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El mexicano que renunció cuatro veces a la empresa y ahora es el CEO de Bayer

Manuel Bravo, CEO de Bayer México, está convencido de que las oportunidades sí llegan más de una vez. Pero hay que saber aprovecharlas cuando se presentan.
jue 27 enero 2022 05:00 AM
Manuel Bravo
Manuel Bravo es mexicano y ha dedicado la mayor parte de su carrera a la agricultura. Colaboró ​​por más de 20 años para Monsanto en diferentes roles, áreas y regiones. Hoy la empresa pertenece a Bayer.

Manuel Bravo es un hombre de riesgos. Después de 28 años de haber iniciado su vida laboral en Monsanto, se convirtió en el CEO de la empresa agroquímica en México y en el líder de Ciencia de Cultivos para la región norte de América Latina. Sin embargo, en esa larga trayectoria, el mexicano renunció cuatro veces a la compañía, que fue comprada por Bayer en 2018, y siempre logró regresar por la puerta grande. Ésta es su historia.

Cuando el actual presidente y director ejecutivo de Bayer México egresó como ingeniero químico de la Universidad Iberoamericana, no dudó en ser trainee para Monsanto, y seis meses después, aceptar un cargo más alto en el área de Finanzas de la compañía.

“Nunca en la carrera vi un estado de resultados ni un balance financiero”, dice. Pero no mintió ni ocultó a su jefe que desconocía cómo hacer un análisis financiero y en qué consistía el mundo de crédito y cobranza. Se limitó a decir: “No sé si estoy capacitado para hacer eso”.

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Ahora sabe que su respuesta fue la correcta. Su jefe no buscó a otro profesionista con un perfil más alineado a las finanzas, en lugar de ello le sugirió asumir el riesgo, estudiar un diplomado y aprender sobre la marcha. Y así lo hizo.

“Se me abrió un mundo de posibilidades. Me di cuenta de que la carrera te da una manera de resolver los problemas que están enfrente de ti, pero si tienes las ganas y la disposición de aprender puedes hacer otras cosas, obviamente con altas probabilidades de fallar, pero con la posibilidad de volverlo a intentar”, dice.

Durante nueve años, Bravo se encargó de llevar los presupuestos de todas las divisiones de negocio que tenía la firma estadounidense en el país. En ese momento, Monsanto era más pequeña que ahora y la oficina en México se dedicaba a la importación y reventa de productos que eran investigados y producidos en Estados Unidos.

La primera renuncia llegó. “Yo tenía claro que necesitaba estudiar algo que redondeara mi perfil porque mi idea desde un principio fue tener un negocio propio o una posición de director general, así que renuncié y me fui a estudiar un MBA a la Kellogg School of Management, en Chicago”, cuenta.

Ahí conoció la importancia que tiene el networking en el mundo empresarial, también que el mundo corporativo está lleno de grandes mentes con las que se puede llegar más lejos en conjunto que yendo en solitario. Bravo asegura que sus estudios de posgrado avivaron en él las ganas de emprender, no obstante, tras egresar, sus recursos económicos eran limitados.

“Y regresé a Monsanto”, apunta. Para ese entonces, la multinacional abrió una división de negocio enfocada en agricultura y el puesto disponible era para trabajar en el área de marketing en Costa Rica, llevando la parte agrícola de la compañía para Centroamérica y el Caribe.

Bravo se decantó por la posibilidad de vivir fuera de México. Además, su esposa había sido promovida para llevar las ventas de Dupont, empresa competidora, a nivel Centroamérica. El directivo recuerda esta época como increíble, ya que por primera vez en su carrera profesional tuvo un acercamiento con agricultores y productores de diversos cultivos, además, su relación de pareja se fortaleció más al empezar de cero en un país ajeno al suyo.

La segunda renuncia ocurrió en el 2000. Ya con capital en el bolsillo, Bravo cofundó una startup de compra venta de autos usados y refacciones, similar al Kavak de hoy, pero 20 años atrás, dice. Se mudó a Miami con la intención de que su negocio, que inició en México, fuera llevado al mercado brasileño, argentino y estadounidense. Pero, a pesar de que logró algunas fusiones, el negocio no prosperó.

Cuando la startup estaba por quebrar, Monsanto abrió una división de semillas con biotecnología y lo buscaron para liderar el área de marketing y planeación de este negocio en México. Para Bravo, este momento de su vida fue clave en su carrera, ya que por un lado aprendió que el foco comercial de una compañía tiene que estar en balance con una cultura organizacional saludable. Y, por el otro, que Monsanto no le cerraría las puertas.

“Jugamos en las grandes ligas, sin estar en ellas. La experiencia de la startup duró año y medio, no nos hicimos millonarios, pero tampoco perdimos dinero. Lo que sí es que ganamos mucho aprendizaje, y este aprendizaje me ayudó a ocupar otro puesto en la compañía”, comenta.

Por cuatro años, el ejecutivo se dedicó a hacer investigación y lanzamiento de nuevos productos. Monsanto compró tres marcas de semillas y su trabajo consistió en posicionar a cada una de ellas, sin que se canibalizaran entre sí.

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La tercera renuncia se dio cuando su antiguo socio de la startup lo invitó a fundar Financiera Alcanza, un negocio de micro créditos en zonas lejanas al centro de la Ciudad de México, como Ixtapaluca y Chalco. En cinco años, ambos lograron tener 60 sucursales, 800 empleados y tres rondas de inversión. Lo que llamó la atención de banco Santander, el cual terminó por comprar el negocio.

“Me quedé sin trabajo y regresé a Monsanto en 2009. Ya con una experiencia adquirida en emprendimientos, fusiones e inversiones me quedé como líder de Nuevos Negocios para Latinoamérica Norte. No fue una decisión fácil porque la dinámica era distinta. En retrospectiva no me arrepiento, tuve a mi cargo a un grupo de 100 personas de finanzas y la oportunidad de hacer networking en otros países. Dos años más tarde asumí la dirección general para Monsanto región norte”, señala.

El directivo atribuye que sus regresos continuos a la empresa y poder ocupar cargos de alto nivel se debe a que, en su trayectoria, aunque no consecutiva, pasó por distintas áreas de la compañía y cada que volvía había adquirido más habilidades técnicas y blandas que robustecían su perfil, entre ellas, la resiliencia, correr riesgos, equivocarse, ser humilde y aceptar que no lo sabe todo, pero que tiene la disposición de aprender.

Al respecto, Roberto Ventura, socio director de la empresa de reclutamiento Neos RH Consultores, asegura que renunciar a una empresa no necesariamente significa que ya no puedas regresar a ella o que es un retroceso en tu carrera profesional.

Al irse de la compañía, los profesionistas tienen la oportunidad de adquirir nuevas experiencias o competencias que pueden aportar un valor agregado a la empresa. “Como reclutadores, aconsejamos a los trabajadores salientes que siempre queden en buenos términos con la organización, ya que a futuro ésta también puede ser una buena alternativa de empleo para la persona que se va”, indica.

Otro factor a considerar es el desempeño y el tiempo que el profesionista estuvo en la compañía. Un reto para las empresas de todos los sectores es la retención del talento, si el ejecutivo en cuestión demostró ser un buen elemento para la organización -en una jornada considerable de tiempo- es muy probable que pueda ser recontratado.

“Incluso puede destacar del resto de postulantes en un proceso de selección, porque ya conoce la filosofía de la compañía. En ese sentido, el proceso de onboarding e inversión en la capacitación es menor y, como el resto de la plantilla laboral, puede seguir escalando dentro de la empresa”, refiere el especialista.

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La compra de Monsanto

Del 2013 al 2018, Bravo reportó directamente a la oficina de las Américas y después formó parte del equipo de Estados Unidos. La cuarta renuncia se dio justo en ese año, cuando Bayer adquirió Monsanto. Pero se postuló para ocupar la dirección general de Bayer en México, su puesto actual.

“Entré al proceso de selección sin muchas expectativas porque Bayer es una empresa que cumple 100 años. Por 99 años, el director general a nivel país había sido un alemán, pero sí me quedé y lo atribuyo a que la empresa está en un proceso de transformación e inclusión”, narra.

A Bravo lo atrapó la idea de hacer las cosas de una manera distinta, sin perder la esencia de Monsanto, solo que con una cultura organizacional y un portafolio más amplio. En 2020, además de llevar la parte agrícola de México, le pidieron que se encargara de la división Ciencia de Cultivos para la región norte de América Latina.

“Me fui cuatro veces de la empresa, es una locura. Para mí siempre fue una opción de empleo por la calidad de personas con las que te rodeas, es una sensación que te empuja a ser mejor. La compañía te reta a buscar nuevas formas de hacer las cosas, de innovar y de crecer personal y profesionalmente”, afirma.

Actualmente, Bravo se define como un agente de cambio, facilitador y coach. Es un amante de los deportes, este año su objetivo es aprender kiters (surf con paracaídas). Para ser un mejor líder, se metió a clases de teatro, ya que admite que no era bueno para hablar en público. Bailar y actuar en un escenario lo ayudó a salir de su zona de confort y a tener más aplomo frente a una audiencia.

En su tiempo libre suele leer novelas e historias de suspenso. No lee sobre temas de su industria, ya que prefiere dialogar con otros líderes sobre los retos del sector y de la economía global. Cada año, se inscribe a algún programa educativo, ya que, afirma, nunca hay que dejar de formarse.

Bajo su liderazgo, Bayer coronó el ranking Súper Empresas de Expansión y ha mantenido crecimientos a doble dígito. Su objetivo es duplicar el negocio en cuatro o cinco años y que en 2025 haya una paridad 50/50 en los puestos de liderazgo.

“Queremos ser una empresa que opere como startup, que nos movamos como ella, en cuanto a datos, disrupción, tecnología y talento. Como líder me gusta estar muy cerca de la gente, escucharla y tratar de entenderla porque una persona que está contenta con lo que hace en su trabajo lo va a hacer mejor y puede dar la milla extra cuando sea necesario”, concluye.

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