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Madeira, la isla de la eterna primavera

La "perla del Atlántico" de Portugal, situado a unos 480 kilómetros al oeste de Marruecos, se está diversificando conforme las aerolíneas de bajo costo llevan a visitantes más jóvenes.
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Atractivo A menos de cuatro horas de vuelo desde Londres o París, Madeira sigue siendo popular entre los adultos mayores. (Foto: Joana Cavalho/Turismo de Portugal)

Nota del editor: Paul Ames es periodista independiente y vive en Lisboa. Ha estado enamorado de Portugal desde que lo conoció de niño, en la década de 1970.

(CNN) – Clima primaveral todo el año. Montañas que se alzan del océano más azul. Abundantes frutas exóticas, mariscos excelentes y vinos inusuales.

Parece que Madeira es la isla que lo tiene todo. Sin embargo, la "perla del Atlántico" de Portugal siempre ha tenido problemas de imagen.

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"Un lugarcito deprimente y acartonado", le dijo un amigo británico al escritor estadounidense Paul Bowles en la década de 1950. "Nadie va, salvo las damas muy ancianas".

Bowles, famoso por sus viajes por los rincones más salvajes del norte de África, ignoró estas palabras y quedó encantado con Madeira. A menos de cuatro horas de vuelo desde Londres o París, Madeira sigue siendo popular entre los adultos mayores; sin embargo, este destino pacífico, situado a unos 480 kilómetros al oeste de Marruecos, se está diversificando conforme las aerolíneas de bajo costo llevan a visitantes más jóvenes.

Esto es lo que no puedes perderte cuando vayas a Madeira:

Zambúllete en pozas de roca volcánica negra

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En Madeira, las pozas de roca volcánica negra de Porto Moniz son los más lejos que podrás llegar desde Funchal, la capital de la isla.

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Hasta hace poco, tardabas varias horas en recorrer el sinuoso camino montañoso para llegar. Ahora, puedes llegar en tan solo 50 minutos gracias a una red de autopistas y túneles que atraviesan el corazón rocoso de la isla. La construcción de caminos ha recibido críticas por el impacto ambiental, pero ha puesto los extremos de la isla al alcance de los turistas.

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Diversificación
Madeira está plagada de rutas de senderismo.

En Porto Moniz, las olas del Atlántico se encuentran con los anillos escarpados de roca volcánica negra, formados por erupciones prehistóricas. Se han vuelto unos de los lugares para nadar más extraños y hermosos del mundo. Se trata de más de 4,500 metros cuadrados de pozas cristalinas de aguas tranquilas, separadas de las intensas olas del océano por unos muros de roca volcánica.

Senderismo en las "levadas" de Laurisilva

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Una red de senderos recorre los más de 2,092 kilómetros de canales de irrigación de piedra, conocidos como levadas, que atraviesan la campiña montañosa de Madeira.

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Muchos llevan al bosque de Laurisilva, remanente de la vegetación semitropical que cubrió la isla antes de que los exploradores portugueses llegaran en 1419.

Una de las más espectaculares es la Levada do Caldeirao Verde, que serpentea a lo largo de seis kilómetros de claros verdes y vistas del océano hasta llegar a una cascada de 91 metros de altura.

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Tropicalízate en el mercado agrícola

Vendedoras de flores vestidas con faldas multicolores tradicionales. Pescaderos armados con machetes rebanando atunes del tamaño de un torpedo. El Mercado dos Lavradores de Funchal es un espectáculo. El pescado es fabuloso, pero la fruta es el atractivo principal.

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Aquí crece casi cualquier cosa. Los plátanos de la isla son muy sabrosos y hay una variedad desconcertante de maracuyá; hay papaya, guanábana y algo parecido a un pino fálico, llamado monstera deliciosa (sabe a plátano cruzado con piña).

Disfruta los rayos del sol en Porto Santo

La gran desventaja de Madeira es que no tiene playas. Pero ahí entra Porto Santo.

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Porto Santo
La hermana pequeña de Madeira.

A un par de horas en el transbordador o a 15 minutos en avión, la hermana menor de Madeira presume ocho kilómetros y medio de playas de arena dorada a lo largo de una bahía de aguas cristalinas. La isla, de 5,000 habitantes, cobra vida en verano, cuando los madeirenses llegan a disfrutar del sol.

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En temporada baja, pocas cosas perturban el paisaje de lomas cónicas o el puerto soñoliento, en donde puedes visitar la que supuestamente fue la casa de Cristóbal Colón, quien se casó con la hija del gobernador.

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Sándwiches de sable negro en el Snack Bar Coca Cola

Es imposible no ver a estos habitantes aterradores de las profundidades en el mercado. Son una cosa negra, brillante, como serpiente, con ojos saltones y fauces de lobo.

El sable negro es el pescado favorito de Madeira. Encontrarás su carne blanca y firme en todas partes y a menudo en combinaciones extrañas con plátano frito. Junto al mercado, en el Snack Bar Coca Cola, sirven un sándwich legendario de sable negro marinado con cebolla y vinagre en pan bolo do caco, un pan sin levadura típico de Madeira. Va muy bien con un vaso helado de cerveza Coral, producto de la isla.

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Snack Bar Coca Cola, Rua Queimada de Cima 48, Funchal, Madeira, Portugal

Disfruta las estrellas Michelin en Madeira

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La comida más elegante no es mala. El chef Júlio Pereira usa ingredientes locales para crear platillos como el tempura de sable negro con arroz cremoso con lapas y cátsup de tamarillo, o el brûlée de maracuyá con manzana y helado de albahaca.

Los restaurantes de Madeira se están haciendo de una buena reputación gourmet internacional. Il Gallo d'Oro, en el hotel Cliff Bay en Funchal, ganó su segunda estrella Michelin en 2017; la guía entregó su primera estrella al glamuroso restaurante William, en el hotel Reid's.

Snack Bar
El legendario sándwich de Coca Cola.

Si quieres una comida memorable, puedes almorzar en Fajã dos Padres. El restaurante se sitúa en un terreno al pie de unos acantilados de 250 metros de altura. Solo puedes llegar en bote o en un teleférico bastante empinado. Las mesas, a la sombra de las palmeras, tienen vista a una playa de guijarros. Alrededor están los jardines que suministran las frutas y verduras orgánicas.

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Los pescadores locales llevan la pesca del día al chef Amândio Gonçalves, quien prepara lapas a la parrilla, atún a la sal o escaro en adobo con camote. Fajã fue un retiro de sacerdotes jesuitas que producían vinos de uva malvasía para facilitar su aislamiento. Los turistas modernos que de verdad quieran alejarse de todo pueden reservar una estancia en una de las siete casas restauradas al pie del acantilado.

Il Gallo d'Oro, Estrada Monumental 147, Funchal, Portugal; +351 291 707 700
Fajã dos Padres, Estr. Padre Antônio Dinis Henrique 1, Quinta Grande, Portugal; +351 291 944 538

Hospédate en una quinta

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Funchal tiene muchos hoteles enormes al pie de la playa, pero la alternativa es quedarte en una quinta. Se trata de casas de campo aristocráticas, usualmente relacionadas con la vinicultura.

Hay varias en las lomas, sobre la costa, que se han transformado en residencias boutique rodeadas de jardines que emanan el encanto del viejo mundo.

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Entre las mejores está la Casa Velha do Palheiro, que al principio fue la cabaña de caza de un conde. También está la Quinta Jardins do Lago, que fue hogar de un general británico que protegía la isla de Napoleón, o la Quinta do Estreito, cerca de Câmara de Lobos, un pueblo de pescadores.

Casa Velha do Palheiro, Rua da Estalagem 23 Palheiro Golf Sao Goncalo, Funchal, Madeira, Portugal; +351 291 790 350
Quinta Jardins do Lago, Rua Dr. Joao Lemos Gomes 29 São Pedro, Funchal, Madeira, Portugal; +351 291 750 100

Recorre el camino largo y sinuoso

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La explosión de obras públicas, en la década de 1990, dotó a Madeira de una red de túneles y carreteras nuevas que recortan los tiempos de viaje en la isla.

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Algunos de los viejos caminos de infarto que bordeaban los acantilados y por los que pasaba una que otra cascada se cerraron. Sin embargo, Madeira sigue ofreciendo grandes viajes por carretera.

Quintessential
Alojarse en una quinta.
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Al oeste de Funchal hay un camino que parece una montaña rusa a lo largo de pendientes vertiginosas, pueblitos pintorescos y costas atlánticas salvajes. La variedad de paisajes es asombrosa.

Puedes ver África en las plantaciones de plátano de Calheta; a Irlanda a unos kilómetros, en los acantilados verdes de Ponta do Pargo, y picos cubiertos de nubes que parecen pinturas de paisajes chinos en Pico Ruivo.

Las influencias flamencas de Funchal

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En el siglo XV, Madeira era la potencia cañera que suministraba azúcar al norte de Europa.

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Los mercaderes de Amberes y Brujas eran los mejores clientes, lo que explica que Funchal contenga un tesoro de obras de Dieric Bouts, Gerard David y otros maestros flamencos. Puedes verlas en el Museo de Arte Sacro de Funchal o en la catedral gótica, ricamente decorada. Los modernistas disfrutarán de la arquitectura vanguardista del centro artístico MUDA o de los portales cubiertos de grafiti de la ciudad vieja.

Museu de Arte Sacra, R. do Bpo. 21, Funchal, Portugal; +351 291 228 900

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El escondite de la monja

Curral das Freiras es un pueblo rodeado por un anfiteatro de montañas escarpadas. El nombre viene de las monjas (freiras) que se ocultaban de los piratas saqueadores. Además del paisaje imponente, el pueblito es famoso por las castañas que crecen en las pendientes boscosas más bajas.

Costa de la montaña rusa
Carreteras de Shorline de Madeira.
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En temporada, se comen asadas, en la calle, o en platillos como la sopa de castañas, cordero lechal con castañas o pudín de castañas acompañado de licor de castañas.

Aprende a distinguir el boal del malvasía

El vino de Madeira vuelve a estar de moda, especialmente en Estados Unidos. Las ventas se han duplicado y las añadas raras se venden por miles de dólares. Los mejores se producen con una sola variedad de uva, ya sean los sercial o los verdelhos más secos que se sirven como aperitivo, o los boal y los malvasía, perfectos para acompañar los clásicos pasteles de melaza de Madeira. En Funchal hay muchas bodegas pintorescas que ofrecen catas.

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Asados a las brasas

Pese a que las aguas son ricas en mariscos, el platillo favorito de los isleños es decididamente la carne.

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La espetada consiste en trozos de carne tallada con ajo y sal ensartados en una rama de laurel y rostizados a las brasas.

La mejor está en el pueblo montañés de Estreito de Câmara de Lobos, lugar que alberga a restaurantes famosos como Santo Antonio, Viola y As Vides, en donde la sirven con cubos de puré de elote frito y papas fritas al orégano.

Restaurante Santo Antonio, Estrada Joao Goncalves Zarco Nº 656, Estreito de Câmara de Lobos, Madeira 9325-087 Portugal; +351 291 910 360
Viola, Estreito de Câmara de lobos Estrada Joao Goncalves 596, Câmara De Lobos, Madeira 9325 Portugal; +351 291 945 601

Pon a prueba tu temple en Cabo Girao

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Es probable que Irlanda o Noruega le hagan competencia a Madeira en el tema del acantilado marino más alto de Europa. Esos detalles casi no importan cuando los turistas ponen un pie en la plataforma de observación de Cabo Girao y admiran las olas del Atlántico, 580 metros más abajo, a través de su piso de vidrio.

Las connotaciones flamencas
Museu de Arte Sacra

El cabo es un trozo de roca negra que se alza sobre Câmara de Lobos. Aquí, los atardeceres son fenomenales.

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Disfruta las flores

La madre de todos los jardines públicos de Madeira es el Jardim Botanico da Madeira, que cuenta con más de 3,000 especies de plantas, entre las que hay flores endémicas como los geranios impactantemente rosas de Madeira o el orgullo azul de los arbustos de Madeira. Los jardines rodean una quinta construida por una familia británica en la década de 1880 que tiene vistas panorámicas de Funchal.

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Jardín Botánico de Madeira , Caminho do Meio- Bom Sucesso, Funchal, Madeira, Portugal; +351 291 771 310

Bebe "poncha"

Madeira es famoso por sus vinos, pero los lugareños también apagan su sed con un brebaje potente llamado poncha. Tradicionalmente se hace con aguardiente de caña con jugo de limón y miel, aunque a veces usan maracuyá u otras frutas.

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El hielo es opcional, pero la poncha fresca siempre es mejor que las embotelladas. Pruébala en el Bar Number Two, en el muelle de Câmara de Lobos.
Bar Number Two, Rua Imperatriz Dona Amelia, 154, Funchal, Madeira Portugal; +351 291 230 676

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Prueba las lapas en Doca do Cavacas

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Para los amantes de los mariscos, hay pocas experiencias mejores que cenar bajo el cielo estrellado, con el mar a sus pies.

Anfiteatro de montañas
Curral das Freiras.

Enclavado en la costa de Funchal, el restaurante Doca do Cavacas lo tiene todo.

Hay lapas salteadas en mantequilla y ajo, pescado a la parrilla (el bodião de escamas color escarlata es delicioso) y pudín casero de maracuyá.

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Doca do Cavacas, Rua da Ponta da Cruz Ponta de Cruz, Funchal, Madeira, Portugal; +351 291 762 057

Un paseo por las nubes

Cuando está nublado en Funchal, vale la pena ir al norte, al Pico do Arieiro. La pendiente es tan pronunciada que a los autos les cuesta llegar a tercera, pero vale la pena cuando el camino sale a una meseta soleada, interrumpida por picos desnudos que sobresalen de la capa blanca de nubes. Los paisajes se estrechan de la escarpada costa norte hasta Funchal, en el sur.

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Desciende la montaña en una canasta

Esta es la clásica experiencia de Funchal desde la década de 1850. Al pie de la hermosa iglesia de Monte, unas pandillas de hombres musculosos, vestidos con pantalones blancos y canotiers de paja reposan entre las pilas de toboganes tejidos con juncos.

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Espetada
Carne en un palo.

Los visitantes pagan 30 euros (unos 600 pesos) y luego se meten en una de estas canastas para que dos hombres los impulsen a veloz viaje cuesta abajo, a lo largo de dos kilómetros de carriles estrechos y empinados. En el descenso a Funchal puedes alcanzar velocidades superiores a los 64 kilómetros por hora.

El festín del hurón

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La Quinta do Furao es un nombre inusual para uno de los mejores hoteles de la costa norte de Madeira.

El edificio fue la residencia de un aristócrata y ocupa un terreno enorme, rodeado de viñedos e interminables paisajes del océano.

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Furao significa "hurón", que aparentemente era el apodo del antiguo propietario. El restaurante del hotel ofrece alta cocina con una vista inmejorable y productos locales con un toque creativo. Hay atún en costra de ajonjolí o codorniz marinada en melaza de caña y vino de Madeira.

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Quinta Do Furao Hotel, Achada do Gramacho, Santana, Madeira, Portugal; +351 291 570100

Deja salir al CR7 que llevas dentro

El mejor futbolista del mundo (lo sentimos, Messi) es oriundo de Funchal.

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Cristiano Ronaldo nació aquí en 1985 y empezó a patear balones en equipos juveniles locales antes de alcanzar la fama con el Manchester United y el Real Madrid.

De altura
Miradouro do Cabo Girão.

El gobierno de Madeira erigió una estatua de bronce enorme de su hijo favorito en el malecón; en 2013, se inauguró el museo CR7, en el que se exhiben sus famosas camisetas y otros recuerdos.

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En 2016, el futbolista inauguró el primero de una serie de proyectos con el grupo hotelero madeirense Pestana. El Hotel Pestana CR7 , en la costa, da a los huéspedes una probada de su estilo de vida lujoso: hay un circuito de acondicionamiento físico a la medida, jacuzzi al aire libre, un arsenal de aparatos electrónicos y una alberca infinita con vista al espectacular puerto de Funchal.

Museo CR7 , Princesa Dona Amelia, 10, Funchal, Madeira, Portugal; +351 291 639 880
CR7 Hotel, Av. Sá Carneiro/Praça do Mar, 9000-017, Funchal, Portugal; +351 291 140 480

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