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La jornada de 40 horas promete más tiempo libre, pero hay un riesgo de que este beneficio se quede solo en el papel

Aunque la reforma busca garantizar más descanso, los especialistas advierten que cumplir la misma carga laboral, en menos tiempo y sin un plan por parte de las empresas, anularía el beneficio real para los empleados.
Trabajadores empacan aguacates en cajas de cartón dentro de una planta, entre bandas transportadoras y pilas de charolas moradas.
Adecco asegura que exigir la misma producción en menos horas, sin reorganizar tareas y turnos, puede aumentar la presión sobre los trabajadores. (Alfredo Estrella/AFP)

Reducir la jornada laboral no necesariamente significa que los trabajadores tendrán menos pendientes, jornadas menos intensas o más tiempo libre. Si las empresas mantienen sus metas de producción y sus cargas de trabajo sin reorganizar sus operaciones, el ajuste puede traducirse en una mayor presión para completar las mismas tareas en menos horas.

Ese es uno de los riesgos que plantea la transición hacia la jornada laboral de 40 horas. En México, solo 24.6% de las empresas consultadas por la empresa de recursos humanos Adecco ha calculado el impacto que tendrá la reforma en su organización, pese a que 90.2% conoce al menos de manera general el calendario de implementación.

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Menos horas, mismas tareas

La diferencia entre conocer los plazos y prepararse para cumplirlos deja abierta una pregunta sobre cómo funcionarán las empresas cuando dispongan de menos horas ordinarias de trabajo por empleado. Si no ajustan sus procesos, la reducción del horario puede quedarse en un cambio administrativo, mientras la presión por cumplir con los mismos resultados permanece.

“Si solamente con la misma plantilla forzamos a que esta estructura genere igual o mayor productividad, pues evidentemente lo que vamos a hacer es tronar a los empleados”, advirtió Giovanni Chávez, director de Innovación, Mejora Continua y CX de Adecco México, durante la presentación del Barómetro 2026 de la firma.

El riesgo no depende únicamente del número de horas que marque el horario, sino de lo que las empresas esperan que ocurra dentro de ellas. Reuniones después de la hora de salida, llamadas durante la noche y la obligación de permanecer en el puesto hasta terminar los pendientes son algunas de las prácticas que, según Chávez, ya extienden la disponibilidad de los trabajadores más allá de su jornada habitual.

A eso se suman los acuerdos verbales para trabajar tiempo adicional a cambio de salir antes otro día, así como las horas extras que se asignan sin un seguimiento claro de su duración o de los resultados que generan. En esas condiciones, reducir la jornada laboral no garantiza que los empleados recuperen tiempo personal si las exigencias de la operación siguen siendo las mismas.

Francisco Martínez Domene, CEO de Adecco Group México, también cuestionó que las empresas intenten compensar las horas que dejarán de formar parte de la jornada ordinaria mediante tiempo extra.

“Los trabajadores van a trabajar igual o más y ellos van a tener más costos”, afirmó. Además del gasto que implica esa alternativa, el directivo advirtió sobre sus posibles consecuencias en la salud, entre ellas el burnout.

La solución, plantean ambos directivos, no consiste en trasladar al personal la responsabilidad de hacer más rápido el mismo trabajo. Antes de decidir si necesitan contratar más empleados o modificar sus turnos, las compañías deben identificar qué actividades consumen tiempo, cómo se distribuyen las tareas y dónde existen oportunidades para mejorar los procesos.

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La preparación todavía es desigual

La capacidad para anticipar el impacto de la reforma varía según el tamaño de las compañías . De acuerdo con el Barómetro 2026 de Adecco, apenas 13.6% de las micro y pequeñas compañías ha cuantificado sus efectos, frente a 24% de las medianas y 31.1% de las grandes.

Estas cifras muestran que conocer el calendario de aplicación no equivale a tener un plan operativo. Mientras 43.6% de las empresas consultadas conoce con detalle los plazos por año, una proporción menor ha estimado qué implicará el cambio para su organización.

El estudio reunió respuestas de responsables de recursos humanos y tomadores de decisiones de más de 500 empresas de distintos sectores y tamaños. No mide cuántos trabajadores ya enfrentan sobrecarga laboral, pero sí identifica una tarea pendiente para las compañías antes de que la reducción de la jornada entre en vigor en enero de 2027.

Las alternativas dependerán de cada operación. Algunas empresas podrán reorganizar turnos, otras tendrán que modificar procesos o incorporar tecnología y algunas necesitarán contratar personal para mantener sus niveles de servicio o producción. Sin embargo, Chávez advirtió que aumentar la plantilla como primera respuesta puede elevar los costos sin corregir las ineficiencias que originan las jornadas prolongadas.

Por ello, recomendó comenzar por un diagnóstico de las jornadas y las horas extras, seguido de una revisión de los turnos y los procesos. La intención es determinar cómo mantener la operación con menos horas ordinarias por trabajador, sin concentrar toda la carga en el tiempo disponible.

La planeación tampoco debería detenerse a la espera de las reglas del registro electrónico de la jornada. “No es una excusa el tema registro electrónico”, señaló Martínez Domene, al insistir en que las empresas ya pueden analizar cómo cubrirán sus horarios de atención y mantendrán sus líneas de producción.

Para hacerlo, los directivos recomendaron involucrar a recursos humanos, operaciones y finanzas, además de comunicar los cambios al personal con anticipación. La reorganización no solo afecta el cumplimiento de los horarios, sino también la distribución de responsabilidades y las expectativas de desempeño.

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