OPINIÓN: Dame más gasolina… ¿pero cómo lo logrará México?

El mercado de la gasolina en el país seguirá una ruta larga y sinuosa en la que con el tiempo la competencia se multiplicará por la intensidad de la inversión.
Para remediar los errores cometidos durante décadas, en el que se sostuvo un modelo energético con pies de barro, hay que seguir adelante y perseverar.
Gasolina  Para remediar los errores cometidos durante décadas, en el que se sostuvo un modelo energético con pies de barro, hay que seguir adelante y perseverar.  (Foto: iStock)
Miriam Grunstein

Nota del editor: Miriam Grunstein es académica asociada al Centro México de Rice University, coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin y socia fundadora de Brilliant Energy Consulting.

(Expansión) — Ahora mismo sucede algo sin precedente en las bombas de gasolina de Baja California y Sonora. Los números, que desde siempre ha fijado la Secretaría de Hacienda, los dicta el mercado. Es un paso importante de un México ilusionado con que papá gobierno proveería combustibles baratos para siempre jamás, sin distinción alguna entre los beneficiarios.

Papá Pemex, o mejor dicho mamá Hacienda, por décadas dio gasolina barata a los consumidores fueran quienes fueren, grandes o chicos, ricos o pobres. La gasolina barata ha sido defendida por unos y condenada por otros. Sus defensores claman que el efecto del alza en las gasolinas dispararía un efecto inflacionario que devastaría a los más pobres; mientras que sus detractores han repetido hasta el hastío que el combustible subsidiado ha contribuido a la felicidad de los conductores soberbios de las Hummers. Esta fue una discusión cuya circularidad no ha llevado a solución alguna.

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A la hora de los hechos, ni los sabios en sus torres de marfil, ni los funcionarios en sus gabinetes, han puesto su carne en el asador en nombre de su postura. Los que ponen primero a los pobres arderían al reconocer que el control de precios, entre otros factores, hizo chatarra de la industria de refinación nacional. Mientras tanto, los tomadores de decisión han oscilado entre quemarse políticamente por subir los precios de la gasolina o hacer recortes sustanciales en el presupuesto para bajarla al menos un poco. En este embotellamiento de dogmas, sacrificios políticos y regulación pantanosa estamos atorados los que no podemos vivir sin gasolina. ¿El mercado podrá rescatarnos?

No hay que esperar milagros. Los mercados tardan en madurar y la competencia se multiplicará, no como los panes y los peces, sino por la intensidad de la inversión. Un olivo joven tarda alrededor de seis años para dar sus primeros frutos y otros dos más para producir aceite. Para que ese aceite se refine exquisitamente hay que esperar meses. Los efectos de la reducción de los precios en la gasolina, por su liberación, no se han visto ni se verán por algún tiempo.

Para corroborarlo, la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco pusieron en manos del público una aplicación (GASOAPP) que permite ver los precios y otras cualidades de la gasolina en diferentes regiones del país. Con tan solo unas pulsaciones, esta aplicación permite al consumidor conocer qué estaciones de servicio son más caras, económicas y cercanas. El ingenio tecnológico ha creado una especie de “Waze” para consumidores de combustibles.

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Por el momento, no hay muchas alternativas en la ruta de la gasolina. Esta app muestra extensas zonas rojas de gasolina cara y escasa. En las recién liberada Baja California y Sonora es notable, además de sorprendente, que los precios marquen un incremento cuya explicación es la siguiente: los costos de importación de combustibles del Pacífico son altos, los gasolineros han denunciado que la carga regulatoria (permisos, autorizaciones de muy varias índoles) han aumentado sus costos de transacción y que los contratos de franquicia de Pemex disminuyeron su rentabilidad de aproximadamente 7.5 a un 6.7%. Por esas mismas condiciones, los gasolineros han suspendido los descuentos para atraer clientes. ¿Es esto lo que promete el mercado? No, es lo que sucede cuando hay un mercado incipiente en el que la ruta es larga y sinuosa.

En la medida en que se liberen las demás zonas, haya mayor infraestructura de transporte y almacenamiento para productos importados y un protocolo terapéutico y una dieta adecuada para nuestras refinerías habrá mayor interés en la inversión privada, una expansión del mercado y, por lo consiguiente, mayor competencia.

Más aún, existen datos alarmantes sobre la subutilización de la capacidad de la infraestructura de refinación del país. Sin embargo, fuera de las ya conocidas razones de subinversión, incompetencia en la gestión y el ya muy coreado lastre sindical, no existe un diagnóstico puntual y certero de las causas por las que nuestras refinerías son escasas y disfuncionales.

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Para aliviar el sistema nacional de refinación primero precisamos de toda una serie de análisis, exámenes y radiografías de cada refinería, de los ductos y las terminales de almacenamiento y distribución que son una parte orgánica del mismo. Lamentablemente, ni los apóstoles del mercado ni sus detractores han llegado siquiera a la epidermis del problema.

Esta falta de conocimiento fue ostensible al ver el tropiezo de la “temporada abierta” de los ductos de petrolíferos de Pemex logística que estuvo a cargo de la Comisión Reguladora de Energía. Esta subasta fue suspendida por una “falla metodológica” que arrojó una tarifa mínima que estuvo muy por debajo de lo que debía pedir Pemex por el uso de su infraestructura de transporte y almacenamiento de refinados en Baja California y Sonora. Así, las empresas, entre las cuales había grandes petroleras, refinadoras, comercializadoras y expendedores al menudeo se quedaron con los dedos en la puerta cuando presentaron sus posturas y fueron enviadas a casa, sin fallo, por la admisión de esta “falla metodológica.”

Hasta el momento, tanto la CRE como Pemex han sido parcos en sus explicaciones y, pese a que anunciaron que la subasta se resolvería a fines de marzo, aún no hay fallo.

No es preciso ser un disidente recalcitrante del status quo para reconocer que estamos en un momento de desorden y de incertidumbre. Pero eso es relativamente normal cuando se viene abajo un modelo obsoleto e irreparable. No hay que dar marcha atrás ni para tomar vuelo. Construir un mercado no es un proyecto sexenal ni debe ser considerado como tal.

Para remediar los errores cometidos durante décadas, en el que se sostuvo un modelo energético con pies de barro, hay que seguir adelante y perseverar. Para ello, el conocimiento y el fortalecimiento de institucional son indispensables y eso requiere, no la voluntad de un gobierno, sino un compromiso de Estado. No es posible afirmar que el mercado energético fracasa en México porque apenas da sus primeros pasos. Y hay que estar en buenas condiciones para caminar largo.

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