OPINIÓN: La falacia detrás del muro de Trump

La orden ejecutiva del presidente de EU respecto al muro es meramente una concesión a sus partidarios y, por supuesto, no tiene poder para obligar a México a pagar por la construcción.
Cualquier promesa de construir más muro fracasará principalmente por la geografía.
Nada fácil  Cualquier promesa de construir más muro fracasará principalmente por la geografía.  (Foto: EFE)
Juliette Kayyem

Nota del editor: Juliette Kayyem, analista de seguridad nacional de CNN, es la autora del best-seller Security Mom: An Unclassified Guide to Protecting Our Homeland and Your Home. Es profesora en la Kennedy School de Harvard, exsubsecretaria de Seguridad Nacional en la administración Obama y fundadora de Kayyem Solutions, una consultoría de seguridad. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — Donald Trump construyó su campaña sobre la promesa de construir un gran muro en la frontera sur y hacer que México pagara por éste. Pero la orden ejecutiva que anunció el miércoles, si bien parece cumplir esa promesa, no es un cambio de política, ni siquiera es un instrumento que pueda obligar a México a pagar la factura. Lo que es, en realidad, es la prueba de que la promesa de un muro siempre ha tenido débiles cimientos.

La medida más destacable y potencialmente más peligrosa de Trump, atañe a las desconcertantes tendencias anti-musulmanas evidentes en otra orden ejecutiva que se prevé emita. El Departamento de Seguridad Nacional evalúa órdenes ejecutivas que pondrían fin al programa de refugiados sirios de Estados Unidos y suspenderían las visas para países de mayoría musulmana. Según se sabe, Trump está considerando si es factible poner fin a todo el programa de refugiados y si una posterior reactivación pudiera favorecer a minorías religiosas (principalmente a cristianos en países musulmanes).

Pero por ahora, hablemos de la orden ejecutiva del miércoles sobre el muro, y comencemos con una dosis de realidad. Ya existe un muro - de 1,127 kilómetros - en la frontera de México y Estados Unidos que abarca más de 3,000 km. Este hecho es pasado por alto en la cobertura de los medios y fue ignorado por Hillary Clinton y otros demócratas durante la campaña. Pero está ahí. Y donde no hay muro, están los aviones no tripulados, tecnología de vigilancia o infraestructura y agentes de control fronterizo.

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Cualquier promesa de construir más muro fracasará principalmente por la geografía. No se puede construir un muro en el Río Bravo, por ejemplo. Y en otras zonas fronterizas, vastas cadenas montañosas hacen que un muro de extremo a extremo sea simplemente imposible, si no ridículo, de construir. Como me dijo el exsecretario del Departamento de Seguridad Nacional Jeh Johnson en una entrevista para mi podcast la primavera pasada, "No tiene sentido construir un muro de 3 metros sobre una montaña de 3,048 metros".

También hay retos políticos en construir un muro que no tiene nada que ver con México o la geografía.

En Texas, un estado republicano, muchas personas no están muy a favor de construir un nuevo muro, y lo mismo ocurre en Nuevo México. En Arizona, la mayor parte de la frontera mexicana ya tiene un muro. Muchos de estos estados fronterizos que se oponen a extender ese muro divisorio creen que inhibiría la actividad comercial y agrícola. En algunas áreas, el respeto de larga data de Estados Unidos hacia las tierras tribales prohibiría tal barrera.

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Incluso el propio secretario del Departamento de Seguridad Nacional designado por Trump, John Kelly, sabe que la seguridad fronteriza es más complicada que kilómetros de ladrillos y vallas. En su audiencia de confirmación, Kelly reconoció que incluso un muro completo desde el Pacífico al Golfo todavía necesitaría defensas escalonadas adicionales para ser efectivo: "Creo que la defensa de la frontera suroeste en realidad comienza a unos 2,000 kilómetros al sur, y con colaboración [de otros países]".

Al parecer reconociendo esto, la orden ejecutiva de Trump no especifica cómo ni dónde se construirían estas nuevas secciones del muro. La orden ejecutiva de Trump respecto al muro es meramente una concesión a sus partidarios y, por supuesto, no tiene poder para obligar a México a pagar por la construcción. Hasta el momento, la orden del miércoles tiene pocos datos concretos, sin fechas ni detalles.

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En otras palabras, una gran nada, poco más que simbolismo táctico en una promesa cardinal para su campaña. ¿En términos operativos? Vacía. Más bien, lo que la ocasión revela es la insuficiencia de tal barrera para asegurar la frontera sur - y el resto de la nación.

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Lo que también revela es la adhesión consistente de Trump a su desafortunada plataforma de campaña: Estados Unidos como inhospitalario: antimusulmán, antirrefugiados, antinmigrantes.

Las propuestas de fuegos de artificio harán poco para detener una amenaza terrorista (terroristas con pasaportes franceses, por ejemplo, las sortearán fácilmente), pero contribuyen mucho a aumentar el antagonismo hacia EU. Trump debería ser llamado a cuentas por incumplir su principal promesa de campaña, que México pagará por el muro.

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