OPINIÓN: ¿Qué necesita Trump para fondear su programa económico (o parte de él)?

Ya no es un secreto que el presidente electo de EU quiere una economía creciendo partir de dos de las cuatro variables de la ecuación de ingreso nacional: comercio exterior e inversión.
¿Cuáles son las perspectivas económicas en la era Donald Trump?
IVÁN FRANCO

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555 .Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – Decodificar a Donald Trump no debe seguir siendo un desafío. Los reportes y opiniones se limitan a hablar de incertidumbre y dudas en relación con su política económica. Para muchos el presidente electo electo de Estados Unidos sigue siendo un misterio. Y eso es malo porque cuando Trump estornuda el peso se deprecia 10%.

Aunque Peter Navarro y Wilbur Ross –asesor y secretario de comercio del nuevo gobierno, respectivamente–, divulgaron hace meses un corto documento con su plan económico, nunca nos mostraron la estrategia ni los detalles.

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Ya no es un secreto que Trump quiere una economía creciendo partir de dos de las cuatro variables de la ecuación de ingreso nacional: comercio exterior e inversión. Por ello, nos debemos concentrar en desmenuzar la posible estrategia, que es la clave y que considero puede ser equivocada por razones que expongo aquí.

El plan de infraestructura de Trump está basado en un programa de inversión de 1 trillón de dólares (un trillón es un millón de millones) a 10 años. Pero la pregunta es, ¿de dónde van a sacar el dinero? Estados Unidos con sus 20 trillones de deuda pública (la mitad abonada por Obama) es uno de los tres países más endeudados del mundo como porcentaje de su PIB.

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Para fondear el programa económico (o parte de él) el nuevo gobierno necesita irremediablemente los siguientes elementos estratégicos:

Repatriar capitales. Esto implica repatriar fondos ya sea en forma de rendimientos corporativos y reversión de inversiones. Sin embargo, los capitales repatriados no estarán invirtiendo en obras públicas como puentes, carreteras, transporte, aeropuertos, y demás proyectos de infraestructura de Trump, incluyendo el muro. Los rendimientos de estas inversiones son bajos e incluso negativos en algunos casos, debido a su beneficio y alcance fundamentalmente social.

Por ello, los capitales privados estarán invirtiendo en el mercado de bonos, que a su vez serán los catalizadores de los fondos requeridos para el plan de infraestructura. El gobierno de Trump estará pagando altos premios (dado el aumento de las tasas de interés) a capitales que estarán financiando inversiones de muy baja calidad financiera. Lo que implica una bandera amarilla para el problema de la deuda estadounidense de largo plazo.

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Aumentar su deuda en el exterior. Actualmente, la deuda de Estados Unidos en posesión extranjera es el componente más alto de toda su deuda. De los 20 trillones, más de 6 trillones los tienen gobiernos, bancos centrales e inversionistas extranjeros. Aumentar su deuda con el exterior, depende de la estrategia monetaria de China y Japón, los mayores tenedores de bonos del tesoro. Ellos decidirán si siguen financiado al gobierno de Estados Unidos a costa del deterioro de sus monedas.

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Dinero nuevo. Más que un manoseo entre tenedores de instrumentos de deuda soberana, lo que el gobierno necesita es dinero fresco. Los únicos creadores de nuevo dinero de la economía son los bancos comerciales a través del crédito. No fue la Fed sino fue la banca comercial la que inyectó parte del estímulo monetario durante la administración de Obama. Al tiempo que eran vigilados y regulados de manera más estricta, los bancos limpiaron sus balances y se recapitalizaron. Los coeficientes de rentabilidad de los bancos de Estados Unidos hoy se encuentran casi en niveles pre-crisis.

El equipo de Trump ha anunciado medidas para reducir los requerimientos de capital para los bancos. Esto, previendo que los bancos tendrán un papel fundamental en el financiamiento público (aumentando su tenencia de bonos) y también el privado. Los bancos estarán siendo beneficiados en un entorno propicio para ofrecer crédito con tasas más altas. Los bancos vienen de vuelta a alimentar la burbuja del consumo.

Reserva Federal a modo. Con el programa de estímulo monetario durante la administración de Obama, la Fed engrosó sus balances con bonos del tesoro (2.46 trillones vs. 476 billones antes del relajamiento cuantitativo). Un posible calentamiento de la economía podría incentivar las reventas de los bonos en posesión de la Fed, lo que va en dirección opuesta a la política fiscal expansionista de Trump. Es un hecho que veremos una dicotomía entre la política monetaria y la fiscal.

La política monetaria será propicia para repatriar capitales y para ofertar crédito bancario. Si a esto añadimos que los recortes de impuestos estarán jugando en sentido opuesto a las necesidades de gasto de Trump, es de esperarse que la deuda pública aumente considerablemente en el cuatrienio.

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Impuestos al comercio. Otra de las grandes promesas de Trump es eliminar el déficit comercial de Estados Unidos de 500 billones de dólares. Esto incluye su relativamente pequeño déficit con México de 60 billones de dólares. Aquí existe un problema. Estados Unidos necesita que su moneda no se fortalezca a fin de ganar competitividad relativa. No obstante, la política monetaria apunta a un fortalecimiento del dólar ante la canasta de monedas del mundo. Esto también jugará en dirección opuesta a la promesa de reducción del déficit comercial de Trump.

Por esta razón, lo más creíble es que Trump imponga aranceles con fines meramente de recaudación. El problema con los aranceles es su posible ilegalidad y, por ende, su inoperatividad.

Estrategia fiscal. La estrategia fiscal de Trump es supuestamente un detonante del crecimiento y en particular, un eje para la política comercial que busca un rebalanceo del déficit de la balanza comercial. Por un lado, la política fiscal pretende recortar impuestos dentro del país en aproximadamente 2.6 trillones de dólares. Y, por otro lado, equilibrar el desbalance recaudando casi 2.4 trillones de dólares, de los cuales, 1.74 trillones son producto de reformas a la política comercial de Estados Unidos. Lo que hay detrás de esta cifra no es creíble, porque entre otras cosas asume que el déficit comercial se elimina en un periodo de 10 años.

El balance neto de la gestión de Trump sería de mayor crecimiento del PIB en 2017 y quizá 2018, a expensas de mayor endeudamiento de toda la economía. Más aún, un déficit comercial creciendo por el fortalecimiento del dólar. Incluso, existe la posibilidad que el crecimiento nominal del PIB sea relativamente alto, pero si repunta la inflación, esto será solo un espejismo.

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¿Y México? Contraataque a Trump

Considero que Trump viene a alterar a México en tres frentes por orden de intensidad: inversión extranjera, comercio bilateral y migración-remesas. Definitivamente, donde más daño puede hacer es en amedrentar la inversión hacia México, como ya lo hizo con Ford. En comercio bilateral, más que sustituir las importaciones mexicanas, lo que Trump busca son dos cosas: recaudar más y balancear su déficit comercial con México.

Sustituir importaciones lleva tiempo y depende de los precios relativos entre ambos países. Y los precios de Estados Unidos son incosteables.

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El punto más crítico es el concepto de IVA que los exportadores estadounidenses pagan implícitamente al gobierno de México. Trump tiene varias opciones para lidiar con este problema. Desde solicitar a México la exención del IVA, hasta gravar un impuesto a las importaciones mexicanas con fines recaudatorios. Las dos opciones son viables, pero el impuesto a las importaciones afectaría principalmente a los consumidores en Estados Unidos y estos impuestos, además, representan montos muy bajos considerando los 1.74 trillones que requiere su plan.

En este sentido, México no debe ser obcecado en sus posiciones. La idiosincrasia de los estadounidenses para negociar es muy diferente a la forma mexicana.

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A Trump se le debe insistir que en México se da un tratamiento excepcional a las inversiones extranjeras. Por ejemplo, la Ronda 1 y Ronda 2. O bien, en la industria de la minería, donde los impuestos por derechos de concesión para explotación para extranjeros (y nacionales) son ridículamente bajos. Trump no querrá que le confisquemos sus metales preciosos y minerales que se lleva a su país con módicos impuestos. ¿O sí?

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