OPINIÓN: Donald Trump continúa su campaña xenófoba tras su visita a México

El candidato presidencial republicano dio un discurso enardecedor contra los migrantes, apartándose drásticamente de su retórica ante el presidente mexicano.
Peña Nieto no fue contundente con Trump, en que México no pagará el muro
Por: FÉLIX SÁNCHEZ

Nota del editor: Félix Sánchez es presidente y cofundador de la National Hispanic Foundation for the Arts. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – El discurso enardecedor sobre la inmigración llegó la noche del miércoles. Pero antes... Donald Trump voló más temprano a México, llevando su propia versión del realismo mágico. Aterrizó en Los Pinos, en la Casa Blanca mexicana.

Trump, el agresor surrealista, voluntariamente viajó en helicóptero al territorio enemigo para enfrentar un resultado desconocido.

Dos hombres asediados que enfrentan índices de aprobación pésimos se miraron el uno al otro en busca de salvación. El presidente mexicano, que no tenía nada que perder, súbitamente se encontró como el agente de poder/mediador inesperado del líder de estado más rebelde del mundo.

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Ellos se reunieron casi dos meses antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos: una escena de una novela de Gabriel García Márquez. Trump —abandonado en las encuestas por los blancos educados, por los negros y los latinos—buscaba un salvavidas.

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Y de hecho, el viaje trajo un resultado sorprendente. Con su dominio del tiempo y de la óptica del evento —y su astuto posicionamiento para asegurarse de que sus comentarios fueran la última palabra—, esto puede representar el evento en el que Trump se convirtió en un político.

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Les guste o no, Trump se anotó un jonrón con esta estratégica de viaje sorpresa a México, una nación que actualmente está de luto por la muerte de su icono musical mundial, Juan Gabriel. Trump, de pie en un podio de igual altura que el de un aliado estadounidense, elevó su estatura presidencial.

La paridad visual entre un líder mundial y un aspirante a líder mundial enfatizó la igualdad entre México y Estados Unidos: un nuevo orden mundial, incluso, con México en este caso, tomando el centro del escenario.

Pero, por supuesto, solo unas cuantas horas más tarde, lo que tomó el centro del escenario fue la diatriba xenófoba de 10 puntos de Trump, presentada con antagonistas latinos, como el sheriff Arpaio, a medida que el candidato volvía a ser el mismo en un discurso sobre inmigración, completamente desligado del mensaje potencialmente progresista que comenzó en la Ciudad de México.

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Tuvo su sesión de fotos en Los Pinos y ahora estaba de vuelta para tranquilizar a su base. Es una pena.

Pero no dejemos empañar por completo su visita a Peña Nieto, que merece alabanza.

A pesar de la naturaleza fantástica del encuentro, el presidente de México enfrentó frontalmente la campaña de desinformación de Trump contra los mexicanos y los mexicano-americanos. La dependencia de Trump hacia las imágenes extremas de merodeadores mexicanos haciendo pillaje y saqueando a Estados Unidos ha creado el nuevo 'coco' para los estadounidenses, el nuevo Willy Horton.

Los detalles de la reunión entre Peña y Trump

Por tener el valor de enfrentar a Trump, el presidente Enrique Peña Nieto debe recibir felicitaciones por defender el honor de los mexicanos y mexicano-americanos. No es como que Barbra Streisand, Ben Affleck o Oprah Winfrey hayan salido a nuestra defensa.

Pero lo notable fue que no fue el presidente de México quien llegó a la Trump Tower en busca de una bendición, sino el candidato presidencial republicano de Estados Unidos quien parecía venir a buscar el consejo del presidente mexicano.

No fue una visita a las capitales de Gran Bretaña y Alemania, pero es una verdadera cumbre de América del Norte: un momento único en el que México exhibió y ejerció su poder sobre el posible próximo presidente de Estados Unidos. México fue el único lugar al que Trump podía venir y tratar de lograr una validación importante que le hacía falta.

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Los mexicanos, después de todo, todavía tienen la llave hacia un cerrado grupo demográfico de votación en Estados Unidos.

A Trump le fue bien en su viaje a México, a pesar de que no fue limpiado espiritualmente de su retórica pecaminosa y mordaz y de su alarmismo antinmigrante. Pero dirigió su discurso a los votantes estadounidenses de origen mexicano y a los republicanos nerviosos preocupados por que hubiera llevado su mensaje demasiado hacia la derecha alternativa.

¿Cómo podría esto haber ayudado a su candidatura?

La Coalición Latina Democrática siempre ha tenido un talón de Aquiles, que incluye tres segmentos latinos cruciales: los cubano-americanos, que no tienen un problema de inmigración gracias a la política de “pie seco” de Estados Unidos; los puertorriqueños, que de manera similar no tienen un problema de inmigración ya que todos los puertorriqueños nacen como ciudadanos estadounidenses; y finalmente los mexicano-americanos multigeneracionales, que en su mayor parte no tienen preocupaciones de inmigración.

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No es que estos latinos estadounidenses no tengan empatía o no apoyen a los inmigrantes latinos y su lucha, pero no es su máxima prioridad. Jeb Bush entendió el punto óptimo de los latinos y cómo estos votantes eran perfectos para apoyarlo, razón por la cual la campaña de Clinton se preocupaba más por Jeb Bush que por cualquier otro candidato del partido republicano.

Pero es difícil ver cómo funcionará esto para Trump, sobre todo si los latinos se sintieron atacados por su llamada a las armas en contra de los inmigrantes transmitida por la noche en televisión nacional. Estos votantes indecisos latinos parecen haberse agrupado detrás de la secretaria Clinton, quien tiene una larga y auténtica historia con las comunidades migrantes desde Texas hasta Puerto Rico.

Lo que el presidente de México hizo hoy fue replantear la relación entre Estados Unidos y México, haciendo hincapié en cómo la economía fronteriza afecta mucho más que solo a los latinos estadounidenses, afecta a las economías de los principales estados desde California hasta Texas. En su aparición conjunta, el debate se apartó, aunque brevemente, del mero señalamiento, y entró en el terreno del gobierno compartido binacional. El enfoque exclusivo sobre la inmigración indocumentada fue ampliado para incluir la discusión del flujo ilegal entre ambos países de dinero en efectivo, drogas y armas de fuego, y cómo eso contribuye a la perpetuación de las pandillas y los cárteles de narcotráfico.

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Lo que la reunión con Trump también mostró es lo poco que entendemos acerca de los principales engranajes de la economía estadounidense: la dependencia del país hacia socios comerciales como México, los beneficios que han redundado en ambos países en virtud de los acuerdos de libre comercio, y la importancia de perfeccionar, pero no desechar, los acuerdos comerciales bilaterales.

Trump puede haber ganado en las apariencias del día (en la primera parte, por lo menos) y puede que haya resucitado su campaña, considerada por muchos como en cuidados intensivos, pero la cuestión es si este momento propulsará a Trump hasta conseguir la Casa Blanca.

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