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Cantar con cubrebocas: Mariachi confiesa la verdad sobre su trabajo

Exponemos cuáles son las tristezas y desventuras a las que estos músicos se han enfrentado a raíz de la pandemia.
vie 21 enero 2022 08:54 AM
(Mariachi posa para una foto, luciendo un cubrebocas y su instrumento musical)
De cara a un escenario tan complejo como desarrollarse como Mariachi en la pandemia, surge la duda de por qué seguir en el camino de la música.

El mariachi esta enraizado en la cultura mexicana. Estos músicos hacen más que embellecer y formar parte del folclor del país. Son acompañantes de grandes celebraciones y conmemoraciones; están ahí para los cumpleaños con “Las mañanitas”, para los adioses con “Las golondrinas”. Acuden al llamado de los corazones rotos y también al de los que esperan con ilusión a que su ser amado se asome por una ventana para deleitarse con cada melodía. En fin, el mariachi celebra la vida y honra la muerte.

El aprecio por el mariachi es tan grande en México y el mundo que existe un día específico para celebrarlos: el 21 de enero. ¿Pero qué hay detrás del traje típico y los instrumentos? ¿Quiénes son esas personas? Expansión conversó con uno de estos hombres, uno que ha dedicado su vida a la música desde 1985.

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La vida de los mariachis en la pandemia

Hace dos años, el mundo entró en una etapa de la que aún no logra salir: la pandemia por COVID-19. Este nuevo escenario vino a cambiar por completo el ritmo de vida, orilló a la población al aislamiento y le arrebató el empleo a miles de personas. Para aquellos cuyo trabajo depende del contacto directo con las personas, el golpe fue inminente, como es el caso del mariachi.

A principios de 2020 la indicación era clara: “quédate en casa”. En ese momento, el mundo para los mariachis se pausó. No había eventos, ni reuniones. Ya no circulaban carros por Garibaldi. La búsqueda por llevar ingresos al hogar los orilló a probar con otras alternativas. Así lo relata Daniel Alberto de Anda, músico, compositor y mariachi.

“Desgraciadamente cuando estábamos en semáforo rojo tuvimos cero compromisos. De hecho yo me vi obligado a trabajar en lugares públicos: restaurantitos, mercados, fondas, cualquier lugar donde hubiera personas; porque como era semáforo rojo, no había ni gente en la calle. Sí la sufrimos mucho, mis compañeros músicos y yo. La situación estaba para llorar. Algunos hasta se metieron a vender de ambulantes. No había nada de gente ni eventos, todo muerto”, relata.

La aparente solución de buscar otros escenarios para compartir su música, no resultó óptima; además de exponerlos a contraer el virus, los dejaba expuestos a la delincuencia o los abusos por parte de otras personas.

“Yo decidí trabajar cerca de casa en estas fondas o lugares con personas, también por seguridad. A algunos compañeros les tocó que iban a lugares lejanos y había gente mala que los agredía”.

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Los gastos del oficio

A los bajos ingresos, la inseguridad y la incertidumbre se le sumaba la inversión que requiere ser músico, para dar mantenimiento a su vestimenta y herramientas de trabajo: “Por ejemplo, de cuerdas para los instrumentos que las requieren, te andas llevando arriba de 500 o 600 pesos por instrumento, por lo menos; porque el mariachi trabaja diario, y sí se desgastan, tanto el instrumento como las cuerdas se desgastan, hasta para ensayar”.

Otra inversión significativa es el traje de mariachi, que en algunos casos puede superar los 10,000 pesos. Daniel de Anda relata que cada medio año, aproximadamente, las agrupaciones se tienen que poner de acuerdo para mandar a hacer sus botonaduras, que varían en materiales pero generalmente son de plata o níquel.

mariachi

Los retos de volver al trabajo

Con la paulatina apertura de restaurantes, plazas públicas y el retorno de las personas a las calles, los mariachis hicieron lo posible por reintegrarse a sus labores cuidando las medidas de salud establecidas por las autoridades; esto supuso otro reto.

De Anda comenta que cantar con cubrebocas es complicado. El aire no fluye igual. Existe sensación de ahogo y la voz no sale con la potencia que generalmente lo haría.

“Yo canto y mejor me las ideé para hacerlo con una careta porque con cubrebocas no se puede pero sí había que protegerse, por salud y porque sin cubrebocas o alguna protección tampoco te dejan cantar en algunos lugares”.

El tiempo de trabajo también se extendió; previo a la pandemia, cuando Daniel de Anda cantaba con Mariachi trabajaba de cinco a seis horas y con eso se “ganaba bien”. Pero con la llegada de la emergencia sanitaria se extendían las horas de trabajo y reducían las ganancias.

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Seguir por pasión a la música

De cara a un escenario tan complejo, surge la duda de por qué seguir en el camino de la música y el mariachi. De Anda comenta que es por el amor que le tiene a su trabajo.

Para mí la música es mi pasión y mi terapia (…) Ahí me desestreso y saco todo lo que yo traigo: sentimientos, tristeza, alegría, lo que sea. Para mí es una cosa que no tiene precio

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Finalmente, comparte que ahora está comenzando a desarrollarse en una faceta que lo tiene muy feliz y orgulloso.

“A mí la música me encanta y ahorita estoy empezando a desarrollar otra faceta, que es la de compositor. Ya tengo 20 canciones de autor registradas y eso, la verdad, es que me hace sentir muy bien”.

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