OPINIÓN: Si Trump puede amenazar mis derechos, también puede amenazar los tuyos

El hombre cuyo trabajo es hacer cumplir la Constitución de EU dio un paso más para abandonar los principios sobre los que fue escrita al impedir la entrada a ciudadanos de varios países musulmanes.
La orden ejecutiva firmada por Trump la semana pasada es señalada como un veto musulmán con otro nombre.
Musulmanes en la mira de Trump  La orden ejecutiva firmada por Trump la semana pasada es señalada como un veto musulmán con otro nombre.  (Foto: EFE)
Reza Aslan

Nota del editor: Reza Aslan es el autor de El zelote: La vida y los tiempos de Jesús de Nazaret y presentador de la nueva serie original de CNN "Believer With Reza Aslan", que se estrenará el 5 de marzo. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Cuando tenía 7 años, mi familia huyó de una violenta revolución en Irán que había transformado nuestro país de una opresiva dictadura secular a una dictadura religiosa aún más opresiva. Llegamos a Estados Unidos con nada más que una maleta. Sin dinero ni empleo, vivimos hacinados en una habitación de motel que apenas podíamos pagar.

Esto fue durante la crisis de rehenes en Irán, en la que ciudadanos estadounidenses permanecieron cautivos por 444 días en la embajada de Estados Unidos en Teherán. Por eso rutinariamente las personas nos insultaban en la calle, nos llamaban terroristas, nos decían que "regresáramos a casa".

No importaba que no tuviéramos hogar; habíamos dejado atrás todo lo que conocíamos por una vida incierta en una tierra extranjera precisamente porque estábamos huyendo del mismo régimen represivo que tanto asustaba a nuestros vecinos. Lo que importaba era que nos veíamos diferentes. Nos consideraban diferentes. Y así nos convertimos en el enemigo.

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Y con todo, sabíamos que sin importar lo que pasara, teníamos la ley de nuestro lado. Después de todo, era la razón por la que habíamos venido a Estados Unidos. Mientras muchos de nuestros amigos y familiares en Irán huyeron a Francia, Alemania y Reino Unido, nosotros elegimos Estados Unidos porque sabíamos lo que significaba Estados Unidos. Sabíamos lo que representaba. Estábamos seguros de poder resistir cualquier ataque a nuestra fe u origen étnico porque la Constitución de Estados Unidos -de la que tanto habíamos oído hablar en Irán- sería nuestro escudo contra los temores y prejuicios de nuestros vecinos.

Hoy, el hombre cuyo trabajo es hacer cumplir esa misma Constitución dio un paso más para abandonar los principios sobre los que fue escrita al firmar una orden ejecutiva que impide que ciudadanos de varios países musulmanes -incluidos Iraq, Irán, Yemen, Somalia y Siria- entren en Estados Unidos. El plan es un primer paso en la repetida promesa de Trump de prohibir la entrada a todos los inmigrantes musulmanes.

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Trump argumentará que la ley está de su lado, citando la Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1952, Sección 212 (f), como precedente para su acción ejecutiva. La ley permite al presidente negar la entrada a cualquier extranjero considerado perjudicial para los intereses del país. Fue aprobada en respuesta a la histeria anticomunista que se apoderó de EU en los años cincuenta, una reacción absurda a una amenaza inexistente que, según se enseña hoy en las escuelas, era irracional, infundada y en violación de todas las normas y valores sobre los cuales se fundó este país. (¿Suena familiar?)

Fue por esta razón que el presidente Harry Truman vetó originalmente el proyecto de ley, argumentando específicamente que dicha ley renegaría de "nuestros conceptos religiosos básicos, nuestra creencia en la hermandad del hombre y, en palabras de San Pablo, que ‘No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre… porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús’”.

El Congreso finalmente ignoró el veto de Truman. Sin embargo, ningún presidente ha intentado utilizar la ley para implementar criterios religiosos sobre la migración por la simple razón de que una prohibición basada en la religión viola la llamada cláusula de establecimiento de la Constitución. Pero eso es exactamente lo que Trump planea hacer.

No se equivoquen: la orden ejecutiva de Trump no es más que un veto musulmán con otro nombre. Trump afirma que esta prohibición se basa en la nacionalidad, no en la religión, que es simplemente coincidencia que la prohibición aplique solo a los países de mayoría musulmana. Esa es otra mentira de un hombre que ha demostrado ser un mentiroso en serie.

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Tomemos en cuenta que si bien la prohibición podría hacer excepciones para "minorías religiosas" que huyen de la persecución religiosa en sus países de origen, niega expresamente la entrada a los refugiados musulmanes que huyen de la persecución religiosa de gobiernos musulmanes. En otras palabras, bajo el veto propuesto por Trump, un druso que huye de la opresión en Siria podría entrar en Estados Unidos, pero un sunita que huye de la masacre no. Se le permitiría la entrada a un cristiano que huye de la discriminación en Yemen, pero no a un chiita que enfrenta la muerte y la hambruna. Estados Unidos le daría refugio a una persona de Irán que profesa la fe bahaí, pero se lo negaría a una familia musulmana moderada como la mía, que huye del fundamentalismo islámico.

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Trump también ha dicho que las restricciones se centrarían en países cuyos migrantes pudieran representar una amenaza para los estadounidenses. Pero esto también es una mentira. Si esta orden ejecutiva tuviera por objeto proteger la patria de ciudadanos de países propensos al terrorismo, entonces incluiría (y al parecer no lo hace) un veto a los ciudadanos de Arabia Saudita -un país cuyos ciudadanos han matado a más civiles estadounidenses que todos los demás países juntos vetados en la lista de Trump. De hecho, de los 19 terroristas que nos atacaron el 11 de septiembre, 15 eran de Arabia Saudita, dos de Emiratos Árabes Unidos, uno era de Egipto y uno del Líbano. Sin embargo, ninguno de estos países está en la lista de Trump. Con la posible excepción de Líbano, Trump tiene vínculos comerciales en todos ellos.

Todo esto demuestra que esta orden ejecutiva no es más que una cínica fachada para la repetida promesa de prohibir completamente el ingreso de musulmanes (claro, musulmanes que no le generan beneficios) y un ataque frontal contra los derechos civiles de los ciudadanos musulmanes en Estados Unidos.

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No es alarmismo, no es exageración. Es explícitamente lo que Trump prometió hacer como presidente cuando discutió la creación de una base de datos para registrar a todos los musulmanes en Estados Unidos; cuando amenazó con enviar ciudadanos estadounidenses a la prisión de Guantánamo, Cuba; cuando armó el gabinete más rabiosamente antimusulmán en la memoria reciente, incluyendo a un asesor de seguridad nacional que cree que "el Islam no es una verdadera religión, sino una ideología política enmascarada detrás de una religión"; cuando sus opiniones y políticas sobre los musulmanes las obtiene, según se sabe, de agrupaciones oficialmente declaradas como grupos de odio.

Viví 16 años en este país antes de que calificar finalmente para la ciudadanía a la edad de 23. Como un adulto que hace un juramento solemne, era perfectamente consciente de la decisión que tomaba. Comprendí perfectamente la promesa que hice a Estados Unidos de renunciar a cualquier lealtad que pudiera tener a mi país de nacimiento, y defender a mi país adoptivo de todos los enemigos tanto externos como internos.

También comprendí perfectamente la promesa que mi país me hacía: que yo, como tantos millones que han hecho de Estados Unidos su hogar, tendría la misma oportunidad que todos los demás de buscar, no solo una vida mejor, sino una vida digna de ser vivida; que el sueño de mis padres de darme la oportunidad de progresar no serían pisoteado por la intolerancia y el miedo, sino que estaría protegido por la ley.

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Mi familia aprovechó al máximo esa promesa. No fue fácil, pero mi padre obtuvo un título de posgrado e inició su propio negocio. Mi madre trabajó en los más curiosos empleos y ahorró y ahorró. Me enviaron a una universidad privada donde prosperé. Ahora tengo mi propia familia estadounidense.

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No soy solo un ejemplo del sueño americano. Yo soy Estados Unidos. Y si el presidente de Estados Unidos puede amenazar mis derechos como ciudadano, entonces puede hacer lo mismo con todos nosotros.

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