OPINIÓN: Donald Trump y la psicología de la culpa

La política no tiene que ver con la lógica o la realidad, sino con la apariencia y el deseo, contar una historia emocionalmente atractiva y hacer promesas, incluso si no puedes cumplirlas.
Las dudas  Desde la elección presidencial, los expertos han reflexionado por qué ganó Donald Trump, por qué perdió Hillary Clinton y hacia dónde se dirige la presidencia de Trump.  (Foto: EFE)
ROBERT KLITZMAN

Nota del editor: Robert Klitzman es profesor de psiquiatría y director del Programa de Maestría en Bioética de la Universidad de Columbia. Es autor de "The Ethics Police?: The Struggle to Make Human Research Safe". Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – Cuando cursaba el octavo grado me postulé para presidente del consejo estudiantil. Todos los candidatos tenían que hablar en el auditorio ante el cuerpo estudiantil. Un oponente que me antecedió prometió que pondría refresco en lugar de agua en los bebederos de la escuela. La audiencia aplaudió salvajemente. Cuando hablé, argumenté que su plan no funcionaría, que la administración escolar se opondría.

No importó. Él ganó.

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Yo aprendí que la política no tiene que ver con la lógica o la realidad, sino con la apariencia y el deseo, contar una historia emocionalmente atractiva, ofrecer esperanza y hacer promesas, incluso si no puedes cumplirlas.

Desde la elección presidencial, los expertos han reflexionado por qué ganó Donald Trump, por qué perdió Hillary Clinton y hacia dónde se dirige la presidencia de Trump. Han atribuido su victoria al hackeo ruso, al sistema del Colegio Electoral, a los medios, a James Comey, a Bernie Sanders y a Clinton que dio por sentado a los electores de clase obrera del medio oeste estadounidense, todos los cuales desempeñaron claramente un papel. Y han intentado repetidamente comprender y evaluar lo que Trump puede hacer ahora.

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Sin embargo, varias cuestiones críticas han sido ignoradas y merecen atención en lo tocante a la psicología de la culpa.

En un mundo complejo, buscamos causas y efectos, y a quién culpar. La mayoría de los votantes quieren respuestas sencillas. Pero el mundo es complicado, desafía las soluciones fáciles. No obstante, innumerables redes sociales y mensajes parecen ofrecer respuestas, señalando quién tiene la culpa a la hora de configurar actitudes y votos.

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Pero si bien las exposiciones recientes han examinado la mecánica de cómo ciertas noticias falsas se han vuelto virales, es crucial entender además por qué tales historias son tan atractivas, cómo asignan la culpa.

El pensamiento rápido

El premio Nobel Daniel Kahneman encontró que al confrontar demasiada información numérica compleja, la gente usa atajos mentales para procesarla – el llamado pensamiento "rápido" en vez de "lento".

Sin embargo, la gente también confía en el "pensamiento rápido" para procesar no sólo números sino también los problemas sociales y políticos y la información.

Recurrimos a creencias previas, sesgos y guiones, esto es, historias familiares. Estos atajos generalmente involucran narrativas de culpa, ayudándonos a decidir quién o qué causó el problema, y por tanto cómo debemos resolverlo. La gente busca culpar a otros de los problemas, porque hacernos responsables a nosotros mismos es demasiado doloroso.

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La culpa cumple varias funciones, asignando tanto la causa física como la responsabilidad moral. También implica complejos procesos cognitivos, así como sociales y emocionales. Los eventos humanos más complicados, ya sean guerras, recesiones, enfermedades o elecciones, son el resultado de múltiples factores contribuyentes. Pero no podemos centrarnos en todos ellos, así que más bien enfocamos nuestra ira y frustración en uno solo.

La primera vez que tuve conciencia de la compleja psicología de la culpa fue hace varios años, mientras estudiaba a mujeres que sufrieron cáncer de mama y mutaciones de cáncer de mama. "Siempre supe que no debía haberme quedado en esa horrible relación durante todos esos años", me dijo la primera mujer que entrevisté.

"¿Por qué lo dices?" pregunté.
“Porque por eso tengo cáncer de mama”.
“Pero tú tienes la mutación”, dije con cautela.
"Sí, pero lo que la provocó fue el estrés de esa mala relación, fue entonces cuando me diagnosticaron".

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Repetidamente, las mujeres que entrevistaba culpaban de su enfermedad al estrés que les provocaba un mal jefe o la contaminación de las empresas, en lugar de culpar a la mutación en sí. Los médicos hacen hincapié en los genes, pero estas mujeres no.

Estas pacientes no estaban necesariamente equivocadas. Después de todo, solo el 50% de las mujeres que tienen el gen asociado con el cáncer de mama termina sufriendo la enfermedad. Otros factores - ambientales o psicológicos - pueden afectar el desarrollo de la enfermedad.

Pero, emocionalmente, todas estas mujeres se focalizaban en estos otros factores, construyendo narrativas que tenían sentido para ellas, asignando la culpa subjetivamente, no de acuerdo con la ciencia o con todos los hechos.

La narrativa simple de Trump

Las historias de estas pacientes pueden parecer muy lejanas de nuestras nuevas realidades políticas, pero ofrecen ideas clave. Trump construyó una narrativa simple que, para muchos votantes, dio sentido a los problemas nacionales actuales.

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Logró responsabilizar a Clinton por todas las dificultades de nuestro país, argumentando que ella tuvo 30 años para resolverlas, y fracasó. Ella era la villana ("¡enciérrenla!"). Los trabajadores de la clase obrera eran "víctimas" de un sistema injusto. Él, solo él, era el héroe que "devolvería la grandeza a Estados Unidos".

Ella siempre dejó que Trump se presentara como "el outsider" y que la pintara a ella como símbolo de todos los ‘insiders’, demócratas y republicanos por igual. Ella nunca rebatió estos argumentos. Presumiblemente, temía ofender a los republicanos, cuyo apoyo buscaba.

La sabiduría convencional en materia de política podría aconsejar: "No pierdas el tiempo refutando a tu oponente - deja que la prensa lo haga". Pero ya no vivimos en tiempos políticos convencionales; la prensa no logró refutarlo lo suficiente.

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En cambio, ella podría haber dicho: "La política bipartidista es complicada, muchos de nosotros hemos tratado de llegar a un compromiso, pero no todos los funcionarios electos lo han hecho. De hecho, el partido de Trump nos llevó a la guerra de Iraq y ayudó a crear la Gran Recesión".

Para asignar, limitar o escapar de la culpa, los individuos emplean diversas estrategias retóricas - negando que ciertos eventos hayan ocurrido ("no dije eso"), o dando justificaciones o excusas. Pero culpar a otros y negar la responsabilidad generalmente implica tergiversar la verdad y minimizar la responsabilidad.

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En el mundo de exceso de información, de escasa capacidad de atención, de tuits y de "noticias" sin verificar, innumerables personas pierden el rumbo y se vuelven indecisas, vacilantes. Las realidades son mucho más complicadas, pero las narrativas excesivamente simplistas funcionan, en parte porque movilizan la rabia.

Ocasionalmente, reevaluamos y cambiamos nuestra comprensión de las cosas, cuando nos enfrentamos a hechos de fuentes confiables o cuando otro argumento, basado en esta nueva información, se siente más convincente, especialmente si la nueva explicación da un sentido de control.

Una realidad más matizada

Sin embargo, alterar tales perspectivas puede ser difícil. Algunas de las mujeres con cáncer de mama que entrevisté cambiaron sus opiniones sobre su enfermedad, aunque hacerlo no siempre fue fácil. "Soy muy ambientalista", me dijo una mujer, "así que es difícil para mí creer que los genes también jugaron un papel en mi cáncer".

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Ella luchó con la ambigüedad de múltiples factores que contribuyeron a su enfermedad. Gradualmente, llegó a apreciar esta realidad más matizada, aunque era menos satisfactoria emocionalmente.

Con todo, las ciencias sociales pueden ayudarnos a determinar cómo desarrollar y difundir con éxito mensajes precisos -tanto en forma como en contenido- articulando y galvanizando la ira contra el statu quo. Históricamente, ciertos mensajes han transmitido libertad y justicia en vez de odio, como en la primavera árabe.

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Tenemos que prestar más atención a la forma en que funciona la psicología de la culpa -cómo los seres humanos inherentemente buscan asignar la culpa, cómo esa búsqueda puede ser mal utilizada por Trump u otros políticos, y cuánto está en riesgo- la búsqueda de la verdad que es crucial para nuestra democracia.

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