El interés, sin embargo, todavía no se traduce en suficientes estudiantes. González de Cosío calcula que el Tec tiene entre 200 y 300 alumnos de agronomía dentro de una comunidad que alcanza entre 60,000 y 80,000 estudiantes, según se considere también el nivel preparatoria. Cerca de la mitad proviene de familias ligadas tradicionalmente al sector y contempla regresar al negocio familiar.
La cifra resulta pequeña frente a las necesidades de una actividad que ofrece posibilidades de inserción laboral. En México, la carrera de producción y explotación agrícola y ganadera presenta una tasa de ocupación de 98.5% y una tasa de desempleo de 1.5%, de acuerdo con el IMCO.
El panorama también muestra pendientes. La probabilidad de acceder a un empleo de calidad es de 67% y la informalidad alcanza 38.7%, la tercera proporción más alta entre las carreras analizadas por el instituto. El salario mensual promedio asciende a 18,281 pesos.
Para los responsables del rancho, el reto no consiste solamente en formar más agrónomos. La industria necesita equipos donde convivan especialistas agropecuarios, mecatrónicos, industriales y expertos en análisis de datos. También requiere actualizar al personal que ya trabaja en el campo.
“Trabajamos desde el empoderamiento de los trabajadores. Tenemos personal que maneja un tractor, un minicargador o un equipo de ordeño y además cuenta con capacidades para atender a los animales. Empiezan a ser personas muy completas, con una capacidad de operación altísima”, afirma González de Cosío.
Los operadores que antes se concentraban en conducir un tractor ahora deben configurarlo, interpretar sus datos y detectar fallas. En el establo, los trabajadores aprendieron a responder ante las alertas básicas de los equipos de ordeña. La preparación busca que las herramientas faciliten su trabajo sin convertirlas en una barrera.
Sergio Caballero, coordinador de Mantenimiento Operativo del campo, ha conocido a ingenieros mecatrónicos que encontraron en el agro un espacio para aplicar sus conocimientos.
“Me han platicado cómo se enamoraron del sector y cómo, a través de las nuevas tecnologías, encontraron un punto donde pueden aportar en desarrollos e instalaciones. Cuando egresaron se veían en el sector automotriz o aeronáutico, pero nunca en el agropecuario”, cuenta.
El desafío consiste en conectar conocimientos que suelen enseñarse por separado. Los ingenieros necesitan entender las características de las plantas y los animales para operar o mejorar los equipos. Los especialistas en producción agropecuaria requieren conocimientos de analítica, automatización y mantenimiento.
“Necesitamos un perfil ingenieril, pero también el entendimiento de la planta o del animal. Deben ser bilingües para poder interactuar”, sostiene Caballero.