneficio de la asociación para el trastorno alimentario compulsivo Binge Eating Disorder Association, dijo Averill.

En la mayoría de las películas o programas de televisión, "si vivo en un cuerpo gordo, soy el tonto o el monstruo, como Úrsula la bruja del mar o el Pingüino de Batman o Jabba el Hutt, que es literalmente un cúmulo de grasa", dijo Averill.

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"Si soy una mujer gorda en las películas, o bien soy muy hipersexual y me lanzo sobre el hombre -lo vemos mucho con Rebel Wilson– o soy todo lo contrario, soy completamente asexual y ni siquiera se piensa que tenga una sexualidad. Vemos mucho de eso en los personajes de madre, donde se presenta a una mujer de gran tamaño a la que todos ven como proveedora de cuidados y alimentos sin preocuparse por sus propias necesidades", detalla. "Este tipo de mensajes penetran en nuestro pensamiento cultural, entonces tomamos esos estereotipos y se los colocamos a las personas que conocemos en el mundo real".

A veces los padres transmiten sin querer juicios sobre el peso a sus hijos, comentó Averill. "Vemos a nuestros hijos y decimos: ‘Eres hermoso, eres perfecto’, pero cada vez que nos miramos en el espejo, decimos, ‘Soy tan gordo, y soy tan feo’, de modo que estamos pasando ese mensaje sin dirigirlo realmente a nuestro hijo", explica. "Estamos transmitiendo ese mensaje de que, si nuestro hijo es delgado, entonces la gente gorda no vale, así que culturalmente, necesitamos cambiar de chip".

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Cuando el estigma de peso ha sido identificado, Perrin señala que hay varias maneras de atajar el estigma, especialmente entre los niños.

"Uno de ellos es alentar a los niños a pensar activamente y combatir el estigma de peso, aunque tengan sesgos implícitos, pueden trabajar para evitar actuar siguiendo esos sesgos", dijo Perrin.

"Lo segundo es educar a los niños en los medios de comunicación, para que cuando vean películas, vean anuncios, participen en las redes sociales y así sucesivamente, puedan reconocer y protegerse de los mensajes estigmatizantes", sugirió. "Otro tercer camino es trabajar con los medios, los padres, las escuelas y los médicos para combatir los mensajes estigmatizantes y reemplazarlos o complementarlos con mensajes positivos que tienen más que ver con la forma en que actúan las personas en lugar de cómo se ven. Todos esos recursos pueden ayudar".

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