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Por qué a los niños les encantan las armas de juguete y qué hacer al respecto

Hasta ahora, las investigaciones científicas no han encontrado una relación entre jugar con armas de juguete y la violencia.
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Si un niño recurre a la violencia como forma de resolver problemas reales o si tiene una perspectiva maniquea del mundo cuando no está jugando, los padres de familia tienen que buscar ayuda. (Foto: Sorayut/Getty Images/iStockphoto)

La gran mayoría de los niños que juegan con pistolas de juguete nunca usarán una de verdad para lastimar a alguien. Además, la violencia con armas de fuego es un problema casi exclusivamente masculino.

Para muchos padres de familia es difícil reconciliar estos dos hechos porque no están seguros de si los juegos de sus hijos en casa se relacionan de alguna forma con el temor por su seguridad que sienten cuando los niños salen de casa.

Antes del tiroteo ocurrido en una preparatoria de Parkland, Florida, el mes pasado —y del subsiguiente auge de movimiento a favor del control de armas—, era mucho más fácil hacer a un lado la posible relación entre jugar con pistolas de juguete y la violencia con armas de fuego. Pero ahora, conforme la cultura se enfrasca en un análisis profundo de este problema, esa reacción débil parece incorrecta, si no es que cómplice.

Cada vez son más los padres de familia que quieren hacer algo respecto al miedo a la violencia con armas de fuego y que se preguntan si además de boicotear a empresas adeptas a las armas y protestar contra políticos patrocinados por la Asociación Nacional del Rifle [NRA, por sus siglas en inglés], deberían hacer algo más respecto a la omnipresencia de las armas en la vida de fantasía de sus hijos.

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El diálogo

Al igual que muchos padres de familia, Karina Moltz, habitante de Massachusetts, Estados Unidos, que tiene dos hijos, de cinco y siete años, esperaba poder evadir del todo el tema de las pistolas de juguete. Había evitado exponer a sus hijos a las armas y cuando surgió el tema, les explicó simplemente que no le gustaban las armas porque matan a la gente. A sus hijos les encantan las armas de juguete. Buscan formas de conseguirlas y juegan a los disparos en la galería de videojuegos.

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Moltz, miembro activa de Moms Demand Action for Gun Sense in America no quiere prohibírselas. Su madre prohibió estrictamente las armas cuando era niña y sabe bien que las prohibiciones de los padres amplifican los deseos de los niños por tener lo que se les niega. Por lo tanto, permite que sus hijos jueguen un poco a las armas, tanto en persona como en la pantalla, pero lo complementa con conversaciones para sondearlos.

"Mi objetivo es prepararlos lo más que pueda. En mi mundo ideal no querrían jugar a los disparos, pero [por lo que hemos platicado] al menos reconocen qué les hace sentir y qué están haciendo cuando juegan", dijo Moltz.

Brooke Berman, neoyorquina y madre de un niño de siete años, también lidia con la atracción de su hijo a las armas y ha hablado largo y tendido del tema con sus amigos y en terapia. "Hubo un tiempo en el que no lo dejaba tener una, pero él se la fabricaba con lo que fuera; ahora sabemos que hay un lugar y un momento para ello", dijo. "Sabe qué pasó en Parkland. Sabe que las armas matan a la gente. Él insiste en que [la suya] no es un arma real y que no es un asesino de verdad", explicó. "Tiene muy claro que está jugando".

De acuerdo con Michael Thompson, psicólogo y coautor del libro Raising Cain: Protecting the Emotional Life of Boys (Criar a Caín: Cómo proteger la vida emocional de los niños), "cuando un niño dice que entiende la diferencia entre jugar a las armas y el uso de las armas en la vida real, hay que creerle".

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null"Entiendo que a los padres les perturben estos juegos, pero es un juego y el juego no lleva a una agresión letal. El juego […] es consensual. Las agresiones lastiman y causan daño a la persona. El juego no produce nada de eso", explicó.

Realidad o juego

Thompson dijo que los niños se sienten atraídos por la noción de lo heroico y que estos juegos les sirven para verse como el hombre —y sí, a lo largo de la historia, han sido mayormente hombres— que combate al mal y salva al mundo. Mientras este interés en la violencia como herramienta de resolución de problemas se limite al mundo de lo fantástico, los padres de familia y los maestros no tienen nada de qué preocuparse. De hecho, los investigadores han descubierto que los juegos agresivos pueden servir para que los niños sean menos agresivos y que tengan conductas más prosociales en la vida real porque les da la oportunidad de manifestar sus impulsos en un entorno seguro.

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"Preocúpense por los niños que tienen problemas para controlar sus impulsos, que empiezan a emocionarse demasiado y a golpear a otros niños en la cabeza. Pero no traten a todos los niños" como si tuvieran un problema, señaló Thompson.

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Thompson dijo que si un niño recurre a la violencia como forma de resolver problemas reales o si tiene una perspectiva maniquea del mundo cuando no está jugando, los padres de familia tienen que buscar ayuda. Mientras esta conducta se limite al juego, no deberían preocuparse.

"Cuando es un conflicto real, puedes introducir el relativismo moral", dijo Thompson, quien explicó que en la vida de fantasía de los niños no hay cabida para las lecciones de subjetividad y para la humanización de los demás.

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Erica Weisgram, profesora de Psicología de la Universidad de Wisconsin en Stevens Point, Estados Unidos, y coautora del libro Gender Typing of Children's Toys: How early play experiences impact development (Clasificación de los juguetes de los niños por sexo: El impacto de las primeras experiencias lúdicas en el desarrollo) coincide en que las investigaciones psicológicas no han encontrado la relación entre jugar con pistolas de juguete y la agresión, aunque señala que los estudios no han sido lo suficientemente exhaustivos como para llegar a una conclusión clara.

"Los estudios sobre el tema son escasos y muy espaciados entre sí; hay una gran necesidad de llevar a cabo estudios sobre desarrollo, bien controlados y longitudinales, que tomen en cuenta el sexo, la composición étnica, la cultura y otras características de los niños que se estudian", dijo. "Es difícil hacer estos estudios porque son costosos, laboriosos y toman mucho tiempo, pero son muy necesarios".

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Por ejemplo, la falta de correlación entre los videojuegos y la violencia con armas de fuego en otros países podría no ser relevante en Estados Unidos, en donde la posesión de armas de fuego es más común que en cualquier otra parte del mundo. Los estadounidenses poseen casi la mitad de las armas de uso civil en todo el mundo, así que la posibilidad de pasar de usar un arma en la fantasía a usarla en el mundo real es mayor que en cualquier otra parte.

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¿Cuál es el atractivo?

Weisgram explica que la atracción de los niños a las armas probablemente consiste en una combinación de factores biológicos y culturales. Hay pruebas de que las hormonas masculinas se relacionan con lo que consideramos juegos masculinos aunque ningún estudio ha relacionado a los niños directamente con las armas de juguete.

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También hay pruebas de que es más probable que los padres les den a los niños juguetes que consideramos masculinos, entre ellos las pistolas de juguete, y que una vez que están conscientes de las diferencias entre los sexos, es más probable que los niños elijan juguetes diseñados para su sexo.

Si el pasado nos ha enseñado algo es que siempre habrá niños —varones y tal vez algún día más niñas inspiradas en la Mujer Maravilla— que disfruten de jugar con pistolas de juguete. Cuando eso ocurra, los padres podrían pensar en preguntarles por qué, antes que nada.

Cuando le pregunté a un niño de 12 años de Atlanta, Estados Unidos, me contestó que su interés por las armas surge de su interés en la historia. "A mi hermano y a mí nos encanta la historia, pero no puede haber historia sin guerra. Sabemos lo básico de la clase de armas que existían [en la Primera Guerra Mundial y] construimos una trinchera en el jardín". Me contó que le gusta jugar con pistolas Nerf, pero que no le interesan los rifles de municiones. "Uno es divertido, el otro es amenazador", explicó.

Un niño neoyorquino de siete años me dijo que le gustan las armas "porque son geniales. Es padre jugar con ellas. Es padre dibujarlas". Un niño californiano de cinco años me dijo que aunque prefiere jugar a los ninjas que a los disparos, entiende por qué a los niños les gustan las dos cosas. "Puedes correr mucho por todas partes. Es muy divertido correr por todas partes. A veces hasta puedes hacer una rueda de carro o una pirueta".

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Elissa Strauss escribe sobre la cultura y las reglas de la paternidad.

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