OPINIÓN: El aterrador trasfondo para las mujeres en la elección de EU

Las actitudes machistas y de superioridad sexista del candidato republicano auguran una realidad de represión femenina en el país si ganara.
El candidato republicano llamó a Clinton "mujer asquerosa" en el último debate presidencial.
Insultos en campaña  El candidato republicano llamó a Clinton "mujer asquerosa" en el último debate presidencial.  (Foto: Reuters)
Por: MEL ROBBINS

Nota del editor: Mel Robbins es comentarista de CNN, analista legal, autora de best-sellers y oradora. Es editora colaboradora de la revista Success. En 2014, fue nombrada presentadora destacada de noticias en los Gracie Awards. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de la autora.

(CNN) — Hay una cuestión aterradora en la boleta electoral de la próxima semana que merece tu atención: el tratamiento de las mujeres en un mundo donde Donald Trump esté a cargo.

Son palabras fuertes, pero es hora de que dejemos de fingir que no son ciertas. En este momento, Estados Unidos está recibiendo una lección de clase mundial sobre superioridad masculina y sexismo por parte de un candidato, sus agentes políticos mayormente masculinos y un grupo de partidarios aparentemente enfurecidos por el dominio de una mujer.

Ya sea la “arrogancia” de Megyn Kelly de Fox, que se atreve a desafiar a Trump ante las cámaras, o el hecho de que su oponente Hillary Clinton siga dominando en las encuestas, Trump no puede soportarlo.

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Considera esto: él, según su propia cuenta, siempre gana. En este momento, está en riesgo de perder, y de perder ante una mujer. En el mundo de Trump eso no sucede.

Él está acostumbrado a tener poder sobre las mujeres con su riqueza, su intimidación, su empleo y sus amenazas de demandas. Él parece tener poca idea de cómo actuar cuando tiene que respetar, escuchar y conceder autoridad a una mujer en negocios y política. Incluso su directora de campaña, Kellyanne Conway, ha sugerido que tampoco escucha su consejo.

Incluso, el hecho de que ya haya perdido el voto femenino, que una “mujer desagradable” como Clinton pueda vencerlo, le asegura que las elecciones deben estar manipuladas.

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Y no es solo él. El grotesco sexismo entre los ayudantes y partidarios de Trump —las palabras que usan, los cánticos que corean, las camisetas que usan y los signos que hacen— han sido quizá el aspecto más revelador e impactante de esta fea contienda.

No hay duda: la superioridad masculina, el sexismo y, lo que es más alarmante, el renacimiento de la doble moral, todo eso estará en la boleta electoral la próxima semana. Los votantes deben echar un vistazo a eso y decidir en qué tipo de país —qué tipo de mundo— quieren que vivan sus hijas, esposas, hermanas y amigas. ¿Crees que las políticas que defienden los derechos de las mujeres, que promueven la igualdad y el progreso de las mujeres —que llevan a las mujeres y a las niñas a avanzar, no a retroceder— estarían en la agenda de Trump? ¿Debería ganar la presidencia?

Considera el historial: en el mundo de Trump, una mujer no está por delante de un hombre; su lugar está detrás, debajo o bajo su brazo. Hay muchos ejemplos de esto en el pasado bien documentado del candidato, pero todos vimos una buena demostración recientemente. ¿Recuerdas cuando Clinton se puso enfrente de Trump en la etapa de debate del foro abierto? Él estaba tan visceralmente ofendido que no sabía qué hacer.

Se levantó de su silla, caminó y se asomó detrás de ella, aparentemente tratando de intimidarla. Le salió el tiro por la culata: eso solo alimentó la confianza de ella y lo enfureció aun más cuando Saturday Night Live hizo una parodia sobre ello.

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En el mundo de Trump, los hombres pueden jugar con reglas distintas. Incluso la cacería de brujas sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton emana un doble estándar. George W. Bush “perdió” 22 millones de correos electrónicos durante su presidencia. Ni siquiera podemos revisar las comunicaciones sobre la decisión de invadir Iraq. Estamos en armas por eso, ¿no? Pues no, no importa porque él es hombre.

¿Y quieres hablar de dobles estándares? Imagina si Hillary Clinton se condujera de la misma manera en que Trump sugiere que lo ha hecho. ¿Y si se jactara con Howard Stern de acostarse con un montón de hombres sin tener enfermedades de transmisión sexual, diciendo, como lo hizo Trump: “Es mi Vietnam personal... Me siento como un excelente y muy valiente soldado”. Y añadió: “Esto es mejor que Vietnam, es más divertido”.

¿Y tú pensarías que es aceptable que una candidata presidencial femenina tuviera una docena de hombres acusándola de mala conducta sexual y de haber tenido cinco hijos de tres hombres? A Trump no solo se le permite esto, sino que es el candidato de los “valores familiares”. Al menos los votantes conservadores en Utah parecen tener suficiente integridad moral para dejar de apoyarlo.

Cuando Trump dice que nadie ama a las mujeres más que a él, ¿a qué se refiere exactamente? ¿A fantasear sobre ellas en el autobús de Access Hollywood? ¿A colocarlas solamente en roles profesionales en los que le responden?

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Es difícil saber por qué en el mundo de Trump las mujeres son propiedades. Usted puede “agarrarlas por el coño”, puede caminar por los vestidores del concurso de belleza mientras están desnudas “porque eres el dueño del concurso”. Está bien que alguien llame a tu hija “un pedazo de culo”, una ganadora de Miss Universo puede avergonzarse por su peso y (de acuerdo con 12 acusadores) las mujeres están ahí para tomarlas, siempre y cuando tengas una pastilla Tic Tac.

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En el mundo de Trump, está bien que Anderson Cooper haga una pregunta en una entrevista sobre lo que Trump dijo a Billy Bush en las infames cintas de Access Hollywood, pero ¿cómo se atreve Megyn Kelly a hacer una pregunta sobre que Trump llame a las “mujeres que no le gustan” “puercos gordos”, “cerdas” y “animales repugnantes”, y que le cuestionen si tiene el temperamento para ser presidente. No fue la pregunta lo que indignó a Trump, fue el hecho de que una mujer lo estaba preguntando.

En el mundo de Trump, cuando una “muñeca loca” como Megyn Kelly hace su trabajo, la reacción correcta es atacar con agresiones verbales burdas y sexistas. La respuesta de Trump fue tan intensa que Fox News, el empleador de Kelly, escribió esto: “Los ataques cáusticos de Donald Trump contra Megyn Kelly y su obsesión extrema y enferma con ella están por debajo de la dignidad de un candidato presidencial que quiere ocupar el cargo más alto en el territorio”. Tienen razón.

Los tiempos han cambiado. Trump no lo ha hecho. Hace 30 años, cuando Hillary Clinton tomó una decisión para perseguir una carrera y una familia, hacerlo no era la norma. En 2016, la realidad no es solo que la mayoría de las mujeres trabajan, sino que lo hacen en gran número: el 40% de las mujeres son el orgulloso y principal sostén de sus familias.

Las mujeres ahora son capaces de elegir a sus compañeros, menos con base en su idoneidad como proveedor, y más como un socio igualitario. Vivimos en un mundo diferente al de Trump.

Y ahí radica el problema. Por sus propias palabras y acciones, no está en condiciones de servir a la mitad de la población estadounidense.

A medida que nos acercamos al 8 de noviembre, observamos a quienes ha desplegado Trump como sus partidarios más elocuentes: un par de chovinistas que han ocupado altos cargos: el expresidente de la Cámara, Newt Gingrich, y el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani. Ambos engañaron a sus (segundas) esposas antes de dejarlas. Giuliani humilló públicamente a la suya, y Gingrich, cuando su esposa le preguntó cómo podía predicar los valores familiares, respondió, según su exesposa: “No importa lo que haga ... La gente necesita escuchar lo que tengo que decir. No hay nadie que pueda decir lo que yo puedo decir. No importa lo que yo viva”. Qué grandes chicos.

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Estos dos están ahora alardeando sobre el carácter superior de su candidato. Cuando los veas, haz una pausa para considerar la fuente.

De hecho, es muy instructivo que Gingrich no pudiera manejar a Kelly cuando ella lo presionó recientemente en una entrevista acerca de la moralidad de Trump. Sin preparación para ser verbalmente asesinado por una mujer más inteligente, preparada y profesional, recurrió a un ataque personal contra ella como “fascinada por el sexo”. Ella reviró: “Señor presidente de la Cámara, no estoy fascinada por el sexo, pero sí estoy fascinada por la protección de las mujeres y por entender lo que estamos recibiendo en la Oficina Oval”.

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Trump y sus obedientes secuaces están equivocados: para las mujeres (y los hombres) en los Estados Unidos de hoy, sí importa lo que “vivas”, como Gingrich lo diría. Y es por eso que estas elecciones son tan importantes y tan aterradoras.

Como Kelly, yo estoy “fascinada por la protección de las mujeres” y no quiero vivir en una era de Trumps, Giulianis, Gingriches, Aileses y Bannons.

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Y no te tiene que gustar a Clinton. Y no debes votar por ella solo porque es una mujer. Debes votar por ella porque es calificada, comprometida, racional y tiene la mejor experiencia para el trabajo. Ella es la única persona adulta en la habitación. Y ahora mismo, necesitamos una adulta si esperamos seguir adelante.

Debes votar por ella porque es un voto de decencia y respeto. Y debes votar por ella porque un voto en contra de Hillary Clinton significa que estamos de regreso en el mundo de Trump, un lugar donde no quieres que tus esposas, hermanas e hijas vivan.

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