OPINIÓN: ¿Por qué estamos tan lejos de un Amazon mexicano?

La baja competencia y la escasa cultura de innovación de los corporativos mexicanos juega en contra de la posibilidad de que nazca acá un Facebook o un Waze de México.
emprendedor  emprendedor  (Foto: iStock)
Por: ALBERTO BELLO

Nota del editor: Alberto Bello es director Editorial de Negocios de Grupo Expansión. Síguelo en su cuenta de Twitter @albertobello. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(Expansión) – La sede de Lovis, la empresa de software empresarial del mexicano Rafael Funes, es Londres. Cuando Funes, un emprendedor carismático y visionario, decidió penetrar el mercado mexicano con su producto estrella, el Enterprise Operating System (EOS), no checó su directorio en busca de potenciales clientes deseosos de evaluar nuevas opciones: lo hizo como proveedor de PwC (PricewaterhouseCoopers).

Una fórmula que le evitaba la difícil tarea de vender a los corporativos mexicanos.

Son pocos quienes tienen esta opción. Claramente, algo no funciona en nuestro entorno de innovación si una empresa de capital mexicano que factura millones de libras y cuenta con el apoyo de la red de embajadas británica no quiere entrar a México en solitario.

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Hace 15 años hacerse emprendedor era una locura. Pero hoy hay todo un ecosistema de aceleradoras, universidades, gurús, concursos, redes. El fondo de fondos desarrolló un entorno de capital emprendedor y semilla para arrancar proyectos empresariales. El Instituto Nacional del Emprendedor tiene todo tipo de programas para impulsar proyectos. Los CKDs permiten invertir a las afores en fondos emprendedores.

¿Por qué, entonces, estamos tan lejos de un Amazon mexicano?

Primero, no hay capital disponible para “escalar”. No hay manera de levantar entre varios jugadores 15 millones de dólares para compañías que ya han demostrado su trayectoria. Así piensan Álvaro Rodríguez Arregui, fundador y presidente del fondo emprendedor Ignia, y Diego Serebrisky, de Dalus Capital, según platicamos en un panel de México Cumbre de Negocios 2016 celebrada en Puebla la semana pasada.

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Las oficinas patrimoniales mexicanas, nuestras family offices, reciben a emprendedores con frecuencia, pero pocas son las que invierten; las que lo hacen, siempre es de forma marginal. Lo mismo puede decirse de otros inversionistas institucionales como aseguradoras o bancos.

Por cierto, la retroalimentación que da es patética, coinciden varios: “qué proyecto tan padre”, dicen antes de no volver a tomar una llamada.

Peor aún son las grandes compañías, todas ellas con décadas de historia a las espaldas, que no conciben contratar a un proveedor que tenga menos de tres años, mucho menos asociarse con él. Ignia, de Rodríguez Arregui, ya decidió no invertir en proyectos de empresa a empresa ante la evidencia de que esta cultura predomina en nuestro país.

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El marco impositivo es otro factor que castiga al emprendedor. Una venta de acciones de América Móvil o Cemex está gravado con un impuesto del 10%. La misma operación de venta de títulos de una compañía emprendedora –algo que está en la naturaleza misma del modelo de Venture Capital y sus rondas de inversión– paga 35%.

Quizá un primer paso sería crear en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores un registro de inversionistas institucionales a los que se les permitiera acceder a condiciones fiscales preferenciales en la inversión emprendedora de alto impacto bajo ciertos requisitos –de modo que la fiscalidad fuera comparable a la de Bolsa.

Esto es sólo el comienzo. Porque otro tema, la madre de todos los problemas, según Adolfo Babatz, fundador y director de la solución de pagos Clip, es la falta de competencia en todos los mercados en nuestro país.

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La ley de competencia fue un buen primer paso, pero aún debe dar más dientes a la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) de cara a generar en las grandes empresas de México, nacionales y extranjeras, una verdadera motivación para competir.

“¿Alguien puede explicar por qué en México no puede hacerse comercio electrónico con tarjetas de débito, una solución óptima que detonaría al sector dado que poca gente tiene crédito?”. Babatz no lo duda: la falta de competencia.

Según Serebrisky, otro punto importante es que el emprendimiento de alto impacto no “baja”, permanece como ejercicio de élites.

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Ni el Politécnico ni la UNAM están promoviendo entre sus ingenieros egresados la cultura de propiedad intelectual o creando los incentivos que tienen las universidades estadounidenses para el desarrollo de patentes. Ni el Ejército ni la Marina mexicanos están apoyando el desarrollo de tecnología que podría tener aplicaciones civiles –como sucede en Israel, la nueva Silicon Valley global.

Tampoco el gobierno federal o local tienen muchas veces programas de compras para este tipo de compañías. “El gobierno tiene que entrar en su papel de regulador, financiador y comprador”, comentó Salomón Chertorivski, secretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México, e impulsor de 83 proyectos a partir de Start Up México.

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En definitiva, ¿por qué no hay un Amazon mexicano? Porque los incentivos para las grandes compañías, los inversionistas institucionales, los egresados más talentosos, los gobiernos y reguladores están mal orientados. Porque hay que definir una política pública que tome en cuenta a todos estas partes y genere los incentivos correctos. Para empezar, más competencia, para poner a todo el mundo a sudar y a pensar cómo hacerle para sobrevivir.

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